En el camino se levantan laderas cubiertas de encinas, jaras y alcornoques, mientras sobre nosotros planean cigüeñas, milanos y garzas que parecen custodiar el silencio del río. El aire se llena de sus cantos y de los matices que deja el viento al rozar las hojas, y cada tramo del paisaje nos invita a detenernos, a escuchar, a nombrar lo que a menudo pasa desapercibido.
A lo largo del recorrido, visitamos pueblos que beben del río y que lo celebran en sus plazas, en sus puentes y en sus antiguas murallas: Ceclavín, Alcántara, Mirabel, Garrovillas de Alconétar, Mata de Alcántara, Serradilla, Zarza la Mayor. Desde las villas que nacieron al amparo del Alagón hasta las que se asoman al poderoso Tajo, cada población aporta una historia, una voz, una huella que se suma al poema del camino.
Este libro es, por tanto, una travesía, una contemplación del agua que avanza, del vuelo que se abre y de la vida que brota en cada margen. Un homenaje a dos ríos que, al fluir, nos enseñan a mirar de nuevo.