Esta población se mantiene gracias al esfuerzo de recuperación de la raza, que está catalogada como especie en peligro de extinción.
La gallina Pedresase caracteriza por un plumaje barrado irregular o pedrés, que le ha dado su nombre, y un carácter originario agreste. Tradicionalmente, ha sido una raza autóctona del norte de España de doble aptitud, principalmente circunscrita a Cantabria. En las publicaciones de la primera mitad del siglo XX, se la describe como un ave de tamaño pequeño a mediano, muy activa y rústica. Su adaptación a las condiciones ambientales del clima húmedo del norte, así como su aptitud genuinamente campera, que le permitía buscar su propio alimento, hacían que, aunque su rendimiento no fuera elevado, no generara prácticamente gastos, lo que la convertía en ideal para la economía de subsistencia rural de esas poblaciones.
Las primeras características morfológicas relevantes de la gallina Pedresa de la que se tienen constancia datan de junio de 1919, cuando se publicaron en varios periódicos de tirada regional las características exigidas para la participación en el Concurso Avícola Cantábrico: tamaño entre grande y mediano; plumaje pedrés (cuco); cresta sencilla; patas sin pluma, amarillas y con cuatro dedos; orejillas blancas, y pico amarillo.