La muestra que podrá visitarse hasta el día 15 de este mes, en horario de 17:00 a 20:00 horas, cuenta con el apoyo del Ayuntamiento, está compuesta por una veintena de fotografías, paneles explicativos y mapas. Se ofrece, también, un video de corta duración en el que se explica la historia de las explotaciones salineras en el pueblo.
En la presentación, junto a los autores, estuvieron presentes el alcalde cabezonense, Víctor Reinoso; la Concejala de Cultura, María Jesús García, y Román Varona.
La presentación corrió a cargo de Sara Escalante, directora de la Oficina Municipal de Turismo, señalando que “hoy nos reunimos en torno a un capítulo fundamental del pasado de Cabezón de la Sal. Una parte de nuestra trayectoria que está presente incluso en nuestro propio nombre y que, sin embargo, quizá no siempre conocemos con la profundidad que merece. Porque hablar de la sal es hablar de cómo era nuestro pueblo, de una actividad que dio trabajo a muchas familias, de unas instalaciones que formaron parte de nuestro paisaje y de personas que dedicaron buena parte de su vida a aquella explotación”.
A través de las fotografías y los documentos se puede descubrir cómo era el Pozo de Tresano, cómo se trabajaba en las galerías, cómo se extraía la sal y cómo fue evolucionando el sistema de explotación hasta llegar a la producción de salmuera y su transformación en la fábrica. Pero lo más interesante es que detrás de cada imagen hay personas, recuerdos y vivencias. Personas que trabajaron allí, que conocieron aquel mundo de primera mano y que forman parte de la memoria de Cabezón, continuó explicando.
“Desde Turismo siempre insistimos en que para conocer un lugar hay que conocer también su pasado. No basta con enseñar lo que tenemos hoy; es importante explicar de dónde venimos y qué ha ocurrido aquí para entender el municipio en el que vivimos”, apuntó Sara Escalante, mientras agradeció al Ayuntamiento de Cabezón de la Sal que siga impulsando iniciativas de este tipo.
La exposición pretende dar a conceder el mundo de la sal en Cabezón, acercándonos a una etapa del pasado que ha dejado una huella profunda en la memoria y en el paisaje de la villa. Para ello se ha tenido en cuenta las investigaciones de López Carrasco, geógrafo e historiador vinculado al Centro de Estudios Rurales de Cantabria, así como los testimonios de vecinos que conocieron la mina de Tresano.
La actividad salinera no fue solo una fuente de trabajo y sustento para muchas personas. También, formó parte de un proceso de transformación cuy impacto dejó se dejó sentir en el entorno. Los hundimientos y la desaparición de edificios emblemáticos son parte de ese legado nos recuerdan que el desarrollo de una actividad económica puede dejar huellas que perduran mucho más allá de su tiempo, condicionando el paisaje y la vida de una localidad. Conocer este pasado nos ayuda a comprender mejor la evolución de Cabezón, reconocer el esfuerzo de quienes vivieron aquella época y valorar los cambios que han dado forma a la villa.
HUNDIMIENTOS
Las Salinas de Cabezón (Pozo Muera de Salines) se documentan por primera vez en el siglo IX. A lo largo de su historia ubo varios pozos. Desde finales del siglo XIX se comenzaron a producir depresiones del terreno, especialmente en la zona de Las Tueras, en el cruce de las carreteras de Oviedo y Cabuérniga. Una de las causas fue la disolución de las sales y los yesos del diapiro salino.
Entre finales del XIX y la década d ellos 30 del siglo XX, las edificaciones que se arruinaron en Navas, El Travieso y La Mata fueron numerosas, pero en 1.963 se inició un proceso que en poco tiempo derivó en la demolición de más de una docena de edificios, originando una cerrada oposición de numerosos habitantes a la explotación de la sal, que solo tuvieron efecto 16 años más tarde. Las explotaciones continuaron hasta 1.979.
La sal de Cabezón abasteció por ferrocarril a la industria de Solvay, en Barreda, para la elaboración de sosa. Viajó, también, a países de ultramar. Otros productos como bolas de sal sirvieron alimentar al ganado y las placas para Sudan. El despliegue de la producción de sal en Polanco, afectó a las salinas cabezonenses. En 1.923 las salinas del poco Ramón se desmanteló esta fábrica y el pozo fue rellenándose con tierra y escobros durante años.