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Opinión:

Caníbales en el 12 de octubre

  • Por Luis Méndez Viñolas

lunes 11 de octubre de 2021, 22:54h

11OCT21 – MADRID.- La versión de Roca Barea sobre las causas de la leyenda negra contra España resulta convincente y de un interés actual, lo cual no es menos importante. Sin poder entrar en los detalles que la historiadora aporta, se comprende que el motivo que inspira tal historia no tiene nada de especial y que es un producto más de la geopolítica de la época. Como en otras tantas ocasiones, la leyenda enmascara, con razones religiosas e ideológicas, intereses muy terrenales, es decir, políticos (e imperiales).

En ella confluyen las ambiciones contrapuestas de dos poderes que desean heredar la hegemonía española, ya en decadencia. Tanto protestantes como franceses saben que quien herede el inmenso imperio español aumentará y asegurará durante décadas su propio poder. Con la muerte sin herederos de Carlos II se crea un vacío que tanto Luis XIV, como las potencias protestantes quieren ocupar con sus propios candidatos. Luis XIV presenta a Felipe de Borbón, su nieto, y los protestantes al Archiduque Carlos de Austria, sobrino del rey fallecido. Es decir, Francia, católica, por un lado, frente a Inglaterra, la República Holandesa y el Sacro Imperio romano, protestantes, por el otro. Insistir en la insinceridad de las causas religiosas es importante; puede ser una guía oportuna para interpretar la actualidad y el grado de fidelidad que hay entre las proclamas y los hechos: hablamos de derechos humanos, democracia, libertad, ayuda solidaria, desarrollo, etc. Es decir, que ni la inquisición española era peor que la de esas potencias protestantes, ni la religión cambiaba demasiado entre ambas iglesias.

Si lo antedicho no tiene nada de singular, sí resulta extraña la pasividad de nuestros representantes en la defensa de la imagen de España; su silencio otorgó veracidad a la mentira o a la exageración. Pasividad que con el tiempo se ha convertido incluso en asunción de la leyenda; y quizás peor, en cuanto hemos pasado de groseros asesinos a estúpidos inútiles. Y es en esto en lo que deben meditar las generaciones actuales, sobre todo las de carácter progresista; esta es la cuestión de fondo que verdaderamente es necesario aclarar, en cuanto tiene efectos sobre el presente. Además, si la llamamos leyenda significa que sabemos que parte de su componente es falso. Entonces ¿por qué a lo largo de siglos no se ha cuestionado esa falsedad o exageración? ¿Qué hipoteca pesa sobre nuestras élites? Desconocer lo que ha ocurrido en el pasado representa desconocer las artimañas que se han realizado a lo largo de la historia, y las que se pueden realizar en el presente y en el futuro. Un progresismo ahistórico es ineficaz. Un buen conductor no descuida ni el volante ni el retrovisor.

La ausencia de reacción de las élites españolas del momento (políticos, historiadores, cronistas, pensadores, literatos, artistas, etc.) parece se justifica en su interés personal, en el temor a enfrentarse al nuevo poder borbónico. En cuanto a Felipe V las mentiras contra España, es decir, contra los anteriores regidores (los Augsburgo), le resultan útiles: con ellas debilita la capacidad de reacción del poder destronado. Por su parte, a las potencias protestantes les vale cualquier mentira (o exageración, esto es muy importante resaltarlo) que debilite a España y a su representante, cualquiera que sea la casa real que gobierne. Además, la denuncia de los males del enemigo encubre los males propios; esto vale para hoy a nivel mundial. Es decir, los intereses de unos pocos denigran a toda una nación que no ha de ser forzosamente como sus élites dirigentes. Incluso el silencio de la Iglesia católica en el aspecto religioso es interesado. Esta pasividad de las élites no es nueva, ya desde los primeros reyezuelos de la península su estatus se negoció con los invasores a cambio de la pérdida de libertad de sus pueblos. Cadenas para unos, oro para otros.

Por lo que sea, el asunto ha resurgido con cierta fuerza. No le echemos la culpa a las palabras del presidente de México o a las del Papa. Detrás hay algo más poderoso. Lo de cortarle la cabeza a las estatuas de Colón surgió antes de que ambos hablaran. Quizás tenga que ver con un asunto más actual: el destino del mal llamado patio trasero. No habría que perder de vista, entre otros, el rumbo que toman las iglesias evangelistas, que están contribuyendo a importantes cambios electorales.

Como siempre ocurre con las cosas serias, la España eterna, la que calla cuando debe hablar, ha levantado la voz para no decir nada y enturbiarlo todo. Un poco como las intenciones de los negroleyendistas, si cabe tal palabro. Que al miembro más conspicuo de la derecha, para justificar la presencia española en el continente americano, no se le haya ocurrido decir otra cosa que los indígenas eran caníbales, es una verdadera torpeza o una verdadera canallada.

Verdadera torpeza porque se está demostrando que todos y cada uno de los países del mundo que sí tienen política exterior (los hay que no, y parece que nosotros estamos entre ellos) están flexibilizando sus políticas porque nada es seguro y todo es mutable. Enemistarnos con nuestros hermanos los latinoamericanos llamándoles descendientes de “caníbales” es de estúpidos, por mucha pose intelectual que se adopte y muy candidato de los bancos se haya sido. No hay que olvidar que los latinos en EE.UU son más de 50 millones de personas. y en California el 40% de la población. Quizás este sea el verdadero motivo de la intervención del Papa, el previsible pulso entre católicos y protestantes. Esperemos que no esté interviniendo en esto la “mano negra” de las finanzas

Si la intención es justificar las invasiones en nombre de la civilización (¡Irak?), peor aún, en cuanto que son argumentos propiamente colonialistas, que es precisamente lo que los colonialistas nos imputan en exclusiva. No debería olvidar el ínclito pensador que como caníbales se ha comportado la mayoría de la humanidad cuando de los 5.000 últimos años, el 85 por ciento se han derrochado en guerras, entre ellos dos mundiales, muy blancas, con sus múltiples matanzas.

Inmediatamente surgirá la reacción progresista, en defensa de la verdad, la cual, por supuesto, es muy necesaria y no eludible. Ese progresismo se preguntará si acaso aquello no reportó la muerte de millones de seres, su explotación, su esclavitud. Y como toda idea matizable, será más difícil la defensa equilibrada que la defensa totalizada. Lo bueno y malo que haya hecho España en América hay que contabilizarlo. No valen justificaciones “contextualizadas”. Pero otra cosa es aceptar la manipulación grosera que la historia de España ha sufrido y nosotros hemos aceptado sumisamente.

¿Cabe la defensa de España frente a esos países que crearon la leyenda negra y la sustentan aún, interesadamente? Por supuesto, porque sus colonizaciones han sido peores que la de España, si creemos a Roca Barea. Algo habrá cuando seguimos siendo la “madre patria”. Si todos los países que han sido colonialistas expusieran sus vergüenzas, el mundo daría un importante paso adelante, adentrándose en la verdadera civilización. Pero no hagamos como el del chiste (no recordamos si de El Roto): “Os pedimos perdón en nombre de nuestros abuelos; nuestros nietos os lo pedirán en nuestro nombre”. para que nada cambie y continúe la expropiación de sus riquezas. Y como hay tal problema irresuelto, cabe preguntarse si la derecha nacional no le estará haciendo el juego, una vez más, a la derecha mundial en su globalización “patricida”.

Para abonar lo que se quiere decir hay que recordar que en las ciudades de EEUU se están cortando las cabezas de las estatuas de Colón, cuando en la mitad del siglo XIX se acabó con la población indígena asentada originalmente en California. “Según el historiador Benjamin Madley, de la Universidad de California de Los Ángeles (UCLA), en menos de treinta años la población indígena se desplomó de 150.000 a 30.000 aproximadamente, debido a la matanza efectuada por los colonos que ansiaban hacerse con el oro local”, dice el monárquico ABC. Lo reseñado es parte ínfima de esa su colonización. Ni se respetó la vida de los indígenas, ni sus tierras, ni los pactos contraídos con ellos. Por su parte, Australia era la prisión del Reino Unido; prisión para personas que en muchos casos sólo habían cometido el delito de robar para comer en una sociedad (la inglesa) que no daba trabajo. La finalidad del destierro en realidad no era punitiva, sino esclavista. Incluso ahora aparecen historias de los años cincuenta del pasado siglo sobre niños aborígenes secuestrados para llevarlos a manufacturas del país.

Parece ser que desde 2016 en los colegios de EEUU se realiza un extraño rito que festeja la Hispanidad: se disfraza a los escolares de indígenas y de franciscanos y estos últimos simulan maltratar a los indígenas. Seguramente es una forma alevosa de desembarazarse de las propias culpas trasladándolas al otro.

Concluyendo, creemos que:

No se debe tratar la leyenda negra como cosa pasada. Hay que aclarar la verdad. Comenta Roca Barea que tiene una exposición que explica que fue realmente aquel protestantismo. Lo sorprendente es que no recibe la colaboración que merecería, incluso en el caso de la propia Iglesia católica.

Se ha de tener cuidado con el tipo de antileyenda que se sustenta. Una cosa es desenmascarar las mentiras de la leyenda negra y otra negar cualquier tipo de colonialismo realizado en América, o justificarlo con sandeces canibalistas. No creemos que Junípero Serra hubiera aplaudido la frase.

Hay que tomarla como ejemplo de lo que son las leyendas negras contra otros pueblos o culturas. Es decir, que actualmente sigue habiendo leyendas negras, por lo cual hay que cogerlas con pinzas y realizar una mínima investigación sobre el asunto, para saber qué es cierto y qué difamación. Increíble que la xenofobia sea un delito universal; no lo parece.

Hay que tomarla como un asunto de política exterior, por lo cual hay que tratarlo convenientemente. Que no se utilice por extraños para dividirnos una vez más entre españoles y entre españoles e hispanoamericanos. Que el mundo hispanoamericano se anglosajonice o mantenga su propia identidad (igual que nosotros) es vital para todos.

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