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Cantabria

Los Tojos, por donde pasó Carlos V

Los Tojos, por donde pasó Carlos V

Por A. del Saja – Miembro de FEPET

sábado 25 de octubre de 2014, 00:32h

Es el de Los Tojos el municipio más alto del valle de Cabuérniga, un territorio rodeado de bosques, que agrupa a sus poco más de 400 habitantes en los pueblos de Saja, El Tojo, Los Tojos, Correpoco y Bárcena Mayor.

Los Tojos, por donde pasó Carlos V
Los Tojos, por donde pasó Carlos V

Está enclavado dentro de la Reserva Regional de Caza de Saja y situado a poco más de sesenta kilómetros de Santander. Para acceder a este territorio hay que tomar necesariamente la carretera que conduce a Reinosa a través del puerto de Palombera, una vez dejada la Autovía del Cantabria en las salidas de Virgen de la Peña o de Cabezón de la Sal. Su capital, Correpoco, se encuentra a 62 kilómetros de Santander.

Las primeras referencias a este enclave, ya en el siglo IX, hacen mención a su iglesia de Santa Águeda, de Bárcena Mayor. En un documento dado por el rey Alfonso VIII en Monzón, fechado el 4 de julio de 1168, aparece la donación del señorío de «Bárcena la Mayor» al monasterio de Cardeña.

Por aquí pasaba el camino tradicional desde el mar Cantábrico hacia Reinosa y Castilla, que seguía el trazado del río Saja, siendo uno de los más ilustres viajeros de esta vía el emperador Carlos I a su vuelta de Flandes. Cuentan las crónicas que el monarca pernoctó en una casona en Los Tojos, que los lugareños decoraron con pieles de animales de caza, y pasó mala noche porque las pulgas no le dejaron dormir. Este viejo camino quedó en desuso en el siglo XVIII cuando se abrió el Camino Real por el valle del Saja.

Los Tojos a su vez es la capital del municipio. Está ubicado el caserío en el declive de una eminencia a la que se llega después de una ascensión con fuertes pendientes y curvas pronunciadas, dejando en La Punvieja, la carretera que conduce a Bárcena Mayor, tomando un ramal a la derecha, después de pasar Correpco, donde se asienta la casa consistorial y un señero establecimiento de hostelería. El pueblo está formado por una serie de casas populares montañesas en hilera, siguiendo posiblemente el trazado de un antiguo camino al puerto de Palombera.

Mantiene una buena arquitectura popular y alguna casa blasonada, no tan representativa como la de Bárcena Mayor. La iglesia también es humilde, y fue construida en el siglo XVI. En cualquier caso, tan solo los paisajes de esta aldea invitan a subir hasta aquí.

Siguiendo por Los Tojos, se accede a Colsa, pueblo prácticamente abandonado y con una fuente que dicen data de la época visigoda. Dentro de la arquitectura pastoril destacan los invernales, se trata de edificios sencillos, adaptados a las necesidades, con planta rectangular, de mampostería o sillarejo y con escasos vanos.

Al final del pueblo de Los Tojos se encuentra la iglesia, cuya advocación está dedicada a San Miguel Arcángel. Está construida en piedra de sillería y data del siglo XVI. Tiene espadaña en la cabecera, y un pórtico lateral que cobija la portada de acceso.
Es un templo una sola nave de planta rectangular, con coro alto y sacristía adosada en el lado derecho. Todas las paredes interiores son también de piedra, y está cubierto con un tejado a dos aguas con teja exterior y madera por dentro. El altar Mayor cobija un bonito retablo de tres cuerpos y tres calles, con varias esculturas de pequeño tamaño, siendo la principal la de San Miguel Arcángel, que aparece representado pisando un dragón. Sobre él hay un Cristo Crucificado. Alberga también dos pilas bautismales de piedra, una de ellas, la más pequeña, labrada con motivos florales.

Del núcleo principal de Los Tojos, además de Colsa, forman parte otro barrio, La Punvieja, que solo cuenta con un negocio de restauración.

Destaca en este municipio Bárcena Mayor, Bien de Interés Cultural con categoría de conjunto histórico, uno de los conjuntos urbanos histórico-artísticos más singulares y bellos de Cantabria. Exponente del encanto de la más típica arquitectura civil montañesa, en esta localidad se mantienen vivas múltiples tradiciones artesanas, entre las que destacan sobre todo los trabajos en madera.
Bárcena Mayor representa un notable ejemplo de conservación del mundo rural de Cantabria. Para visitarla es preciso estacionar el vehículo en el aparcamiento construido a la entrada, pues el paso sólo está permitido a los residentes. No obstante es de agradecer, pues pasear por sus empedradas calles observando con detalle fachadas, solanas y escudos, así como elementos bien conservados como lavaderos, cuadras, socarreñas, hornos de pan… es una experiencia difícil de olvidar.
La piedra y la madera, tan abundante y rica en la zona, se funden en una creación sobria, repleta de historia y colmada de encanto.

Pueblo de ganaderos y pastores, tuvo también una industria casera en la fabricación de aperos de madera que exportaban a Castilla. Se sabe que en el siglo XII ya contaba con un hospital para atender a las gentes que hacían la ruta hacia Castilla para repoblarla. Sus calles estrechas y empedradas se bordean de casucas humildes, pero llenas de un sabor rural muy viejo y hermoso.

La iglesia está en el centro del pueblo, es humilde, del siglo XVII, dedicada a Santa María. Sobresale su retablo barroco. En la visita al pueblo hay que asomarse al puente, que salva el Argoza, para ver el agua limpia y transparente de este río. Más allá están los montes de robles, hayas y abedules que forman el incomparable paraje de la Reserva Regional del Saja.

A las afuera del pueblo, monte arriba, se encuentra una pequeña ermita dedicada a la advocación de la Virgen del Carmen.

Atravesando el pueblo y siguiendo un camino, a un kilómetro, llegamos a un área de descanso y acampada conocida como "Llano Castrillo", junto al río Argorza. Desde aquí se puede hacer numerosas marchas, como la del sendero de Fuente Clara o llegarnos la ermita de El Moral, en pleno corazón del parque natural Saja-Besaya, a donde suben una vez al año los cazadores a honrar a su patrón San Huberto.

Muchos son los visitantes que recibe el municipio de Los Tojos atraídos por las bellezas arquitectónicas y paisajísticas y, también, por la gastronomía, basada fundamentalmente en el cocido montañés y las carnes. Los restaurantes se reparten por todos los núcleos, pero, especialmente, se concentran en Bárcena Mayor.

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