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Alegoría del Nuevo Mundo, José de la Mota, 1721. Representa a Cristo entregando el mundo al emperador Carlos V y al Papa,
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Alegoría del Nuevo Mundo, José de la Mota, 1721. Representa a Cristo entregando el mundo al emperador Carlos V y al Papa,

Sobre el patronazgo

  • Por María del Carmen Calderón Berrocal*

viernes 29 de agosto de 2025, 17:12h
Sobre el patronazgo

29AGO25 – SEVILLA.- Durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, el patronazgo sobre iglesias y conventos se consolidó como una de las formas más eficaces de expresión del poder y la piedad de la nobleza titulada y de las élites emergentes en Castilla.

Arma social

A través de la dotación de capillas funerarias, sufragios y vínculos espirituales con las órdenes religiosas, estas familias aseguraban no solo su salvación eterna, sino también su representación social en el mundo terrenal. El patronazgo era, en este contexto, símbolo de nobleza, instrumento de prestigio y vía de perpetuación de la memoria familiar.

Este tipo de mecenazgo no respondía únicamente a impulsos devocionales. En una sociedad estamental y profundamente marcada por la cultura del linaje, ejercer el patronato sobre una comunidad religiosa significaba disponer de un espacio donde exhibir escudos heráldicos, establecer ritos funerarios solemnes y, al mismo tiempo, reforzar alianzas sociales y políticas. Las iglesias se convertían así en auténticas cortes familiares, escenarios de poder simbólico en los que se manifestaba la continuidad del linaje.

Para muchas familias castellanas, cuyo ascenso social había comenzado con la compra de oficios concejiles o títulos de hidalguía —operaciones no exentas de elevados desembolsos económicos—, el acceso al patronato suponía una consagración pública de su posición. El mayorazgo, los matrimonios estratégicos, las alianzas endogámicas y la incorporación de miembros al clero regular o secular eran parte de un proyecto familiar bien calculado, orientado a concentrar la riqueza, proteger los bienes y asegurar la estabilidad de las generaciones futuras.

Diversificación de actividades

La economía de estas casas se sustentaba en una amplia diversificación de sus actividades: tierras propias y arrendadas, negocios ganaderos y mercantiles, industrias como la del jabón o los molinos, inversión en juros y censos; y una presencia activa en los mecanismos de crédito local. Las escrituras notariales conservadas evidencian esta intensa actividad prestamista y comercial: poderes, obligaciones, censales y ventas de productos del campo o de la lana se suceden como prueba documental de un entramado económico que iba más allá de la simple posesión de tierras.

Refugio honroso y/o morada de ultratumba

En este contexto, la protección de los conventos no solo garantizaba la continuidad de obras inacabadas o el sostén espiritual de sus miembros, sino que ofrecía a las familias poderosas un refugio honroso para las hijas sin dote o los parientes sin carrera civil.

Así, el patronazgo conventual se convirtió en una estrategia clave de movilidad y consolidación social, uniendo intereses espirituales, económicos y políticos bajo el mismo techo sagrado.

Etimología y conceptos

  • Patronato (del latín patronatus) hace referencia al derecho o poder del patrón sobre una institución, persona o causa.

  • Patronazgo se usa también como sinónimo, aunque en el lenguaje académico a veces se reserva más para la acción de proteger o financiar, especialmente en contextos culturales y artísticos.

  • El patrón, en este contexto, no es solo un protector, sino un intermediario con poder, que ejerce influencia o autoridad sobre una institución, generalmente de carácter religioso o benéfico.

El patronato eclesiástico (Edad Moderna)

Durante la Edad Moderna (siglos XVI–XVIII), el patronato eclesiástico fue un instrumento clave de la nobleza y de los sectores en ascenso (funcionarios, comerciantes, oligarquías urbanas) para reforzar su estatus. Podía ser:

  • Patronato regular: sobre conventos u órdenes religiosas (dominicos, franciscanos, agustinos, etc.).

  • Patronato secular: sobre parroquias, capillas, ermitas, hospitales o fundaciones piadosas.

El patrón no era el propietario del edificio, pero sí tenía ciertos derechos y privilegios:

  • Elegía al capellán o prior (con aprobación eclesiástica).

  • Organizaba su sepultura en la capilla mayor.

  • Colocaba sus escudos de armas y símbolos familiares.

  • Financiaba obras o donaciones a cambio de misas y memoria perpetua.

Este sistema se basaba en un intercambio simbólico y funcional: la Iglesia obtenía recursos y mantenimiento; el patrón obtenía salvación, prestigio y visibilidad.

Instrumento de poder

El patronato era un instrumento de poder que:

  • Reafirmaba la hegemonía de un linaje en una localidad o región.

  • Permitía crear “cortes familiares” en torno a una iglesia o convento.

  • Garantizaba la colocación de miembros de la familia (especialmente mujeres) en instituciones religiosas.

  • Favorecía el control social y cultural, gracias a la influencia espiritual y simbólica sobre la comunidad.

Esto hacía del patronato una herramienta para la reproducción de las élites, muy especialmente cuando se vinculaba al mayorazgo o a políticas matrimoniales estratégicas.

Patronazgo artístico y cultural

A partir del Renacimiento, el término “patronazgo” también se asocia con el mecenazgo artístico o intelectual. Los patrones financiaban obras de arte, arquitectura, música o literatura, con fines de prestigio y propaganda personal o dinástica. Son ejemplos famosos: los Medici en Florencia, la monarquía española con El Escorial, nobles y obispos que encargaban retablos, capillas, órganos, manuscritos, etc. Aquí, el patrón se convierte en agente cultural, mediando entre la producción simbólica y la representación del poder.

El patronazgo en el contexto colonial

En América, el Patronato Real Indiano fue un sistema por el cual la Corona española asumía la protección, financiación y control de la Iglesia en los territorios de ultramar. Permitía al rey nombrar obispos, controlar diezmos, autorizar construcciones religiosas, etc. Fue una forma de instrumentalización política de lo religioso al servicio de la Monarquía Católica.

Pervivencia y transformaciones

Aunque el patronato como figura jurídica perdió poder con la secularización y las reformas liberales del siglo XIX, su lógica pervive en otras formas:

  • Fundaciones privadas religiosas o benéficas.

  • Mecenazgos culturales modernos.

  • Relaciones clientelares políticas o económicas.

  • Uso simbólico del espacio religioso o patrimonial como marca de prestigio familiar.

El patronazgo/patronato ha sido una institución compleja y multifuncional, en la que confluyen religión y política, economía y salvación, memoria y prestigio, poder familiar y representación social.

Es una categoría útil para estudiar las formas históricas de control, legitimación y reproducción del poder, sobre todo en las sociedades estamentales, pero con proyecciones incluso en el presente.

Desarrollaré brevemente tres aspectos fundamentales relacionados con el patronazgo en la Edad Moderna y Moderna Tardía: el patronazgo artístico, el papel de las mujeres en él y los conflictos entre Iglesia y patronos. Estos tres enfoques se entrelazan con el poder, la representación simbólica y las tensiones de una sociedad jerárquica y profundamente ritualizada.

1. El patronazgo artístico: poder, devoción y representación

El patronazgo artístico fue una de las formas más visibles de proyección de poder e identidad de las élites. Financiando obras de arte, arquitectura o música sacra, los patrones no solo expresaban su piedad y generosidad, sino que inscribían su memoria en los espacios sagrados. Sus funciones principales fueron:

  • Devocional: expresar su fe, conseguir indulgencias, sufragios y oraciones.

  • Estética y simbólica: embellecer el templo, mostrar refinamiento y cultura.

  • Propagandística: consolidar la imagen del linaje mediante escudos, retratos, inscripciones laudatorias, epitafios, donaciones públicas, etc.

Tenemos como ejemplos las capillas funerarias como la del condestable Luna en la catedral de Burgos, los retablos mayormente financiados por familias locales, donde aparecen sus santos patronos o retratos orantes; o donación de órganos, cantorales, relicarios o tejidos litúrgicos firmados o dedicados. El arte religioso se convirtió así en una forma de eternización del poder familiar y el templo en un espacio compartido entre lo divino y lo aristocrático.

2. El papel de las mujeres: devoción, mediación y patronazgo en la sombra

Aunque el discurso del poder estaba en masculino y mayoritariamente controlado por los herederos del mayorazgo, las mujeres jugaron un papel clave en el patronazgo:

Mujeres como mecenas. Muchas damas nobles financiaron capillas, retablos, fundaciones benéficas o conventos, sobre todo si eran viudas o solteras con control sobre sus bienes. En su papel de prioras, abadesas o monjas fundadoras, gestionaron recursos espirituales y materiales con astucia y visión política. Tenemos como ejemplo a la infanta María de Aragón, protectora de conventos jerónimos y mecenas de artistas.

Mujeres como beneficiarias. Los patronatos permitían dar salida conventual a hijas sin dote o sin matrimonio conveniente, una forma de protección y mantenimiento del honor familiar. Estas mujeres a menudo entraban en conventos fundados o protegidos por sus propias familias, reproduciendo así la red de poder dentro del espacio religioso.

Tenemos el caso de la fundación del Hospital de las Cinco Llagas de Sevilla, hoy sede del Parlamento de Andalucía, su fundadora Catalina de Ribera y Mendoza, hija segunda del Adelantado Mayor de Andalucía, al quedar viuda de su antes cuñado y después esposo, Pedro Enríquez de Quiñones, creó un hospital para beneficio de mujeres, donde se curarían mujeres que fuesen curables y donde se enseñaba a otras para que tuviesen un lugar en la vida: la toma de estado, bien religiosas o casamiento para formar una familia, sea como fuere, se las instruía, aprendían una profesión e incluso podían quedarse a trabajar en el mismo Hospital.

c) Mujeres como mediadoras. Muchas actuaron como gestoras discretas de los vínculos entre familia e Iglesia, negociando con confesores, capellanes, prelados o visitadores. El patronazgo les permitió, en un marco patriarcal, construir una agencia propia, espiritual pero también cultural y económica.

3. Conflictos entre la Iglesia y los patrones: poder compartido, poder en disputa. Aunque el patronato era una alianza mutuamente beneficiosa, no estuvo exento de tensiones y conflictos. Fueron causas comunes de fricción:

  • Intervencionismo excesivo del patrón en los asuntos internos del convento (nombramientos, control de rentas, uso del espacio).

  • Disputas sobre la interpretación del derecho patronal, especialmente si no estaba bien documentado o había herederos en conflicto.

  • Negativa eclesiástica a aceptar ciertas condiciones impuestas por los patrones (como la presencia constante de sus sirvientes o el uso exclusivo de capillas).

  • Problemas por la presencia de mujeres seglares poderosas en la vida conventual (como mecenas, donantes o "señoras" de facto del convento).

Muchos obispos chocaban con la autonomía que pretendían los patrones, lo que generaba informes, litigios y tensiones públicas. Estos conflictos reflejan que el templo era un espacio negociado, donde confluían intereses religiosos, familiares, económicos y de representación simbólica. La Iglesia necesitaba al patrón, pero no quería perder su autonomía ni permitir laicizaciones excesivas del culto o del claustro.

Dimensión

Función del patronato

Artística

Proyección visual del linaje, legitimación espiritual del poder

Femenina

Ejercicio de poder indirecto, protección familiar, fundación conventual

Conflictiva

Disputa entre jurisdicciones, límites de la autoridad espiritual y secular

Pero existe, además, otra forma de patronato: el patronato regio.

Patronato Regio

El Patronato Regio fue una institución clave en la relación entre la Monarquía Hispánica y la Iglesia Católica, especialmente en los territorios de América y Asia, aunque también tuvo, por supuesto, implicaciones en la Península Ibérica. Representa un punto crucial donde poder político y poder religioso se entrelazan, dando lugar a una forma singular de gobernanza espiritual y administrativa.

El Patronato Regio (o Patronato Real) fue el derecho concedido por el Papa a los Reyes Católicos (y sus sucesores) para intervenir en asuntos eclesiásticos en los territorios bajo su dominio, especialmente en los reinos de Indias. Este derecho incluía:

  • Nombrar obispos, abades y cargos eclesiásticos importantes.

  • Organizar diócesis, parroquias, cabildos y misiones.

  • Construir y financiar templos, conventos, hospitales.

  • Percibir y administrar los diezmos, a veces incluso con fines civiles.

Se institucionalizó oficialmente en las bulas papales Inter Caetera (1493), Eximiae Devotionis (1493) y Universalis Ecclesiae Regimen (1508), que otorgaron a los Reyes Católicos un papel casi episcopal en los territorios recientemente descubiertos, bajo la condición de evangelizar a los pueblos indígenas.

En lo jurídico, el rey ejercía un quasi episcopado en los territorios americanos y filipinos. En lo religioso, debía velar por la fe católica, fundar iglesias, financiar clero, proteger la moral cristiana. En lo político, la Iglesia quedaba subordinada en muchos aspectos al aparato estatal. En lo económico, la Corona administraba diezmos, rentas eclesiásticas y supervisaba las fundaciones. Tenía también una función misionera, pues el patronato incluía el encargo de evangelizar a los pueblos indígenas y fundar misiones.

Era una delegación del poder eclesiástico al poder real, que a menudo generó formas de control casi absoluto sobre el clero, especialmente en el Nuevo Mundo.

Funciones del Patronato Regio

  • Nombramientos: El rey proponía los nombres de obispos, canónigos, abades y otros cargos, que luego eran confirmados por Roma.

  • Financiación del culto: Costeaba la construcción de iglesias, el sostenimiento del clero y las misiones.

  • Justicia eclesiástica: Intervenía en conflictos entre clero y laicos, a menudo por medio de autoridades virreinales o audiencias.

  • Control doctrinal y moral: El rey actuaba como garante de la ortodoxia, colaborando con la Inquisición.

  • Gestión del diezmo: Parte de los recursos recaudados por la Iglesia podían pasar por manos de funcionarios civiles.

Consecuencias del Patronato Regio

Positivas. Permitió una rápida organización de la Iglesia en América y Asia. Aseguró una estrecha colaboración entre Corona e Iglesia en la empresa colonizadora. Facilitó la construcción de una red de instituciones religiosas (colegios, misiones, conventos, hospitales...).

Problemáticas. Generó un clericalismo estatal: la Iglesia dependía excesivamente del poder civil. Muchos obispos eran funcionarios reales más que pastores espirituales. Se dificultaba la independencia del clero frente a las decisiones políticas y económicas de la Corona. Originó tensiones con el papado, especialmente en el siglo XVIII (época borbónica).

Reformas y crisis del Patronato Regio

Durante el siglo XVIII, las reformas borbónicas reforzaron el regalismo (es decir, la supremacía del rey sobre el poder eclesiástico):

  • Se expulsó a los jesuitas (1767), símbolo del poder autónomo de la Iglesia.

  • Se sometió a los obispos a mayor control estatal.

  • Se promovió una Iglesia más nacional, ligada al proyecto ilustrado de “limpiar” supersticiones y controlar el clero popular.

El Patronato Regio sobrevivió hasta el siglo XIX, pero entró en crisis con los procesos de independencia en América y con las políticas liberales y desamortizadoras en España.

El Patronato Regio fue una forma singular de dominio religioso con implicaciones políticas, culturales y sociales profundas. En él, el rey no era solo defensor de la fe, sino administrador práctico del catolicismo en sus territorios, particularmente en los imperios de ultramar.

Fue útil para la evangelización y construcción institucional, pero también representó una instrumentalización del poder espiritual al servicio de los fines imperiales y estatales.

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*María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia. Ciencias y Técnicas Historiográficas, Correspondiente por Extremadura en Academia Andaluza de la Historia, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca. Secretaria Canciller de la Asociación de Cronistas de Extremadura y miembro de la Real Asociación de Cronistas de España

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