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Cuento: “La Columna del Bárbaro Gentil…”

Tiempo Agregado

  • Por Carlos Morales Fredes *

martes 08 de junio de 2021, 22:40h
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08JUN21.- El “chato” Peralta siempre fue un tipo achispado, ingenioso. Pese a su baja estatura, tenía un estado físico envidiable. Se enorgullecía de sus seis kilómetros de trote matutino, cien flexiones vespertinas, y asimismo de sus cero cigarrillos y copas por día.

Su atlética naturaleza parecía mantenerlo en perpetuo movimiento. La rapidez de sus desplazamientos, contradecía la escasa longitud de sus piernas que obligaba a los eventuales acompañantes, a enmendar, cada cierto trecho, sus propias zancadas, para mantenerse a su paso.

Aunque, la verdad, yo tenía mis dudas respecto a sus ya célebres ímpetus. En una ocasión en que necesitaba conversar con él, para afinar algunos detalles del “campeonato interbarrios”, lo sujeté por el brazo. Imposibilitado de caminar, empezó a menearse inquieto, lo que más que una idiosincrasia dinámica, sugería un temperamento hiperquinético. Bien que esa condición hiperactiva fuese vitalidad o patología, el caso es que no afectaba su proverbial ingenio:

– ¿Dónde vas tan apurado? –me aventuré a interrogarle.

–No sé –me respondió, forcejeando hasta desasirse. –Pero sí sé, que quiero llegar luego –mencionó– marchándose rumbo a ninguna parte.

No sobresalía por sus habilidades futbolísticas, pero su competencia administrativa, destrezas atléticas y sentido de la estrategia, lo tenían ocupando el puesto de presidente del club y director técnico, del equipo de barrio.

Iniciado el campeonato, los rivales se les estaba dando fácil a nuestros “chavales”, la verdad. El arbitraje no tanto, ya que, a solicitud de la mayoría, los “respetables” eran jueces cuya imparcialidad era incuestionable. Y los chiquillos del equipo eran “guarros”, para que vamos a estar con cosas. Sobre todo, el “Toro” Cansino, nuestro defensa estrella. No por nada le decían: “botines con sangre”.

El “chato”, lejos de intentar depurar el juego de Cansino, lo incentivó a mantener la rudeza de su marcación, pero instruyendo a los demás para entorpecer la visión del juez durante sus intervenciones. En las semifinales, el “Toro” había realizado una verdadera “carnicería” entre los delanteros rivales. Pero en el penúltimo partido, el “negro” Tolosa, delantero del equipo de una de las poblaciones más bravas de la ciudad, le pasó la factura al “botines con sangre”. Y le hizo pagar con la misma moneda.

Cuando nuestro compañero “salió con todo”, este gigante de piel oscura y alma renegrida le “encajó” la pelota, con la perfecta reciedumbre que le permitía su descomunal envergadura. Y, esta vez, la pierna del “Toro” fue la que cedió y su sangre, la que salpicó los “botines” del “negro”.

Y aquí estábamos, en la final, empatados a dos, con el bravío conjunto encabezado por Tolosa. Con un disminuido plantel que estaba sudando sangre, para contener sus avances y un arquero convertido en la figura del equipo. Y eso sólo sucede, si la defensa empieza a fallar.

A un par de minutos del pitazo final; cuando por obra y gracia del milagroso “dribling” del “rucio” Mansilla –quien dominaba la “esférica”, con los pies, de un modo que nosotros sólo conseguiríamos con las manos– en el momento en que gracias a su dominio de las artes futbolísticas y de la mecánica del balompié, metimos el gol de la ventaja, ahí mismo fue que la sonrosada epidermis del “chato” Peralta fue cambiando hasta llegar a un rojo encendido. Y es que, en esos últimos instantes de juego, el cronómetro del árbitro pareció adquirir la imprecisión de un reloj de arena.

Cuando el partido superó los noventa minutos y el juez de la contienda, no sonaba el silbato, fue que el “chato” no aguantó más e ingresó a la cancha, para increparlo. Alterado hasta el infarto y recordándole a toda la parentela, le acercaba el reloj a la cara endosándole salivosos calificativos. “Trencillas de futbolín”, vendido, corrupto y otros epítetos que, no por faltos de originalidad, eran menos insultantes. La admirable calma del hombre del silbato presagiaba, sin embargo, una tormenta de proporciones.

Tras esperar que nuestro entrenador se desahogara, escuchamos al juez sentenciar con voz estentórea:

–¿Terminó, señor Peralta? ¿Sí? –¡Déjeme decirle entonces, que estaba por dar el pitazo final, cuando usted interrumpió el encuentro!

–¡Ahora, gracias a esto, cada una de las pisadas que usted dé saliendo del campo de juego, serán contabilizadas como minutos de tiempo agregado al cotejo!

El silencio sepulcral que se hizo magnificaba aún más, la drástica decisión referil. En el mejor de los escenarios, mediarían unos doce pasos, en cualquier dirección, para que consiguiera salir del campo, sin infligir más daño a sus dirigidos. Su enfado nos estaba costando el partido y el campeonato.

El “Negro” Tolosa y sus compañeros de equipo comenzaban ya a enseñar sus encías, cuando nuestro remachado director técnico inició el abandono de la cancha.

Al verlo el hombre de negro abrió la boca, dejando caer el silbato que permaneció meciéndose mudo del cordón que lo sujetaba. Los secuaces de Tolosa y hasta su barra acabaron por mostrar el amarillento marfil de sus dentaduras. Todos quienes estaban en torno al rectángulo tizado reían a mandíbula batiente mientras aplaudían. Nosotros nos demoramos un poco más en exhibir nuestro júbilo, ya que hubimos de relajar las mandíbulas, antes de soltar la carcajada.

El procedimiento utilizado para abandonar el campo de juego sólo podía surgir de una mente ingeniosa asociada a una óptima complexión atlética. El “chato” Peralta tomó literalmente, la situación en sus manos y, “haciendo el pino”, salió de la cancha sin dar ni un solo paso, ni una sola pisada. El árbitro sonó el silbato para reiniciar las acciones y, fiel a su palabra, volvió a soplarlo de inmediato para dar por terminado el encuentro.

* Carlos Morales Fredes – Es un poeta, narrador, cronista, (1951) chileno, residente en la ciudad de Arica, en el extremo norte de Chile. Es socio fundador del Club de Lectura “Cuenta conmigo”. Columnista del periódico ariqueño “La Estrella De Arica", periódico en el que ha conseguido ser el columnistas más leído. Primer premio regional en poesía (1986). Premio especial prosa en concurso nacional de Empresas Denham (2008). Obtuvo en dos oportunidades el “Premio a la creación” del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes con sus obras “Ausenciando”, (cuentos, 2008) y “De Corín Tellado y otras novelas de bolsillo”, (novela, 2015). Es autor de “Crónicas de aeropuerto”, “El resucitador en serie”. Ha participado en numerosas Antologías: “Avisos desclasificados Vol. I”, “La Nueva Nortinidad”, “Catálogo de Escritores de Arica y Parinacota”, (Cinosargo). “Identidad y Pertenencia”, “Muestra Literaria de escritores de Arica y Parinacota”, (Cinosargo), “Antología De Los Extremos De Chile”, Arica–Parinacota, Magallanes–Antártica. Antología de escritores de Arica–Antofagasta, “Antología del Cuento Chileno vol. II”, (Mago Editores), 2016, “Los Diez Mejores Cuentos de Arica–Parinacota” (2018), Antología Binacional Arica–Parinacota, Chile. Madrid–Valencia, España. Su obra “De Corín Tellado y otras Novelas de Bolsillo”, ha sido incorporada por la Doctora Soledad Maldonado Zedano, a su cátedra en la Universidad San Agustín, Arequipa, Perú. (2019)

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