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LA SUTILIDAD DEL VENENO EMOCIONAL

Se callan, pero te la juegan por detrás: los peores tipos de relaciones tóxicas

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h
Las malas influencias en el trabajo pueden conducirnos a la depresión sin que nos demos cuenta. (Corbis)
Las malas influencias en el trabajo pueden conducirnos a la depresión sin que nos demos cuenta. (Corbis)

Ya se hizo referencia en su día a las parejas insanas, compuestas por gente sensible que tiende a salir con personas que, sin duda, los perjudican. Sin embargo, no es este el único arquetipo de relación tóxica que podemos encontrar en la sociedad actual, a menudo muy ligadas a comportamientos pasivo-agresivos.

Estos pueden manifestarse de muy variadas maneras: mediante la cabezonería, la procrastinación (1), las bromas hostiles o el murmurar o suspirar constantemente. A menudo no expresamos nuestros sentimientos negativos explícitamente, sino que se manifiestan de manera sutil, impidiendo la comunicación y dando lugar a relaciones complicadas.

El comportamiento pasivo-agresivo

Según el psiquiatra de la Clínica Mayo Daniel K. Hall-Flavin, los síntomas específicos de la gente que actúa de manera pasiva-agresiva son los siguientes:

–Resentimiento y oposición a las peticiones de los demás.

–Procrastinación y errores voluntarios en respuesta a los requisitos de los demás.

–Una actitud cínica, huraña y hostil.

–Quejas constantes por sentirse infravalorados o engañados.

Con frecuencia adoptamos este tipo de comportamiento por hallarnos involucrados en una relación tóxica de la que no podemos salir, o porque tememos confrontar el problema.

Cuanto más tóxica es la relación, más intenso es el comportamiento pasivo-agresivo. Según afirma Hall-Flavin, "aunque el comportamiento pasivo-agresivo puede ser un rasgo de varios problemas de salud mental, no está considerada una enfermedad mental como tal. Sin embargo, el comportamiento pasivo-agresivo puede interferir en las relaciones personales y crear dificultades laborales".

Normalmente adquirimos este tipo de comportamiento a una edad temprana, por lo general debido a experiencias pasadas negativas. El problema es que, en esos casos, nos resignamos a una constante actitud fatal, que mina nuestro sentido de la eficacia y del esfuerzo: aprendemos a desistir y a evadir. Cuanto más tóxica es la relación, más intenso es el comportamiento pasivo-agresivo.

Las relaciones tóxicas

¿Cuáles son, pues, esas relaciones que nos llevan a responder con actitudes pasivo-agresivas? Para los psicólogos Philip Zimbardo y Rosemary K.M. Sword, las siguientes situaciones son las que con más frecuencia nos incitan a responder con la citada actitud hostil y evasiva:

1. La familia

Es una situación que cualquiera reconoce: el padre ha instado a su hijo a ordenar su cuarto innumerables veces y, ante la apatía de éste, finalmente lo amenaza. "Si no recoges tu cuarto, no te llevaré al cine a ver esa película que llevas todo el mes queriendo ir a ver".

La respuesta hosca del niño es predecible. Apurará hasta el último minuto antes de recoger su habitación, que finalmente apañará de mala manera, amontonando los juguetes bajo la cama, esperando que sea su padre quien recoja finalmente y como es debido la habitación, o que lo lleve al cine de todos modos.

2. La familia política

La suegra no está contenta con la nuera: no es una peli de Woody Allen ni una comedieta al estilo Los padres de él: es una realidad. Una realidad complicada para el marido, que se halla en medio. Los comentarios de su madre son, efectivamente, inoportunos y acosadores, pero su mujer no quiere hacerles frente: procura evitar el conflicto y no hacer que exploten las tensiones familiares.

La respuesta pasivo-agresiva suele traducirse en llegadas tarde a las reuniones familiares, murmurar a las espaldas lo que se piensa de veras o burlarse a escondidas del familiar en cuestión.

3. La pareja

Siempre accedes a las peticiones del otro: él decide a dónde iréis, qué haréis y cuánto tiempo le dedicaréis a cada cosa. No es de extrañar que, a la hora de ir a la cama, inconsciente, pasiva y agresivamente, a ti te duela siempre la cabeza.

4. El trabajo

Tu jefe, explotador y excesivo, te ordena hacer mucho más trabajo del que te corresponde, te deja sin tiempo libre y no te respalda cuando ha de hacerlo.

Ante esa situación, es frecuente una reacción de cumplimiento con la orden pero se darán errores inconscientes pero voluntarios: el trabajo se hará, pero mal.

Fuente: elconfidencial.com  - Marta Jiménez Serrano - 07/11/2013)

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(1) La procrastinación (del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro), postergación o posposición es la acción o hábito de postergar actividades o situaciones que deben atenderse, sustituyéndolas por otras situaciones más irrelevantes o agradables.

Se trata de un trastorno del comportamiento que tiene su raíz en la asociación de la acción a realizar con el cambio, el dolor o la incomodidad (estrés). Éste puede ser psicológico (en la forma de ansiedad o frustración), físico (como el que se experimenta durante actos que requieren trabajo fuerte o ejercicio vigoroso) o intelectual. El término se aplica comúnmente al sentido de ansiedad generado ante una tarea pendiente de concluir. El acto que se pospone puede ser percibido como abrumador, desafiante, inquietante, peligroso, difícil, tedioso o aburrido, es decir, estresante, por lo cual se autojustifica posponerlo a un futuro sine die idealizado, en que lo importante es supeditado a lo urgente.

También puede ser un síntoma de algún trastorno psicológico, como depresión o TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad).

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