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Fray Junípero de la Serra
Fray Junípero de la Serra

San Diego cumple 250 años de su fundación por los españoles

  • La ciudad californiana, primera población europea en la costa Oeste de los Estados Unidos, olvida su legado español.
  • Por Jesús Caraballo – Miembro de FEPET

martes 01 de octubre de 2019, 01:24h

30SEP19 – MADRID.- El 16 de julio de 2019 se cumplieron 250 años de la fundación de San Diego, primer asentamiento de España en la Costa Oeste de los Estados Unidos, en uno de los estados más prósperos de la Unión.

Las autoridades locales obviaron a España en las celebraciones de la efeméride, en línea con la desmemoria de aquel país sobre cuánto debe a los españoles y la herencia que dejamos en aquellos territorios. Sí hubo lugar, en cambio, para los nativos, en realidad, los descendientes de los pocos que no exterminaron los anglosajones en su camino a la “conquista del Oeste” mucho tiempo después, guiados por la fiebre del oro. Así es, se celebró una ceremonia de izado de una bandera de los indios kumiai, seguida de cánticos de ese pueblo, olvidando que San Diego fue fundada por el oficial español y gobernador de California (originario de Lérida) Gaspar de Portolá, y el fraile franciscano San Junípero Serra, oriundo de la localidad mallorquina de Petra, recientemente canonizado, y objeto últimamente de una insidiosa campaña de descrédito que le tacha de genocida.

Sin embargo, cuando los españoles emprendieron el descubrimiento, colonización y evangelización de aquellas tierras no se guiaron por la codicia de la que tantas veces son acusados nuestros antepasados, por la injusta Leyenda Negra, ya que eran tierras inhóspitas y el oro sólo se descubriría mucho después de que España fuera expulsada de aquellas tierras tras la independencia de Méjico e, incluso de que esta nueva nación fuera despojada de más de la mitad de su territorio al norte del río Bravo, expoliados por los yankees.

En realidad, mucho antes la Monarquía hispana ya había mostrado interés por proyectarse al norte y había explorado las costas de lo que hoy es California. Efectivamente, ya en el siglo XVI, Juan Rodríguez Cabrillo y Bartolomé Ferrer habían explorado la costa estadounidense del Pacífico. Posteriormente, al cabo de cincuenta años e impulsados por la necesidad de encontrar puertos de abrigo para el galeón de Manila, a su regreso de las Filipinas, fue cuando Sebastián Vizcaíno realizó una exploración más exhaustiva, bautizando en 1602 la Bahía de San Diego, y descubriendo la de Monterrey.

Pero lo que resultó determinante para impulsar el celo de la Monarquía hispana, en la persona entonces de Carlos III –ya en el siglo XVIII-, por asegurar su presencia en todo lo que era la Alta California, fueron las alarmantes noticias que llegaban de la lejana Alaska, a donde estaban llegando rusos en busca de pieles de nutria.

Así pues, el visitador general de Nueva España, José de Gálvez, inicia los preparativos de la que se conocería como Santa Expedición, utilizando como base de partida el puerto de San Blas, en el estado mejicano actual de Nayarit. El plan era adentrarse al norte hacia la Bahía de San Diego, por mar y por tierra.

Se enviaron tres embarcaciones de apoyo a la expedición terrestre, con avituallamientos: el paquebote San José, que se perdió; el San Antonio, que arribó a la bahía el 11 de abril, y el San Carlos, que incluía a 25 voluntarios catalanes y que llegó algo más tarde, el 29 de abril, ya que tuvo que hacer escala en la Isla de los Cedros para hacer una aguada. Las tripulaciones de ambos navíos fueron diezmadas por el escorbuto, pero el resto se sobrepuso a todas las adversidades, logrando llegar a su destino.

Por tierra, atravesando territorios descritos por los cronistas de entonces como “estériles, áridos y faltos de agua”, emprendieron la marcha dos columnas, una la de Fernando de Rivera, natural de Nueva España, que partió de Velicatá con 70 hombres, incluidos 25 soldados de cuera, y la de Gaspar de Portolá, a la que se sumó San Fray Junípero Serra, que había salido desde Loreto. Entre los expedicionarios de ambas columnas se contaban numerosos indios neófitos

El 16 de julio de 1769, Nuestra Señora del Carmen, el franciscano mallorquín funda con una solemne misa la misión de San Diego de Alcalá, junto a un presidio. Tras establecerse, Gaspar de Portolá continúa al norte, en busca de la Bahía de Monterrey, sin encontrarla pese a que ya estaba cartografiada. Retorna a San Diego, pero Serra le anima a volver a intentarlo y, esta vez sí, llega a a la bahía de Monterrey y continúa más al norte, hasta avistar desde la cumbre del Sweeney Ridge la Bahía de San Francisco, donde se fundaría la que hoy es una de la más populosa ciudad de los Estados Unidos.

Entre tanto, Fray Junípero Serra continúa su labor en San Diego, sobreponiéndose a sus terribles padecimientos en una pierna, cuyos dolores aguantó estoicamente al atravesar el desierto camino de California. A San Diego siguieron otras ocho misiones fundadas por el franciscano (Orden que tomó el testigo en la misión evangelizadora en el Nuevo Mundo de los jesuitas, tras su expulsión), y hasta las 21 que fundaron los franciscanos en California, origen de otras tantas ciudades de los Estados Unidos.

Pese a la desmemoria y el injusto olvido –no sólo de los estadounidenses, sino de los propios españoles- de aquella gesta civilizadora realizada por España, la realidad es que San Fray Junípero Serra fue un padre para los indios, y que el propio visitador de Nueva España dio claras instrucciones de “que se castigue con el más severo rigor a cualquiera que ofenda a los habitantes del país, o que hagan cualquier ofensa a las indias”. La obra civilizadora realizada por España se puede resumir en la introducción de la agricultura en una cultura cazadora y recolectora; casas de adobe en tribus que vivían en cabañas; el tejido de telas, la ganadería….

España aún realizó un último esfuerzo civilizador, cuando ya se encontraban próximas las luchas fratricidas que alumbrarían 22 naciones donde antes latía un único impulso. En la última década del siglo XVIII, se estableció un fuerte en el Puerto de Nutka, frente a la actual isla canadiense de Vancouver, frente a los rusos que pretendían bajar por la costa hacia el sur. Con este asentamiento, el imperio español alcanzó su máxima expansión en el continente americano, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, en la Patagonia.

San Diego cumple 250 años de su fundación por los españoles
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