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Ansiedad y sus causas
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Ansiedad y sus causas

viernes 27 de noviembre de 2020, 16:48h

27NOV20 – MADRID.- Antes de hablar de las causas que pueden explicar la ansiedad, conviene distinguir entre dos tipos: una ansiedad que entendemos como normal y sana ante determinadas situaciones, y otra que consideramos patológica.

Esta última podría ser desmedida en relación al estímulo que la produce, demasiado prolongada a lo largo del tiempo o no relacionada directamente con las circunstancias actuales de la persona que la sufre.

El miedo es una emoción básica y necesaria para nuestra supervivencia. Cuando los niveles de ansiedad que experimentamos son razonables y ajustados a la situación estresante, nos ayudan a manejar o resolver dicha situación

La ansiedad es una emoción que, desde un punto de vista adaptativo, nos permite huir de una amenaza o hacerle frente. La respuesta de estrés moviliza una serie de mecanismos dirigidos a este propósito: sobre todo la activación de la rama simpática del sistema nervioso autónomo, con la consiguiente liberación de hormonas de estrés a través del cuerpo (adrenalina y noradrenalina). Esto produce un aumento de la frecuencia cardiaca y respiratoria, cuyo fin es dirigir más flujo de sangre allá donde se necesita (musculatura).

Si bien consideramos que la ansiedad es adecuada y oportuna en según qué situaciones, no deja de ser una emoción que se vive como desagradable. Más aun cuando experimentamos síntomas severos de estrés, como palpitaciones, taquicardias, sensación de ahogo, dificultad para respirar, molestias abdominales, etc.

Las causas de esta situación según un experto psicólogo ansiedad pueden ser muchas y de naturaleza muy diversa. Algunas variables que la explican pueden ser más pasajeras, como situaciones puntuales que nos suponen estrés. Otras, por el contrario, tendrían que ver con vivencias pasadas de la persona que hayan podido dejar una huella a nivel emocional.

Vamos a detenernos un poco en estas variables o factores predisponentes de la ansiedad.

  1. Situaciones estresantes. Estar viviendo en el momento presente una circunstancia generadora de estrés. Estaríamos hablando pues de una ansiedad sana y adaptativa, ajustada al momento presente. En este sentido, cualquier situación que implique un cambio será vivida con cierto nivel de ansiedad. Pensemos, por ejemplo, en un cambio a nivel laboral o quedarse en situación de desempleo, un cambio de residencia (con mudanza incluida), pasar por una situación de duelo (ruptura o pérdida de un ser querido), … El nivel de estrés que generen estas situaciones será diferente para cada persona, más allá de las propias circunstancias y dependerá de factores como la personalidad, recursos para hacer frente a los problemas, capacidad de adaptación al cambio, etc.

Cuando los niveles de ansiedad son desmedidos en relación al problema, de tal forma que llegan a ser incapacitantes para la persona que los padece o a causar un malestar clínicamente significativo, estaríamos hablando de un tipo de ansiedad más patológico.

Pasar por situaciones que implican estar sometido a estrés, nos dota de recursos y de una mayor tolerancia a la ansiedad. Esta idea se resume en el concepto de resiliencia.

  1. Padecer algunos tipos de enfermedades. Sufrir una condición médica crónica ya es un factor estresante en sí mismo. Más si cursa con dolor e incapacita a la persona. Al margen de esto, algunas enfermedades producen efectos similares o iguales a la ansiedad. Las personas con prolapso de la válvula mitral, experimentan a menudo arritmias, mareo, dificultad para respirar. La diabetes, algunos desajustes de la glándula tiroidea (hipertiroidismo) y ciertas enfermedades respiratorias (EPOC), son otras dolencias que producen síntomas similares a la ansiedad.

Las personas con adicciones son más propensas a experimentar ansiedad, debido a la propia naturaleza de la adicción. Estar deprivado de la sustancia adictiva aumentará los niveles de estrés en cada sujeto, dependiendo también del grado de abstinencia.

Otras condiciones como el dolor crónico o la fibromialgia, pueden provocar que la persona esté sometida a un estrés casi continuo.

  1. Factores de personalidad. Algunas personas son más propensas a padecer estrés que otras. Los sujetos con rasgos obsesivos o excesivamente perfeccionistas, tienen mayor probabilidad de padecer ansiedad.

Las personas introvertidas pueden experimentar mas ansiedad a la hora de relacionarse. Por otro lado, caracteres melancólicos, que tienden a hacer atribuciones más negativas e incluso catastrofistas acerca de las cosas, tendrán más posibilidades de estresarse ante eventos que llegan a magnificar. Es propio de estar personas caer a menudo en una anticipación negativa acerca de las situaciones.

Los sujetos con baja tolerancia a la frustración también tienden a experimentar más estrés ante situaciones adversas.

Ya en el terreno de los trastornos de la personalidad, las personas con trastorno de la personalidad límite, evitativo y obsesivo, son más propensas a padecer ansiedad, debido a las características propias de estos trastornos.

  1. Antecedentes familiares. Distintos estudios sugieren que tener parientes que han padecido trastornos de ansiedad, nos vuelve más vulnerables. Esto se observa en cuadros como el trastorno de ansiedad generalizada y el trastorno obsesivo-compulsivo.

No queda del todo claro hasta qué punto responde únicamente a una cuestión genética, o influye el haber crecido cerca de estos modelos que tendían a ser ansiosos en exceso.

  1. Haber sufrido experiencias traumáticas. No cabe duda de que las personas que han experimentado traumas en la infancia, como abusos, maltrato o abandono, son mucho mas propensas a padecer ansiedad. También sujetos adultos que han vivido experiencias estresantes, como las que suelen provocar fobias o estrés postraumático.

Como apuntábamos anteriormente, vivir una situación de duelo como la pérdida de un ser querido, puede generar mucha ansiedad. Más si dicha pérdida implica a una figura de apego, como los padres o aquellas personas que nos han cuidado durante la infancia. Dentro de que la muerte no deja de ser una experiencia que forma parte de la vida, puede ser vivida de forma más o menos traumática según cada persona y momento.

  1. Hábitos de vida negativos o poco saludables. Las personas que no cuidan la alimentación y el descanso, consumen habitualmente sustancias excitantes o llevan una vida demasiado sedentaria, tienen también más posibilidades de sufrir ansiedad.

  1. Aislamiento y soledad. Son más propensos también aquellos sujetos que, bien por las circunstancias o por elección propia, se encuentran aislados o no tienen una red de apoyo social firme en cuanto a familiares, pareja o amigos. Diversos estudios apuntan a que disponer de una buena red social supone un amortiguador frente al estrés y a la depresión.

Las personas que son excesivamente complacientes y sumisas (o, dicho de otro modo, que exhiben una falta de asertividad), suelen vivir las relaciones como un foco de ansiedad constante. Intentan a menudo ceder a las demandas de los demás, no se permiten expresar aquello que les molesta o disgusta y no suelen poner límites.

  1. Correlación con otros trastornos mentales. Es muy habitual que personas que padecen, por ejemplo, un trastorno afectivo como la depresión, exhiban también un cuadro de ansiedad asociado. También es algo propio de algunos trastornos de la personalidad, como señalábamos más arriba. En relación a esto, algunos autores sostienen que ansiedad y depresión están estrechamente relacionadas, pudiendo resultar polos opuestos de un mismo complejo. El trastorno mixto ansioso-depresivo es una categoría diagnóstica a medio camino entre los trastornos de ansiedad y los trastornos afectivos.

De todos los factores que hemos expuesto, encontramos de forma habitual que se da una combinación de ellos en las personas que padecen ansiedad. Así, en cada caso, difícilmente se explicará por una única causa.

No sólo es determinante lo que vivimos para explicar la ansiedad, sino como lo vivimos. Personas distintas reaccionarán de forma diferente ante los mismos eventos.

Los sujetos que han estado expuestos a situaciones estresantes y las han resuelto satisfactoriamente, tendrán más recursos y tolerancia para manejar el estrés venidero (resiliencia). Sin embargo, otras personas viven experiencias que les impactan a nivel emocional de tal forma que esto les hace volver a experimentar los síntomas asociados al trauma. Esto ocurre cuando lo que viven en el presente guarda alguna relación con la experiencia traumática. Pensemos por ejemplo en sujetos que han sido víctimas de accidentes y han desarrollado fobias relacionadas con viajar a raíz de ello.

En conclusión, podríamos decir que las cosas nos afectan no solo por la implicación más inmediata que suponen, sino atendiendo también a nuestras experiencias pasadas (bagaje emocional) y la medida en que estas nos han marcado emocionalmente.

Sujetos con rasgos de personalidad más flexibles, tolerarán mejor los niveles de ansiedad y se manejarán con más habilidad en situaciones de estrés.

Por último, las personas con hábitos de vida más saludables, tendrán menor propensión a sufrir ansiedad. Es importante en este sentido cuidar la alimentación y el descanso, realizar algo de ejercicio moderado con frecuencia, evitar sustancias excitantes y cultivar relaciones sanas.

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