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Opinión: “Instinto Felino…”

La polaridad: el espacio donde nace el mal

Por Luis Sánchez de Enciso Sengenes

La polaridad: el espacio donde nace el mal

18FEB17.- Polaridad: Dícese de la idea (para los que se dignan en tener ideas que trasciendan las pulsiones de supervivencia) que el conocimiento popular resolvió en aquello de 'los extremos se tocan'. Aunque antes de comprobar que efectivamente es así, que las posiciones que se alejan de la síntesis terminan por conducirnos, por mucho que se opongan entre sí, a similares desatinos, es urgente reflexionar si acaso la derecha o izquierda extremas no nos han abocado, a la luz de los tozudos hechos de los que da cuenta la Historia, a parecido grado de confusión e infelicidad.

Y si esa realidad no debería prevenirnos ante lo que se avecina en nuestro panorama nacional (por supuesto y como bien sabéis, el fenómeno presupone polos que se retroalimentan) Esta introducción intenta situar con sugestión la coincidencia de este fin se semana. La que unió a los congresos nacionales del Partido Popular y Podemos. La sensación (o idea asentada) que puede brillar ya en quien me haya leído hasta aquí es la de que cómo se ayudan crecer una y otra formación (en el contexto del PSOE convaleciente la organización criminal Génova 13 halla fáciles argucias de venta para cierto público gracias al delirante afán soberanista en Cataluña y a la inquietud que, en las personas poco radicalizadas, producen los estalinistas que encarnan Pablo Iglesias y la práctica totalidad de su camarilla: Monedero, Echenique e Irene Montero, pero no sólo ellos)

'Unidad' y 'humildad' son los mantras que, recogiendo la preocupación que bullía en las gradas del Vista Alegre, voceó el líder tras proclamarse campeonísimo. ¡Como si no le conociéramos! Al responsable principal de convertir en imposible lo que ya era dificilísimo. A quien se erigió en obstáculo, no menos insalvable que esas reticencias de González y Cebrián, para desalojar de la principal institución del Estado español al partido político más corrupto, y con diferencia abismal, de cuantos gobiernan en la Unión Europea. 'Unidad' y 'humildad' como enésima impostura antes de eliminar a la disidencia. Por suerte para Errejón y los suyos, no nos situamos en aquella URSS de Iosif Stalin y demás responsables de un genocidio que exterminó físicamente a, por lo menos, diez millones de mujeres y de hombres.

Para el capacitado intelectual (lo que presume distancia en relación al sectarismo) Pablo Iglesias sacó a pasear su oscuridad al poco de constituir su proyecto político. No habiendo podido lograr jamás el éxito en las elecciones a Bruselas de no haber existido el espacio mediático que le dieron a él 'Las mañanas de Cuatro' y a demás cofundadores de Podemos 'Al rojo vivo' en La Sexta, se permitió dar un inquietante toque de atención a los canales de televisión privados en la conferencia que ofreció en el Círculo de Bellas Artes poco después de obtener sus cinco europarlamentarios.

En vez de a la crítica obligada a RTVE, a ese ente con una descarada manipulación en los informativos impropia, en su naturaleza de empresa pública, de toda democracia, el de la barba y la coleta se dedicó a amenazar sibilinamente a las empresas privadas de comunicación audiovisual. Animado seguramente por la realidad de una Venezuela (en la que el comandante Chávez aún no había muerto) que censuraba en la medida de sus posibilidades a los mass media contrarios a la revolución. Se encontraba físicamente en España (en Madrid, para más concretar) aunque quizá tenía la cabeza en otra nación.

La amenaza de Pablo Iglesias lo señaló como un émulo de lo más abominable deparado

por la izquierda en la Historia Universal Contemporánea. Y si no fuese por lo ridículo de que profiriese su advertencia quien jamás va a ser Presidente del Gobierno (y por tanto no podrá cumplirla) sería para echarse a temblar. Y más aún por la extraordinaria dosis de ingratitud que refleja el reproche a esos ante quienes sólo puedes sentirte en deuda. Así lo debió ver Ana Pastor, la documentadísima periodista y sagaz entrevistadora. Ella, que, nada llegar al Gobierno el PP, vio como la sometían en TVE al bullying que avisaba de represalias para quienes se opusieran valerosamente a su manipulación informativa.

Que resistió hasta que no pudo más y encontró feliz acomodo en La Sexta. Ana Pastor, la primera ocasión en la que tuvo enfrente, como su entrevistado, al ahora reelegido

Secretario General, debió pensar: En la televisión pública en manos de los fascistas del PP me han hecho la vida imposible, castigada por ser una informadora honesta, y ahora que puedo volar profesionalmente en un espacio de dignidad como es La Sexta, llega éste y nos amenaza con una censura propia del más siniestro comunismo.

Lo caló como lo tienen calado los más luminosos políticos del panorama nacional. Pero no sólo los de los partidos conservadores, que sería natural, sino los de la izquierda más pura, que tampoco pueden soportarlo. Es ya pública la animadversión que Pablo Iglesias provoca en Manuela Carmena o Mónica Oltra. Y las escasas, casi nulas, simpatías que despierta en Miguel Angel Revilla o el propio Xavi Domenech. A nadie debería extrañar, como tampoco que en Mandela o Mújica provocara ganas de vomitar la malsana visión de Pol Pot o Stalin. Por si no fueran suficientes motivos de rechazo las palabras y actitudes que destila de continuo, irrespetuosas cada dos por tres hasta con quienes se suponen sus aliados naturales, el showman, clown o lo que haga falta de Pablo Manuel ('¡lo importante es que hablen de mí, aunque sea mal!', diríase uno de sus lemas de cabecera) se permitió, en su adolescente performance en el Congreso de los Diputados (la cal viva y demás inoportunidades) agarrar al portavoz de Catalunya si que es Pot (el aludido Domenech) cuando abandonó la tribuna y, camino éste de su escaño, estamparle el beso aquel que no pareció le cayera muy bien.

Volvamos ahora al Partido Popular... A la anómala situación, para cualquier otro país de la Unión Europea, de que, acreditándose a diario cómo constituyen una banda de malhechores y delincuentes, sus dirigentes asistieran al congreso con toda tranquilidad. Cómo es posible algo así empieza a entenderse si asumimos que, con Iglesias a los mandos de Podemos, la izquierda jamás se aliará aquí para la higiénica misión de combatir el cáncer metastásico que supone para nuestra comunidad la presencia en las instituciones del PP. En Génova 13 lo saben desde hace tiempo, pero lo extraño y descorazonador es que tanto podemita parezca ignorarlo o que, siendo conscientes de ello, les traiga al fresco. Tampoco debe chirriarles que, a lo largo de años cual acusador compulsivo, el émulo de Stalin o Mao haya dedicado mucho más tiempo (y con bastante más acritud) a verter reproches al PSOE y a Ciudadanos que al PP y al partido de Pujol, Mas y Puigdemont. Cuando éstos, aparte de ser los más acreditados corruptos de entre los gobernantes occidentales (lo que sospecho no disgusta en exceso a los de la formación morada) encarnan al neoliberalismo más atroz (eso sí y mucho) Y, caso del PP en muchas de sus leyes e iniciativas, al fascismo puro y duro. La descorazonadora actitud de tan falso Mesías encuentra su correspondencia en el discurso que vierte en referencia a la actualidad internacional. Con seguridad, el líder mundial a quien ha dedicado más palabras, no precisamente amables, ha sido Angela Merkel. A la que, desde la ecuanimidad, sólo podríamos reprochar su gratitud por el seguidismo de Rajoy a sus planes de austeridad que la lleva a obviar esta realidad: Que, por mucha menos corrupción de la que mancha a la práctica totalidad de los dirigentes del PP, en Alemania se dimite o se es cesado fulminantemente. Y que, con seguridad, la contumaz implicación en el delito de Aznar, Rato, Cascos, Acebes, Arenas, Trillo, Camps, Aguirre, Cospedal, el propio Mariano y una inagotable lista les tendría confinados ya y para unos cuantos años en los presidios de Alemania. Aunque como político de peso en la actual encrucijada internacional, en un instante crítico quien sabe si de no retorno, coincidiremos supongo en la lucidez y talla ética de la canciller... Pues bien, Iglesias se ahorró siempre cualquier elogio hacia ella. Ni siquiera ante la respuesta en Berlín por la tragedia de los refugiados que tanto parece afligirlo sólo cuando le conviene. Pero lo grave, de poner los pelos de punta, es el silencio del de la coleta ante tipos como Putin o Kim Jong-un. Con qué claridad se manifiesta el criterio para enjuiciar a los demás (el exclusivo que señala el libreto marxista) del que aspira a llegar a La Moncloa. Ningún reproche para quien tiene a gran parte de la población norcoreana en la práctica inanición (muriendo de hambre, sí) mientras gasta gran parte del presupuesto en desfiles militares que rinden culto al Ser Supremo y en construir y lanzar al mar misiles que provocan no sólo la continua desestabilización mundial sino la agresión a los seres más evolucionados y amorosos de nuestro mal amado Planeta, como son casi todas las especies de cetáceos... Quimera la de que quien encuentra ante una cámara y un micrófono el pretexto para la autoafirmación (podría referirme a Kim, pero pienso en Pablo) se informe siquiera de la tragedia a que me refiero, que llevó en el intenso último fin de semana a que cientos de ballenas se suicidaran en las costas de Nueva Zelanda. Eligieron dicho territorio, quizá no casualmente, porque sus mujeres y sus hombres representan como pocos en el mundo a la sensibilidad ecológica. El país oceánico que, oh casualidad, se encuentra en las antípodas de España no sólo en cuanto a lo geográfico se refiere. Una reflexión que conduce inevitablemente a esta otra...

Cuando es un hecho objetivo, para quien conozca con cierta profundidad la Historia de España (y la del resto de los principales países del mundo, para poder establecer así una comparativa) y asista con atención a lo que acontece en nuestro más urgente presente, cuál es la naturaleza intelectual-moral de la abrumadora mayoría de los y las de aquí (la que denunciaron iluminados como Larra, Valle, Azaña y tantos más, la que nos tiene cercados como una malsana anomalía en el mundo civilizado, como reconocieron algunos políticos desde la Transición proclamando eso de 'tenemos lo que nos merecemos') Iglesias, al que tantos regalan elogios por su presunta habilidad para el diagnóstico, lee siempre toda situación que acontezca fronteras adentro como el resultado de una especie de lucha desigual entre una comunidad de nobles pero ingenuos ciudadanos y unos malvados (que pueden ser del PP o el PSOE) que por lo que parece procederían para él del remoto espacio exterior. Sí, presentando el problema en términos de invasión casi alienígena y no en el de unos poderosos que en su ciega codicia y corrupción representan los valores de nuestra picaresca, el politólogo fogueado en la Complutense destierra a la incongruencia la infamia que supone el ser primordial de España. Lo que ignoro es si falsea la realidad a sabiendas o se cree la cándida versión que proclama. Dificultando lastimosamente la de por sí difícil solución al endemoniado problema. Seguramente un poco de las dos posibilidades, las propias de un sujeto que, por sus emociones y sus ideas, es tanto un infame como un loco.

Aunque disculparéis que añada la perogrullada (quizá no para todos y todas lo sea) de que, en el cuento que el poco sutil creador nos cuenta, él puede acabar erigiéndose en ese héroe para la leyenda (que tan bien sirve a su gigantesco ego) que nos salva a todos de las garras del Rey y vasallos (tal vez en su ensoñación hasta ve un dragón y todo) que nos tienen sojuzgados. Si bien me permito recordaros (y eso sí que es toda una perogrullada) de que un cuento puede ser aceptado en su literalidad por una niña o un niño, pero no por los seres cuya edad adulta es una realidad que trasciende lo meramente biológico.

Ojalá mi información y opinión hayan conducido a que conozcáis o profundicéis en el complejo problema, que es también filosófico, de la polaridad. A que os suméis al acto de integridad que representa asumir con valentía lo que somos. Referido esto a lo que es España en su conjunto, a lo que ha sido a lo largo de una Historia que encuentra aquí aplastante oscuridad y destellos de luz que nunca, por razones que he intentado sugerir, acabaron por cuajar. Destellos que no pudieron trocar jamás un rebaño de súbditos sin dignidad (con excepciones que no superarán al tres por ciento de la población) en una comunidad de verdaderas y verdaderos ciudadanos.

¿Comprendéis ahora un poco mejor el sentido de esas sonrisas de los dirigentes (de uno y otro partido de la polaridad) en sus respectivos congresos del fin de semana? Bueno, los errejonistas (que encarnan en cierto sentido la ambición siempre frustrada de que a España le alcancen al fin las luces de la Razón) no abandonaron casi nunca sus gestos de preocupación... Ahora se añadirá la de conocer la fecha, con la proclama explicativa que acompañará, de su defunción política. (Es de justicia el ejercicio de asimilar a la práctica totalidad de los dirigentes del Partido Popular a la naturaleza psicológica de los nazis, de la misma forma que ya he vinculado a Podemos con el estalinismo. Habida cuenta la Historia de Rusia es parecida a la de España -de hecho, ambos tuvieron que aguardar al siglo XX para erradicar el feudalismo-, es muy razonable la conjetura propuesta. Ahora bien, la comparación entre un Rafael Hernando y un oficial de las SS obliga a una corrección en la que aquél sale aún peor parado. Contrariamente a la sumisión histórica de hispanos y rusos -más justificada en éstos por el desolador clima que los cerca, los teutones han demostrado desde siempre ser un Pueblo más valiente. Así pues, me resulta fácil visualizar a tantísimos próceres del Partido Popular decidiendo, con más crueldad todavía, en los campos de exterminio. Aunque difícilmente me los imagino exponiendo sus vidas en el frente bélico. Es a lo que me refería al afirmar que, desde mi abstracción que juega con el espacio y el tiempo, es difícil que haya habido seres humanos más execrables que quienes ya sabéis. En inevitable correspondencia con la gente de a pie a la que gobiernan) Habiendo quemado las naves, ojalá que no en vano, Luis

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2324 | EXIT - 18/02/2017 @ 05:05:54 (GMT+1)
    Ni derechas ni izquierdas. Tercera vía: FALANGISMO de toda la vida. O en el mejor de los casos (ahogo una risita), el muy liberal liberalismo de centro izquierda de ciudadanos (ahora sí que me parto), que quiere para todos una dictadura financiera muy feudal pero muy libre. O quizás el secreto sea la socialdemocracia vendida al capital que solo se acuerda de los trabajadores cuando llegan las elecciones y mientras tanto entra y sale de consejos de administración o sacrifica a la ciudadanía en el altar de la economía global, el CETA o el TTIP.
    Claro, porque ser de izquierdas es lo opuesto, cuando la verdad es que es legítima defensa ante la agresión constante a la que nos someten las élites.
    Pero nada, que defenderse es ser 'extremista'.
    Pues póngame usted el nombre que le dé la gana. Para defenderme de semejantes abusos y latrocinio no lo haré ni con medias tintas, ni por el camino de en medio, ni moderadamente. Nadie defiende su vida "moderadamente" CABALLERO.
    ¬¬
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