José María Fonseca, presidente de Terras Gauda, es artífice - alma mater -, de este entramado empresarial de la tierra de Breogán, que tiene su matriz y origen en la bodega pontevedresa Terras Gauda, con sede en O Rosal. Suerte para el maestro, que desde hace unos años, su hijo Antón Fonseca, consejero delegado y vicepresidente ejecutivo, da continuidad y presencia internacional a la exitosa estela familiar de la empresa lerense. Fue el prestigio y posicionamiento de liderazgo que alcanzaron durante años los vinos Terras Gauda, pionera y referente de los vinos de albariño, con sello Rías Baixas en O Rosal (Pontevedra), cuando los Fonseca decidieron ampliar su expansión, adquiriendo a mediados de 2002 Bodegas Pittacum en la D. O. Bierzo. Después llegaron los formidables tintazos ribereños de Quinta Sardonia en la Milla de Oro de Ribera del Duero, y más recientemente, la búsqueda de suelo y viñedos de calidad para instalarse en tierras riojanas fundando la Compañía de Vinos Heraclio Alfaro. A Rosaleira, la conservera que procesa vegetales, sin aditivos ni conservantes en sus huertos ecológicos gallegos, cierra el círculo por el momento, del Grupo Terras Gaudas.
LA MARAGATA, UNA JOYA DE PITTACUM EN TERRAS GAUDA
Comenzaré manifestando la gran calidad de los vinos tintos atlánticos elaborados por Bodegas Pittacum, recolectados en viñedos viejos, con uvas de la variedad mencía que es emblema de la variedad tinta del Bierzo. O los elaborados en esta misma Casa, con garnacha tintorera, variedad muy minoritaria en la región. Igualmente, me entusiasman los vinos jóvenes de godello, que elaboran diferentes bodegas de la D.O. Pero un punto y aparte, entre los vinos hechos con la inigualable variedad blanca berciana, es un blanco de fantasía: de nombre LA MARAGATA. Formidable godello de guarda, de Bodegas Pittacum. Gozosa “rareza”, que descubrí por pura casualidad en una cata privada. Las uvas proceden de un viñedo de altura, que presta su nombre al vino, situado a 720 metros al pie de los Montes Aquilianos. La composición edafológica del suelo, relativamente pobre en nutrientes, permite la retención del agua, y dada su profundidad conforma un excelente arraigo a las raíces de las cepas de godello en las parcelas que las cobijan.
Las uvas de La Maragata, se vendimian con una maduración avanzada que favorece la concentración de azúcares. Una vez seleccionadas en mesa, se prensan despalilladas, macerando levemente con las pieles. El mostro fermenta en madera en barricas de roble nuevas. Durante el tiempo necesario y por espacio de cada dos semanas, se bazuquea el vino para que las lías finas permanezcan en suspensión, y puedan proporcionarle durante su crianza de doce meses, cremosidad volumen y sedosidad, a la vez que potencian su complejidad y estabiliza el color. La Maragata, presenta un bonito color amarillo. En nariz, a copa parada, se aprecian sutiles aromas de avellanas procedente de su crianza en madera. Simultáneamente asoman los cítricos, y al poco, aromas de fruta blanca madura. En boca se hace presente la frutosidad del mejor melocotón de Calanda y la piña del caribe en sazón. La Maragata es un godello con un posgusto muy largo, un buen volumen y una destacada estructura. Un singular blanco de guarda, formidable elaboración, que evoluciona, proporcionando asombrosos matices a lo largo del completo trayecto gastronómico.
(Desde sus inicios, Terras Gauda incorporó innovadores proyectos de investigación, colaborando con métodos de tecnología puntera en instituciones nacionales e internacionales: Optimizó el rendimiento y calidad de sus diferentes variedades de uva, potenciando y otorgando complejidad a sus blancos, al incorporar levaduras autóctonas en la fase de fermentación. Agregó a sus novedosas elaboraciones las variedades vernáculas caiño blanco y Loureiro. Realizó investigaciones edafológicas para mejorar el rendimiento del viñedo, implementando métodos ecológicos para el control de plagas, la recuperación de clones ancestrales y variedades en peligro de extinción).