Una ruta por la Ávila teresiana debe iniciarse en el Convento y la Basílica de la Santa, erigidos sobre el solar que ocupó la casa donde vio la luz. En la cripta del templo se ubica el museo, donde se puede conocer la vida y obra de esta mujer ejemplar. Muy cerca, saliendo de la muralla por la Puerta de la Santa, se encuentra el Centro de Interpretación de la Mística.
Volviendo Intramuros, por la Puerta de El Rastro, se llega a la iglesia de San Juan, que conserva la pila donde fue bautizada la Santa.
Uno de los episodios más conocidos de la infancia de Teresa y que apunta a su temprana vocación religiosa, es su deseo de ir a sufrir martirio a tierra de moros, empeño al que sumó a su hermano pequeño Rodrigo. Su tío Francisco de Cepeda, advertido de la ausencia de los pequeños, les detuvo en su loca aventura en el Humilladero de los Cuatro Postes, con lo que seguramente evitó privarnos de la obra de la prolífica autora. El Humilladero aún se conserva, cabe el río Adaja, a las afueras de la ciudad, y desde él se puede contemplar una magnífica panorámica de la bella localidad abulense.
En el Convento agustino de Nuestra Señora de Gracia, fundado en 1509, Alonso de Cepeda internó a su hija en 1531, contra la voluntad de la joven, con el objetivo de que se formase y madurase.
Pero la verdadera transformación de la futura santa tuvo lugar en el Monasterio de la Encarnación, donde maduró su futura reforma del Carmelo, animada por los consejos de su gran amigo y futuro reformador del Carmelo masculino San Juan de la Cruz, y de fray Pedro de Alcántara, quien también alcanzaría la santidad. Dicho convento, donde Teresa de Jesús permaneció entre 1535 y 1574 y que ejerció una gran influencia en ella, acoge un museo teresiano. Situado originalmente en el interior de las murallas, en el siglo XVI el convento carmelita fue trasladado a su actual emplazamiento extramuros.
Una vez dado el paso de acometer la tan necesaria reforma de la Orden del Carmelo, Santa Teresa de Jesús emprendió su tarea reformadora, fundando, en 1562, el Convento de San José – al que tenía gran devoción- conocido también como de las Madres, aún activo, y que se encuentra dentro de las murallas. Fundado el 24 de agosto de 1562, fue “estrenado” por cuatro novicias de la nueva Orden de las Carmelitas Descalzas de San José. El convento, de proverbial austeridad y sencillez, sigue el ideal monástico de su fundadora.
En la capilla del Santo Cristo de la Agonía del Real Monasterio de Santo Tomás, se conserva el confesionario en el que se confesaba Santa Teresa de Jesús. Ahí tendría la Santa su visión de la Virgen y San José, revistiéndola con un manto azul y un collar.
Asimismo, junto a las murallas, enfrente de la iglesia de San Pedro, en la plaza conocida popularmente como “el Grande”, se levanta una hermosa escultura de Santa Teresa de Jesús.
Finalmente, de Santa Teresa de Jesús podemos ver sus huellas en otros lugares de la provincia de Ávila, como el Palomar de Santa Teresa, en Gotarrendura, el Convento de Duruelo; así como el pueblo de Becedas, donde pasó algún tiempo en la posada, y que años después se convertiría en Ermita.