Este es el dilema, este es el problema, hay personas mejores o peores pero nadie puede ver a Dios sin tener limpia la conciencia y no ir arrastrando la pesada carga del sentimiento de culpa. Como Sísifo arrastramos la pesada piedra cuesta arriba para verla descender rodando velozmente hacia el profundo valle y tenerla de nuevo que subir hasta lo más alto de la montaña.
Nadie, absolutamente nadie está libre de alguna culpa, todos somos culpables consecuencia de libre albedrío, la libertad que tenemos de hacer el bien o el mal.
Me gustaría hablaros de otras cosas pero este es mi pensamiento, mis sentimientos en esta tarde nublada y tormentosa del arbitrario y ondulante mes de mayo, mes de las flores, mes de María, pero también de los adúlteros, los mentirosos y los ambiciosos, mes de los ciegos que no ven porque sus propias miserias ciegan sus ojos.