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Font-Romeu, la altura que enseña a respirar despacio: crónica de un Pirineo que ha aprendido a vivir sin nieve
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Font-Romeu, la altura que enseña a respirar despacio: crónica de un Pirineo que ha aprendido a vivir sin nieve

  • Última etapa de un viaje de prensa por el Pirineo catalán francés: una capilla que espera un siglo, un campo de golf salvaje a 1.800 metros y una tirolina que sobrevuela La Calme a 100 km/h
  • Por Gabriel L. Goold – Desde Alicante

sábado 08 de agosto de 2026, 20:34h
Font-Romeu, la altura que enseña a respirar despacio: crónica de un Pirineo que ha aprendido a vivir sin nieve

08AGO26 – ALICANTE.- Font-Romeu fue la última parada de un viaje de prensa que ya nos había llevado por Les Angles y por las estaciones de Trio Cambre d'Aze y Formiguères. Salimos de Les Angles a media tarde y, apenas veinte minutos después, entrábamos en Font-Romeu. El primer golpe de efecto lo dio el propio hotel: el Gran Hôtel de l'Ermitage, espectacular y hermoso, nos recibió con Christian Sarran, director de la Oficina de Turismo de Font-Romeu, esperándonos en la puerta.

Font-Romeu, la altura que enseña a respirar despacio: crónica de un Pirineo que ha aprendido a vivir sin nieve
Font-Romeu, la altura que enseña a respirar despacio: crónica de un Pirineo que ha aprendido a vivir sin nieve

La historia que Christian lleva treinta años contando

Christian nos explicó el origen del hotel y de la capilla que se levanta junto a él, y la travesía burocrática que hizo falta para reformar el edificio: diez años de trámites administrativos por tratarse de un inmueble catalogado como patrimonio histórico, y año y medio de obras una vez llegaron los permisos. De las 22 habitaciones originales, el hotel pasará a tener 44 de cara al próximo invierno. Antes de que existiera este hotel, el mismo emplazamiento albergaba un hospital de peregrinos, l'Hermitage, punto de paso de quienes marchaban a Roma; de ese trayecto de ida y vuelta, de casi dos años, viene el nombre de Font-Romeu: la fuente (font) del peregrino romero (romeu).

Un campo de golf salvaje, con Benoit Portanel de anfitrión

Fue el propio Christian quien nos llevó después al Golf de Font-Romeu, a un paso del hotel, donde nos esperaba Benoit Portanel, uno de los tres socios que dirigen el club. La casa club, una cabaña de madera con el cartel “Golf de Font-Romeu” sobre la puerta y un banco a la entrada, marca el inicio de un recorrido de nueve hoyos y par 36 que, tal como nos explicó Portanel, se juega prácticamente como lo dejó la montaña: greens y fairways de hierba natural, “salvajes” en sus propias palabras, con mucha maleza junto a las calles que obliga a jugar la bola en línea recta bajo pena de perderla entre los arbustos. Un campo técnico, insistió, más de lo que parece a simple vista.

Portanel llegó al golf por otro camino: su primer oficio fue el hockey sobre hielo, en la pista que hay a apenas 500 metros de allí. Se hizo socio del club dos años antes de tomar las riendas, se aficionó al golf y, junto a dos compañeros, presentó al ayuntamiento la propuesta con la que hoy dirigen el recorrido. Nos contó también que reciben con frecuencia jugadores llegados de los clubes vecinos de Puigcerdà, del Real Club de Golf, de Fontanals y de Sant Marc, en la misma lógica de ida y vuelta con la que los socios de Font-Romeu cruzan la frontera para jugar en sus campos.

Nos dejaron recorrerlo en coche de golf toda una fila de ellos esperaba a la salida, con el telecabina de Font-Romeu Pyrénées 2000 cruzando el cielo justo detrás y disfrutamos de vistas privilegiadas al Centro Nacional de Entrenamiento en Altitud (CNEA), la instalación de alto rendimiento donde cada año se entrenan deportistas de élite aprovechando la altitud de la estación.

Al terminar la vuelta probamos suerte en el paddock de iniciación, un campo de prácticas con red de contención donde los principiantes calientan el brazo antes de salir a jugar; ahí dimos un par de golpes con los palos, con toda la sierra pirenaica de telón de fondo. Muy cerca de la casa club, un panel del Stade VTT XCO recuerda que Font-Romeu también forma parte del circuito de entrenamiento de cross-country en bicicleta de montaña de los Pirineos catalanes, y a su lado gira un pequeño carrusel infantil, otro apunte del carácter familiar que la estación cultiva incluso fuera de las pistas. No muy lejos, un cartel de madera con el sello Flocon Vert certifica el compromiso de Font-Romeu con un turismo de montaña más sostenible.

Rematamos la visita al campo con agua con gas de la marca Sémillante y un chorro de sirope de fresa servido en la propia mesa, un capricho sencillo y refrescante después del recorrido.

La Belle Époque, con Christian de anfitrión

La cena de esa noche fue en La Belle Époque, en pleno centro de Font-Romeu, y resultó de lo más memorable del viaje: el steak tartar, cortado a mano y acompañado de una guarnición de puré de zanahoria y patatas fritas, estaba exquisito, y de postre un bizcocho de chocolate casero acompañado de un helado igual de bueno. Christian nos atendió durante toda la cena compartiendo anécdotas y treinta años de experiencia en la estación, lo que convirtió la sobremesa en una clase de historia local tan entretenida como la comida.

Sol, el telecabina y un sendero de juego para las familias

Al día siguiente nos recogió Sol Alonso, de la Oficina de Turismo de Font-Romeu, que nos acompañó en la última jornada. Subimos en telecabina desde el centro del pueblo; desde la cabina, con el nombre de la estación impreso en el cristal, se ve pasar primero el propio campo de golf y, más adelante, los edificios del CNEA asomando entre los pinos.

Nada más llegar arriba nos encontramos con un sendero-juego pensado para las familias, “Des Monts & Merveilles”, en el que los más pequeños siguen las pistas de personajes de la fauna pirenaica el isard, el rebeco de montaña, entre ellos repartidos por el bosque. Desde ahí seguimos a pie por una pasarela de madera hasta la estación del telesilla de Les Airelles, gestionada por Altiservice, y enganchamos con el telesilla que sube hasta el restaurante La Gallina, situado en la meseta de la Gallinera, a 2.127 metros de altitud.

A pie hasta la tirolina

Desde La Gallina seguimos caminando hasta el punto de la Draco'Sky, la gran tirolina de Font-Romeu Pyrénées 2000. El sendero se abre en dos variantes, una más suave y otra más empinada, y ambas conducen a las mismas vistas: el macizo del Carlit, la llanura de la Cerdaña y, en los días despejados, el Capcir extendiéndose hacia el norte.

Para lanzarnos, primero bajamos con el telesilla hasta la parte baja, donde se recoge el material y se colocan los arneses un proceso sencillo, de apenas unos minutos, con el equipo de Altiservice ayudando a ajustar cada correa y cada casco, y volvimos a subir ya equipados hasta el punto de salida, a 2.203 metros. Desde ahí, 678 metros de cable suspendidos a 45 metros del suelo, con 166 de desnivel y hasta 100 km/h de velocidad, sobrevolando el paisaje de La Calme. La bajada se disfrutó al máximo.

Subimos de nuevo por el mismo telesilla y regresamos caminando hasta La Gallina, donde cerramos la jornada con una hamburguesa de pollo de ración generosa antes de emprender la vuelta a casa.

Una experiencia especial, y saludable

Entre la historia que Christian lleva treinta años contando, un campo de golf que respeta la montaña en la que se asienta, la mesa de La Belle Époque y el vuelo sobre La Calme, Font-Romeu se despidió dejando la sensación de un viaje tan especial como saludable. Se recomienda hacerlo, y disfrutarlo.

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