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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

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Calor y Cambio Climático

  • A mi amigo Juan Ignacio Vera

Por Germán Ubillos Orsolich
viernes 13 de agosto de 2021, 02:22h

13AGO21 – MADRID.- El año 2000, estando yo trabajando en el Gabinete de Prensa del Gabinete del Ministro de Fomento, coincidiendo con la llegada del verano tan caluroso, y buscando tema del que escribir – una costumbre muy mía –, mirando distraídamente los teletipos de las Agencias de Noticias, EFE, Reuter, Europa Press y Colpisa, observé que la noticia que más se repetía o mejor dicho las dos palabras que más se reiteraban como un martillo pilón, eran las combinadas “CAMBIO” y “CLIMA” o “CLIMÁTICO”

En 2004, este libro presagiaba lo que estamos viviendo...
En 2004, este libro presagiaba lo que estamos viviendo...

Fue entonces, con mi raro instinto comercial heredado de mis ancestros todos ellos dedicados al comercio y a los negocios, que ya que tanto se repetían era porque sin duda estaban calando en las conciencias individuales y colectivas de las personas.

Así, ni corto ni perezoso, de ésta manera tan absurda me decidí a escribir sobre el tema “CAMBIO CLIMATICO”, del que por cierto no tenía ni la menor idea. Pero con mi voluntad de hierro y mi tenacidad de mula me puse a trabajar sobre el tema ocho horas diarias, lo que había hecho ya más de una vez al pasar prácticamente del analfabetismo - leyendo solamente el “Marca” y el “As”- a conseguir el “Premio Nacional de Teatro”, y con su estreno preceptivo en el actual Centro Dramático Nacional la fama a nivel nacional y sus conexiones internacionales.

El teatro, para el que decían había nacido fue sustituido por lo narrativa y más concretamente por la ficción científica, que no la ciencia ficción; esto es, por un tema que sin haber pasado aún sin embargo podría estar muy cerca de ocurrir.

Esto me daría pie en poco tiempo para entablar conocimiento y amistad con personalidades como Manuel Toharia, César Pérez de Tudela, Cristina Narbona, Teresa Ribera, Eduardo Sotillos, Juanjo Alonso Millán, Alberto Martín Baro; y mis ya proverbiales L.Mª.Anson, Carmen Resino, Mario Antolín Paz o José María Gironella.

Simultaneando mi trabajo proverbial de funcionario del Cuerpo Técnico de la Administración Civil del Estado con el de la escritura, tanto en la Biblioteca del Ministerio de Medio Ambiente, como en mi reducto de la del Instituto Nacional de la Vivienda - en aquellos momentos para mi inolvidables para mí, dada la consideración y el cariño que siempre me profesaron sus representantes, además de alentar mi vocación ancestral y darme la libertad de los pájaros -, se operó un hecho que hoy en día hubiese sido prácticamente imposible, dado como se han puesto las cosas. La penuria, la crisis económica, el COVI, y lo que es peor la miseria mental de una raza en decadencia, eso sí en una flamante y falsamente brillante democracia, donde todo gerifalte se hace llamar demócrata, cuando antes quizá no lo era, tanto como el más miserable de los empleados, o del portero de la esquina que está apurando su colilla.

Bien. El año 2004 el valiente, arriesgado e inolvidable editor Carmelo Segura, de “Entrelineas Editores” dio a la imprenta “Cambio Climático” – ha empezado la cuenta atrás -”, el primero de los tres volúmenes de la trilogía, con bibliografía en inglés y en castellano; al que seguirían “Cambio Climático – Los supervivientes” (año 2006); y a éste y finalmente “Cambio Climático- El Retorno” (año 2008).

Esto es, la trilogía de ficción científica de la que me siento más orgulloso, y quizá también mi editor y amigo Carmelo Segura y su esposa María Eugenia Fernández Cintas.

En esta trilogía tuve el honor de aportar todo cuanto se sabía entonces y me temo se sigue sabiendo ahora sobre el fenómeno del “Cambio Climático”, fruto de la demencial actividad humana. Pues si nuestro querido planeta ha sobrevivido a las glaciaciones más brutales o a las subidas térmicas naturales más tremendas - diez grados en cien años, antes de la edad de los metales -, cuando los habitantes del planeta entero no superaba el millón de habitantes, y que sin embargo supimos superarlo como raza.

Stephen Hawking declaró antes de morir que a este planeta del Sistema Solar no le quedaba más de un siglo de habitabilidad, dados los desperdicios, gases de efecto invernadero, aerosoles, excrementos de grandes animales, dióxido de carbono y demás humos y excrecencias de fábricas, automóviles, trasportes de viajeros y de materiales de gasolina y fuel, así como de aviones y cohetes espaciales de puesta en órbita de satélites artificiales.

Bien. Así, hacia el año 2008 pasé a convertirme en una de las personas que mejor conocían, que más sabían acerca del fenómeno peligrosísimo del Cambio Climático. Bien es verdad que en este país nadie escucha a nadie, país de envidias y de recelos, como decía y recalcaba Eduardo Punset en sus programas de Televisión 2.

De poco valió mi trilogía, por supuesto, aunque manejara los datos más fiables y contrastados del “Intergubernamental Panel of Climate Change”.

No se llegó a hacer un filme de ésta, pero los norteamericanos hicieron varias películas de hechos aislados de la catástrofe que se nos podía venir encima.

Así las conferencias de Kioto, de Paris, los intentos por salvar el planeta, alentados por una juventud subconscientemente aterrada y unos científicos sudorosos de grandes melenas blancas, que corrían de la ceca a la meca alertando; mientras los Estados Unidos de América no firmaban el Protocolo de Kioto y China - la gran emisora de basura aérea -, tampoco lo firmaba; ante el estupor de mi amigo Javier Gregory, Jefe de la Sección de Periodismo Científico de la Cadena Ser, que iba y venía a los Congresos Internacionales con el ministro o ministra de turno, para intentar llegar a un acuerdo que salvara el planeta, y volvía escandalizado y abatido contándome las estupideces y los horrores de los que era testigo; como por ejemplo que ciertos congresistas asistentes para salvar el clima se dedicaban a hablar del intercambio de armamentos y negociaban sobre ellos.

Pues bien, amigos, ahora me toca deciros lo siguiente:

El clima en la tierra es como una canoa, como una piragua que descendiera por la corriente turbulenta de un rio proceloso hacia el confín de los mares. Si la canoa se bambolea a un lado y al otro lado no pasa nada…, pero si del fondo de los océanos el calor acumulado por los gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial del siglo XIX hasta la actualidad, vomitaran hacia la superficie de los mares todo ese calor, lo que es como decir que la llamada Corriente Termoalina que los interconecta se detuviera de pronto, la temperatura terrestre subiría cerca de 50 grados y la superficie marina ascendería ochenta metros aproximados de su nivel actual. Esto es, las predicciones de Stephen Hawking quedarían cortas, pues la piragua en uno de esos golpes de calor, como el que estamos sufriendo ahora, volcaría, y nosotros, habitantes del planeta, moriríamos irremisiblemente ahogados, asfixiados, aprisionados por la propia canoa para no vivir jamás…..

Y la tierra sería un planeta silencioso, féretro azulado y esférico, planeta azul deshabitado, en cuyo interior quedarían los restos de lo que fue la raza humana, de lo que fue y de lo que pudo ser…

Y la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia, la Suma Teológica, la Gioconda, “Muerte en Venecia” o “El Quijote”, reposarían en el fondo de ese féretro apetecible y azul, miles, millones de años; hasta que el Sol se transformara en una estrella gigante, negra y fría, que muy posiblemente dado su crecimiento final terminaría por engullir a nuestro propio planeta, antes llamado La Tierra.

Esto amigos no sé si va ocurrir, ni cuándo. Solo pido a Dios no vivir para ese día, no ser testigo viviente de mi propia trilogía.

Lo que sí puedo aseguraros es que este calor que estamos padeciendo estos días, con temperaturas en Córdoba a la sombra de 47º grados centígrados, y en Madrid capital de 42º grados, es la manifestación fehaciente para España de las olas de calor (“un calor desconocido”), cada vez más frecuentes y más intensas, propias del “Cambio Climático”. Aquella historia de la que decidí documentarme a fondo y que comenzara a escribir allá en mí lejana juventud, cuando observé que las noticias de las agencias de noticias EFE, Europa Press, Colpisa y OTR, repetían machaconamente dos palabras aún entonces casi enigmáticas por poco conocidas: “CAMBIO CLIMÁTICO”.

Desafortunadamente, pareciera que los gobiernos tienen menos preocupación por este tema que el ciudadano común... (imagen de referencia)
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Desafortunadamente, pareciera que los gobiernos tienen menos preocupación por este tema que el ciudadano común... (imagen de referencia)

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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