Los niños morían sin borrarles el pecado original y sin entrar en este coto, el reino de Dios, por no estar bautizados Los adultos fallecidos, por buenos, justos y misericordiosos que fuesen, no podían se redimidos aún, porque la redención y el perdón total de todas sus faltas se opera en base a la muerte de Jesucristo, esa muerte al grito de “¡ Dios mío, por qué me has abandonado ¡“ y “! Todo se ha consumado!”, es fundamental, cronológicamente hablando, para que el perdón del Padre se opere.
Es la muerte de Cristo, del hijo, para que se opere el fenómeno de la “redención”, del perdón cronológicamente hablando, hacia el futuro y no hacia el pasado. Vemos que hay un orden temporal humano y nada de fenómenos paranormales o cinematográficos, sino algo bien sencillo y hasta humano.
Tanto como el nacimiento humano del Hijo de Dios, nada de palacios ni de lujos, sino un humilde portal de animales entre una vaca y un buey.
Si observamos al antiguo y el nuevo testamento, nos daremos cuenta en seguida de cientos y miles de hechos dentro de esta lógica humana.
Así es la relación entre Dios y nosotros.