Carrizosa ha viajado por los cinco continentes. Y quizá por eso, cuando le pregunto quién es hoy, más allá de cargos y reconocimientos, no comienza hablando de periodismo. Elige una palabra mucho más reveladora: es una persona agradecida.
—Pilar, has construido una trayectoria muy reconocible en comunicación, radio, televisión, turismo, gastronomía, viajes y relaciones institucionales. Si tuvieras que definirte hoy, más allá de los cargos y de los reconocimientos, ¿quién es Pilar Carrizosa?
Soy una persona agradecida a la vida por haberme dado la posibilidad de caminar en todas esas direcciones. No ha estado exento de lucha y sacrificio, pero al final he tenido una recompensa. No ha sido fácil. Me lo he trabajado yo sola, no he tenido ayudas, y todo lo que tengo y soy debo decir que me lo he trabajado. Me encuentro reconfortada y agradecida. Ahora sé que puedo caminar con la cabeza alta porque ha merecido la pena. Su respuesta marca, desde el comienzo, el tono de nuestra conversación.
Pilar Carrizosa no presenta el éxito como una sucesión ordenada de acontecimientos felices. Habla de lucha, de sacrificio, de puertas que no se abrieron y de la necesidad de encontrar el propio camino. En un momento de la entrevista utiliza incluso una palabra sorprendente para definirse: «gladiadora».
Pero inmediatamente amplía esa condición a tantas mujeres y hombres que han tenido que buscar su lugar mediante el esfuerzo, la insistencia y la capacidad de comenzar de nuevo. También reconoce haber aprendido algo que los años terminan enseñando: no todas las puertas cerradas tienen que derribarse. A veces un camino que no se abre sencillamente no era nuestro camino. «La vida es un aprendizaje», dice.
Y su trayectoria parece construida precisamente sobre esa certeza.
—¿Piensas que te ha resultado más difícil por ser mujer?
Por ser mujer no siempre es tan fácil como para los hombres. Sí es cierto que quizá a los hombres se les facilitan ciertos aspectos que a las mujeres no. Pero al final se trata de sacar adelante tus objetivos y de decir: «Bueno, pues es así; vamos a luchar dos veces más, pero al final tengo que obtenerlo». Y si no lo obtengo, será por algo, porque cuando en la vida las cosas pasan es por algo y, cuando no pasan, también es por algo. No hay victimismo en sus palabras. Tampoco negación de los obstáculos. Hay conciencia de la desigualdad, pero también determinación. La respuesta dibuja a una mujer que conoce la dificultad de determinadas estructuras profesionales y que, en lugar de permitir que esas dificultades definan su trayectoria, decidió multiplicar el esfuerzo.
Cuando el mundo se convierte en universidad
La formación periodística de Carrizosa la llevó en sus comienzos a Europa Press. Allí, después de la facultad, empezó a aprender el oficio de redactar, construir noticias y encontrar progresivamente su lugar dentro de la profesión. Más adelante llegaría la prensa del corazón y los viajes relacionados con ese ámbito. Pero algo comenzó a inquietarla. Había estudiado Ciencias de la Información y comprendió que deseaba encontrar otra forma de ejercer el periodismo. Entonces… apareció el viaje. Y el viaje terminó convirtiéndose en una transformación profesional y personal.
—¿En qué momento comprendiste que el periodismo no era solamente una profesión, sino también una forma de mirar el mundo?
Desde el momento en el que me inicié en el mundo del viaje y del turismo. Yo empecé en Europa Press después de la facultad, que es donde aprendes a redactar las noticias y vas perfilando tu segmento como redactora. Después seguí en prensa del corazón, llevaba a famosos de viaje y hacíamos unos posados estupendos, pero me di cuenta de que yo no había hecho una carrera universitaria en Ciencias de la Información para dedicarme solamente a eso. Cubrí una etapa y me llevó al turismo. Pensé: «Aquí la que se va de viaje soy yo y quiero descubrir el mundo». Entonces empecé a viajar y a colaborar con revistas del sector de los viajes. Ahí empecé a descubrir el mundo y a darme cuenta de que el mundo te enseña muchas cosas. Es una pasarela abierta a todo lo que el globo terráqueo te ofrece. He descubierto muchos países y es entonces cuando te das cuenta de todo lo que todavía te falta por ver.Hay una hermosa diferencia entre viajar y simplemente desplazarse. En Carrizosa, el viaje se convierte en conocimiento.Los países, las tradiciones, los paisajes y las personas dejan de ser simplemente materiales susceptibles de convertirse en un artículo o un programa. Se transforman en una escuela permanente.
En nuestra conversación surge casi espontáneamente una afirmación: la verdadera universidad es el mundo.
Ella la completa:
«Es la vida, es el mundo y lo que te aporta. Y lo que te enseña». Y vuelve repetidamente sobre una palabra que considera fundamental: valorar.
Viajar le ha enseñado a valorar lo que posee, a observar las enormes diferencias existentes entre sociedades, a comprender otras formas de vida y a desarrollar una mirada más flexible sobre los seres humanos. También a comprobar que conocer otras culturas puede modificar la forma en que uno se relaciona con el otro.
—Has trabajado con destinos, culturas, instituciones, empresas y personas muy diferentes. ¿Qué te ha enseñado toda esa diversidad humana sobre España y sobre el mundo?
España es un país muy solidario. Estoy muy agradecida de ser española porque tenemos una insignia muy importante en el mundo, aunque cada país tiene su personalidad. España tiene una gran capacidad de aceptar a todo el mundo que viene de fuera y tratarlo como a un hermano. Creo que eso es lo bonito del mundo: poder vivir en un mundo globalizado sin perder tu esencia ni tu personalidad como país, pero fomentando esas relaciones humanas en las que reine esa paz que ahora mismo es tan demandada y necesaria.
Hablar con Pilar Carrizosa sobre viajes termina inevitablemente convirtiéndose en una conversación sobre convivencia. Porque cuando se han conocido culturas diferentes, cuando se ha hablado con personas de contextos sociales distintos y se han contemplado otras formas de comprender la existencia, aparece una conclusión que resulta sencilla de formular y mucho más difícil de practicar: respetar al otro no significa convertirlo en nosotros. Significa reconocer que sus costumbres, su historia y su manera de comprender el mundo pueden ser distintas y, precisamente por ello, enriquecernos. Carrizosa lo resume perfectamente: «Cuando sales de tu cultura es cuando empiezas a aprender mucho».
Comunicar en una época que apenas tiene tiempo para escuchar
Nuestra conversación cambia después de escenario. Dejamos los viajes para regresar al periodismo. Vivimos en una sociedad dominada por la velocidad, la imagen y la inmediatez. Las redes sociales han reducido prácticamente a cero la distancia entre un acontecimiento y su difusión. Millones de personas llevan permanentemente en el bolsillo una cámara, una grabadora y una plataforma de publicación. Nunca hemos producido tanta información. Pero quizá nunca haya sido tan necesario preguntarnos qué significa realmente comunicar.
—En una época dominada por la rapidez, la imagen y la inmediatez de las redes sociales, ¿qué significa para ti comunicar con profundidad?
Creo que cuando uno comunica tiene que saber qué va a comunicar de la persona que tiene enfrente: analizarla, estudiarla, saber el tema que van a tratar, ahondar en ello y hablar sobre ello. ¿Se puede hacer de manera rápida? Posiblemente, si lo trabajas. En las piezas de un informativo de un minuto y medio se pueden decir muchas cosas. Y en diez minutos se pueden decir también muchas tonterías. La cuestión es depurar el discurso, ahondar en ello y sacar mucho de poco, pero si te lo trabajas bien. Eliminar lo superfluo e ir a la esencia de lo esencial.
La expresión merece detenerse en ella: «Ir a la esencia de lo esencial». Quizá sea una de las definiciones más certeras que deja esta conversación. Porque la profundidad periodística no depende necesariamente del número de páginas, de minutos o de palabras. Depende del trabajo previo. Investigar. Conocer a la persona que tenemos delante. Entender el asunto sobre el que vamos a preguntar. Separar lo relevante de aquello que únicamente genera ruido. En eso está la clave. Carrizosa reivindica, de algún modo, la preparación como una forma de respeto hacia el entrevistado y también hacia quien escucha, lee o contempla el resultado final. Su mirada sobre la comunicación posee además una dimensión profundamente humana. Habla de bienestar, de felicidad, del valor de encontrar aquello que verdaderamente nos apasiona, de la necesidad de equilibrar obligaciones y deseos y de aprender a gestionar el tiempo y la propia existencia. Ella misma lo denomina un enfoque holístico.
Y quizá ahí se encuentre otra particularidad de su concepción del periodismo: la noticia existe fuera, pero la forma en que decidimos acercarnos a ella también depende de aquello que somos por dentro.
Cuando todo el mundo puede emitir, pero no todo el mundo hace periodismo
Existe otro asunto inevitable. La revolución tecnológica ha democratizado el acceso a la comunicación. Eso ha generado extraordinarias oportunidades, pero también una peligrosa confusión: pensar que disponer de un teléfono, un micrófono o una audiencia convierte automáticamente a alguien en periodista. Carrizosa establece una diferencia clara entre comunicar y ejercer profesionalmente el periodismo.
—Vivimos una crisis de confianza hacia los medios. ¿Qué debe recuperar el periodismo para volver a convertirse en un espacio de credibilidad?
Para empezar, el purismo del periodismo. Hoy día cualquiera con un teléfono móvil caminando por la calle ya se llama periodista, y no es eso. Tiene que existir una formación. Hay personas muy válidas que, sin haber estudiado la carrera, están formadas y pueden, por oficio y por sus habilidades, desarrollar la profesión. Pero cualquiera que agarre un teléfono y diga «voy a preguntar sandeces» y trate frívolamente la profesión lo que hace es dañarla. Entonces pagan justos por pecadores, porque toda la profesión termina perjudicada por una mala praxis. Es una cuestión que trasciende cualquier debate corporativo. El periodismo constituye un compromiso con la información, pero también con la verificación, la formación, el contexto, la responsabilidad y la ética.
Y ella enfatiza aún más: Una cámara permite grabar. Un teléfono permite publicar. Una cuenta en una red social permite alcanzar potencialmente a miles o millones de personas. Pero ninguna de esas herramientas garantiza por sí sola rigor. Y precisamente en una época de enorme abundancia informativa, la credibilidad vuelve a convertirse en uno de los bienes más valiosos de la profesión.
Ser corresponsal del mundo
La trayectoria de Carrizosa también ha pasado por la radio, la televisión y diferentes proyectos periodísticos. Cuando le pregunto si alguna vez ejerció como corresponsal tradicional, responde que no. Pero inmediatamente construye una expresión mucho más sugerente.
Después de haber viajado por los cinco continentes y de haber trasladado experiencias e ideas de numerosos lugares, quizá —dice— haya sido de alguna manera una «corresponsal del mundo». La expresión contiene buena parte de su filosofía profesional. Porque para Carrizosa el mundo es también «un escaparate de ideas». Y añade: No se viaja únicamente para descubrir paisajes. Se viaja para observar soluciones, iniciativas, proyectos, formas de convivencia y maneras diferentes de organizar la vida. Y luego se regresa con algo que contar.
—Si miras atrás y observas toda tu carrera, ¿qué proyecto o qué etapa ha sido la que más te ha transformado personalmente?
Creo que todas las etapas te van transformando. Cuando empecé en el mundo de la radio, en Cadena SER, luego pasé a Onda Cero, COPE... Cada etapa te va aportando. Pero quizá el turismo y descubrir otras culturas ha sido lo que más me ha moldeado la mente y la forma de ver la vida. Viajar te abre la mente, te quita prejuicios y te enseña a ser mucho más humilde y empática.
Esta es una de las respuestas más hermosas de toda nuestra conversación. Carrizosa no dice que viajar la haya convertido en una persona más importante. Dice exactamente lo contrario. La ha hecho más humilde. Porque el gran viaje no consiste únicamente en comprobar cuánto mundo existe fuera. También consiste en descubrir qué pequeño puede ser nuestro propio punto de vista cuando creemos que representa la única manera posible de comprenderlo.
Seguir aprendiendo
Llegamos al final de nuestra conversación. Después de tantos años de profesión, medios, viajes, culturas y proyectos, resulta inevitable preguntarle hacia dónde mira ahora.
—¿Hacia dónde se dirigen hoy tus pasos? ¿Qué proyectos te ilusionan especialmente?
Sigo volcada en comunicar el bienestar, la sostenibilidad y el estilo de vida saludable en mis espacios de radio y prensa.También estoy organizando encuentros y jornadas donde conectamos a marcas, instituciones y proyectos con valores sostenibles.Mi meta sigue siendo la misma: comunicar con rigor, aportar valor a quien me escucha y seguir aprendiendo cada día.
Y ahí aparece nuevamente una de las constantes de toda la entrevista: Aprender. Después de la prensa. Después de la radio. Después de la televisión. Después de los cinco continentes. Después de los encuentros con culturas diferentes. Después de tantos años comunicando. Pilar Carrizosa no coloca al final de su trayectoria una declaración de llegada. Coloca una declaración de continuidad: seguir aprendiendo cada día. Quizá por eso regreso mentalmente a la primera respuesta de nuestra conversación. Le pregunté quién era Pilar Carrizosa cuando se eliminaban de la ecuación cargos y reconocimientos. Y ella respondió: una mujer agradecida. Después de escucharla, uno comprende que no se trataba de una fórmula de cortesía. Es una forma de mirar la vida.
Pilar Carrizosa aprendió que algunas puertas deben abrirse mediante el esfuerzo y que otras, cuando permanecen cerradas, quizá estén indicando que existe otro camino. Aprendió que recorrer el mundo no sirve de mucho si regresamos siendo exactamente los mismos. Que conocer otras culturas debería reducir nuestros prejuicios y aumentar nuestra empatía. Que comunicar exige estudiar antes de hablar. Que el periodismo necesita recuperar rigor para recuperar credibilidad. Y que, aun después de una larga trayectoria profesional, siempre queda algo nuevo por descubrir.Quizá ahí resida la auténtica riqueza de quien ha hecho del mundo su universidad:haber viajado mucho y conservar intacta la curiosidad por aquello que todavía no conoce. Gracias Pilar, por tu tiempo, por tus enseñanzas, pero sobre todo por ser una ciudadana del mundo que contribuye a que este sea un lugar mucho mejor.
(Entrevista publicada originalmente el día 04SEP26, en el medio digital: DiarioSigloXXI )