Situémonos en la España de la Alta Edad Media que se va abriendo camino entre los moros. Entre batalla y batalla, la reconquista de los territorios ocupados por el Islam se produce a golpe de colonización, estableciendo pequeños núcleos urbanos, pueblecitos cuyo pivote central es la iglesia, un lugar sólido, seguro y fuerte donde el colono, por arriesgado que fuera para poner los pies por debajo de la cordillera cantábrica, pudiera sentirse arropado. Por eso la mayoría de las iglesias y monasterios románicos de la península ibérica se concentra en la mitad norte de Castilla.
Hacer un recorrido por el románico y decantarse por patear la provincia de Palencia es un acierto. Porque hablar del románico palentino es hablar de cantidad y calidad y seleccionar un número razonable de monumentos que visitar, en un intervalo de tiempo finito, es difícil.
El Románico el Cerrato
Llegando desde Madrid, la primera localidad que merece una parada es Dueñas, por su iglesia de Santa María de la Asunción y el Monasterio trapense de San Isidro y si la primera la observamos un poco tardía, acercándose al gótico, el segundo nos ofrece una magnifica bienvenida al románico con aromas de chocolate, porque La Trapa habla por sí sola.
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Avanzando unos kilómetros alcanzamos Villamuriel de Cerrato donde destaca la iglesia de Santa María la Mayor con su elevada torre que dota al templo de un cierto carácter defensivo que no e fácil encontrar en otros monumentos de la provincia.
En este momento nos encontramos con la disyuntiva de desviarse 30 Km. a la derecha para ver la iglesia de San Julián de Villaconancio o 25 Km. a la izquierda hasta Valoria de Alcor, en el municipio de Ampudia, para visitar la iglesia de San Fructuoso que sorprende con un pórtico muy característico que posiblemente provenga de una antigua construcción que se levantara en el mismo emplazamiento.
El Románico en la capital
Sin duda, la joya más significativa del Románico en la capital palentina está en su catedral construida en 1035 sobre un edificio visigótico aunque se completara en tiempos en que predominaba el arte gótico. En su base se encuentra la Cripta de San Antolín que nos remonta a aquellos orígenes ya que distinguimos dos partes bien diferenciadas, una visigoda, probablemente del siglo VII, y otra protorománica que ya nos lleva al siglo XI. El exterior carece de una fachada principal propiamente dicha y se presenta austero y macizo, situación que la emparenta con el estilo románico y oculta su grandeza interior, por ello no es de extrañar que se conozca popularmente como La Bella Desconocida.
Otro edificio de gran interés es la Ermita de San Juan Bautista en la Huerta del Guardián, trasladado hasta allí cuando su emplazamiento original en Villanueva del Río Pisuerga fue anegado por las aguas del pantano de Aguilar de Campoo.
El Camino de Santiago
Cruzada la provincia por el Camino de Santiago no puede dejar de hacerse eco de su trascendencia. El primer sitio reseñable es la iglesia de San Martín de Frómista, uno de los elementos más conocidos de todo nuestro recorrido en el que se cruzan las influencias llegadas desde Santiago de Compostela y la entrada por Jaca del camino francés.
Siguiendo la carretera que nos lleva a Carrión de los Condes primero nos encontramos con Santa María la Blanca en Villalcázar de Sirga, un apunte gótico en una tierra en la que el románico era el señor absoluto. Se dice que la Virgen Blanca sirvió de inspiración al rey Alfonso X para su Cántigas.
En Carrión de los Condes tenemos el Monasterio de San Zoilo cuya fundación nos remonta antes del año 948 cuando se dedicó a san Juan Bautista, pero en 1075 cambió su advocación a la de san Zoilo porque se trasladaron sus reliquias desde Córdoba hasta allí. Convertido en priorato, fue el panteón familiar de los Condes de Carrión. Al estar en el Camino de Santiago se caracterizó por permitir a los peregrinos, que transitaban por él, el consumo de pan y vino a discreción, lo que le hizo famoso.
En esta misma localidad encontramos la iglesia de Santa María del Camino de la que dicen conmemoró la victoria cristiana sobre los musulmanes cuando estos llegaron dispuestos a cobrarse el tributo de la Cien Doncellas. Y la iglesia de Santiago, hoy Museo de Arte Sacro, cuya fachada está decorada por el famoso Maiestas Domini acompañado de los apóstoles.
El Románico de la Ojeda
Ese mismo motivo de Maiestas Domini junto a los Tetramorfos y los apóstoles decora la portada de la iglesia de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda, una de las más significativas del románico palentino, que no puede dejar de impresionar por el color rojizo de la piedra si se visita a última hora de la tarde cuando el sol poniente incide sobre la magnífica talla de las figuras representadas.
La iglesia de Santa Eufemia de Cozuelos en el término municipal de Olmos de Ojeda es lo que queda de un antiguo monasterio fundado por Alfonso VIII en 1186 que luego donó a las comendadoras de la Orden de Santiago. Favorecido por donaciones reales, creció en importancia, mereciendo servir de sepultura a Sancha Alfonso de León, hermana del rey Fernando III de Castilla, fallecida en 1270. En 1502 fue abandonado por las Comendadoras al establecerse la orden en Toledo y cuando su situación requirió fondos no dudaron en venderlo, pasando a manos particulares, lo que también sirvió para eludir la desamortización de Mendizábal.
Frente a Santa Eufemia encontramos el monasterio de Santa María y San Andrés, conocido comúnmente como San Andrés de Arroyo, cuyo claustro es una de las joyas más notables del románico palentino, destacando sus capiteles vegetales según los criterios de la orden del Cister a la que pertenece desde su fundación, en 1181, por la condesa Mencía López de Haro. La advocación de San Andrés proviene de una leyenda local sobre el hallazgo milagroso de una imagen pétrea del apóstol en el cauce del arroyo que discurre junto al monasterio. Tenía la abadesa de San Andrés jurisdicción civil y penal sobre varios pueblos del entorno, actuando como «Señora de horca y cuchillo» y en recuerdo de estas atribuciones se conserva a la entrada del recinto un rollo de justicia de una traza muy sencilla pero que es todo un símbolo.
En Perazancas de Ojeda encontramos la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción que mantiene un maravilloso ábside de excelente factura y la ermita de San Pelayo, uno de los restos más antiguos de la provincia que conserva en su interior una de las pocas pinturas románicas de las que hay constancia.
Todavía en la comarca de la Ojeda queda por ver la iglesia de San Juan Bautista en Nogales del Pisuerga que se asienta en un alto dominando todo el pueblo con su espectacular espadaña del siglo XIII. Y, si se apura, la iglesia de San Julián y Santa Basilisa en Rebolledo de la Torre, que técnicamente se encuentra ya en la provincia de Burgos, en la comarca de Las Loras. Se trata de uno de los templos más sorprendentes del románico castellano en el que destaca su imponente galería porticada del siglo XII en la que además de su función religiosa, tuvo también un importante papel civil, sirviendo como lugar de encuentro para los vecinos, concejos y actos colectivos.
El Románico del Pisuerga y Aguilar de Campoo
En Aguilar de Campoo se encuentra el monasterio de Santa María la Real, una antigua abadía de la orden Premonstratense construida a caballo entre los siglos XII y XIII. Durante más de un siglo, más o menos desde la desamortización de Mendizábal, se conoció como “el Convento Caído” hasta que en 1978 el arquitecto y dibujante humorístico José María Pérez (Peridis) creó la Asociación de Amigos del Monasterio de Aguilar con el fin de emprender su restauración aplicando un criterio arqueológico y eminentemente funcional para dar al edificio un uso secular.
La iglesia de San Salvador de Pozancos del siglo XII presenta una cabecera y portada muy interesantes, aunque fueron muy restauradas en el siglo pasado.
En Vallespinoso de Aguilar se encuentra la Ermita de Santa Cecilia, erguida sobre una roca, ofrece una de las visiones más originales de este arte. Obra de unos canteros ingeniosos presentan un rico abanico iconográfico en los capiteles de la portada en los que se percibe la clara influencia de San Andrés de Arroyo.
Del Monasterio de Santa María de Mave solo se conserva la iglesia, pues el resto de las dependencias monásticas fueron convertidas en instalaciones turísticas.
Pero quizá la pieza más sorprendente de esta comarca es el eremitorio rupestre de los Santos Justo y Pastor en Olledos de Pisuerga. Una iglesia románica, sí, pero no. No es un edificio construido, está esculpido en la piedra, primero por la erosión de agua, pero más tarde por el trabajo de los artistas que le dieron los elementos característicos y diferenciadores del arte románico. Una escultura que talla dos naves con cuatro tramos y sus ábsides en las que se dispone una sacristía, una capilla funeraria, otra bautismal y que admite una doble altura en la que situar el coro de madera desde donde contemplar el conjunto es sin duda una rareza que no se ha visto en otro lugar.
El Románico de la Montaña
Y llegando al norte de la provincia nos encontramos con la iglesia de San Cornelio y San Cipriano en Revilla de Santullán con un magnífico pórtico perfectamente conservado gracias a la nave adjunta del siglo XVI que lo protege de la intemperie. Representa la Última Cena con Jesucristo en el centro, seis apóstoles a cada lado y dos figuras añadidas, en el extremo izquierdo la figura de un hombre con un libro abierto, posiblemente un profeta, y en el derecho el maestro cantero Micaelis Me Fecit tiene la prerrogativa de aparecer retratado ejerciendo su oficio.
Finalízanos nuestro recorrido visitando la iglesia de San Salvador de Cantamuda, una de las construcciones más emblemáticas con su singular espadaña de doble altura y un altar en el interior cuya base son siete columnas talladas con diferentes motivos. Palencia está plagada de pueblos, de iglesias y monasterios, unos grandiosos, otros humildes, muchos rurales, pero con la esencia del arte románico grabado en cada una de sus piedras.