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Una lengua indescifrada: El Ibero

Por María del Carmen Calderón Berrocal* - Desde Sevilla

lunes 26 de enero de 2026, 21:52h
Una lengua indescifrada: El Ibero

26ENE26 – SEVILLA.- El íbero es el enigmático idioma de los antiguos pueblos de la península ibérica. Los iberos nos dejaron miles de inscripciones grabadas en un alfabeto propio que durante siglos fue un enigma para la ciencia. En la década de 1920, el granadino Manuel Gómez-Moreno consiguió identificar el valor fonético de esos signos, permitiendo al menos leer cómo sonaban las palabras, aunque su significado sigue siendo un misterio.

Una lengua indescifrada: El Ibero

Un reto para la inteligencia humana

Cada escritura antigua no descifrada constituye un desafío apasionante para arqueólogos y lingüistas. Por eso, cuando alguien logra romper ese silencio, se convierte en un referente histórico, como sucedió con Jean-François Champollion, que en el siglo XIX descifró los jeroglíficos egipcios, o con Michael Ventris, que en los años 50 logró interpretar el Lineal B, la escritura del griego micénico.

En el caso hispano, el mérito corresponde a Manuel Gómez-Moreno, arqueólogo e historiador, quien en los años 40 estableció la correspondencia entre los signos de la escritura ibérica y sus sonidos. Gracias a su labor, sabemos pronunciar palabras como ekusu o karkoskar, aunque desconocemos su sentido por falta de un vocabulario o gramática descifrados.

Primeros intentos de desciframiento

La curiosidad por los signos ibéricos se remonta al Renacimiento, cuando los humanistas empezaron a estudiar monedas antiguas de Hispania con inscripciones incomprensibles que llamaron caracteres primitivos hispánicos.

Algunos investigadores notaron semejanzas con el griego y el fenicio. En 1587, Antonio Agustín propuso que una leyenda hallada en una moneda de Ampurias significaba enporion (Ampurias en griego). Aunque su interpretación era limitada, identificó algunos signos como las letras n y s.

En el siglo XVII, Vicencio Juan de Lastanosa reunió un importante catálogo de monedas, reconociendo con honestidad que los signos eran “tan extraños y exquisitos” que no había conseguido interpretarlos.

Se producen avances en los siglos XVIII y XIX

Con la Ilustración surgieron nuevas hipótesis. Luis José Velázquez sugirió un origen griego y fenicio para estas escrituras, acertando en la relación con la fenicia, mientras que otros, como Gregorio Mayans, confiaban ingenuamente en poder descifrarla en pocos meses. Hubo también teorías extravagantes, como la de Juan Bautista de Erro, que defendía que el griego derivaba en realidad del ibérico.

En el siglo XIX se dieron pasos decisivos. El francés Aloïss Heiss publicó en 1870 una tabla con la mayoría de signos transcritos correctamente, aunque no advirtió que la escritura era mixta, con valores silábicos y alfabéticos. Poco después, el español Jacobo Zóbel identificó correctamente varias vocales, consonantes y algunos signos silábicos. Por su parte, el alemán Emil Hübner confirmó el origen fenicio, aunque ignoró las propuestas silábicas de otros estudiosos.

El trabajo definitivo de Gómez-Moreno

Sobre estos avances se apoyó Gómez-Moreno. Su método consistió en comparar inscripciones ibéricas con versiones en griego (como el plomo de Alcoy, hallado en 1922) y en analizar monedas ibéricas junto a sus equivalentes latinos. Al comprobar que piezas de la misma ceca mostraban nombres de ciudades en latín e ibérico, estableció equivalencias sonoras entre los signos.

En 1943 publicó sus conclusiones: la escritura ibérica era semisilábica o semialfabética, es decir, mezclaba signos que representaban sílabas (ba, ta, ke, ko…) con otros que indicaban vocales y consonantes simples (a, e, i, o, u, n, m, l, r, s…). Además, distinguió al menos dos variantes: la que llamó tartésica y la ibérica propiamente dicha, hoy conocida como escritura levantina, usada para el íbero y el celtibérico.

Un enigma aún abierto

Gracias a este desciframiento, podemos leer en voz alta las inscripciones paleohispánicas, aunque sin comprender su contenido. Todavía no conocemos con claridad la gramática ni el vocabulario del íbero. Otras escrituras hispánicas antiguas, como la meridional y la de las estelas del suroeste (también llamada tartésica), siguen planteando problemas serios de interpretación.

Así, aunque el alfabeto fue descifrado, la lengua ibérica continúa siendo una voz apagada de la Antigüedad, que espera a ser entendida en toda su riqueza.

*María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia. Ciencias y Técnicas Historiográficas, Correspondiente por Extremadura en Academia Andaluza de la Historia, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca. Secretaria Canciller de la Asociación de Cronistas de Extremadura y miembro de la Real Asociación de Cronistas de España

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