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Opinión: “La Columna de Primavera…”

NADA

martes 06 de noviembre de 2018, 00:32h

06NOV18 – SANTIAGO DE CHILE.- Es raro, pero a la vez bueno, no tener nada en mente para transmitir. Ni una idea, ni una enseñanza, ni una queja, ni una apología, ni un diario ni un mensaje siquiera. Por otro lado, he comprado mucha literatura por tiempo anhelada y otra no tan deseada, que la adquiero para investigar cosas que desconozco en profundidad y superficie, para aprender más antes de morir y renacer en la próxima, un poco más sabia que en esta vida.

NADA
NADA

Sí, creo en la reencarnación y cuando hablan de “muchas moradas”, estoy segura que se habla de los pellejos o vidas donde podríamos depositar nuestro espíritu, cada vez que éste se escapa de un cuerpo inapto para contenerlo o inepto como para retenerlo.

Buscando temas, veo que ya están todos cubiertos con muchos bis: La política, la injusticia, la sexualidad, secretos develados, la historia jamás contada, las monarquías, la muerte de un hijo, cómo adiestrar perros, su jardín, los chefs del mundo, las dietas, salidas de closet, guerras, biografías “no” autorizadas, dinero, autoayuda, religión, pedofilia, drogadicción, trata de esclavos extranjeros, feminismo, arte, hágalo usted mismo, apologías a diversos mafiosos, lo que no se sabía de…, cómo ser padres, amamantar, aborto, paternidad, matrimonio igualitario, nazismo, la bolsa de comercio, los vicios, la inmoralidad, la anarquía, la desigualdad, la educación, la salud, el cáncer y los elefantes.

¿Por qué alguien querría leer de mi puño y letra, aquellos mismos temas ya escritos y plagiados tantas veces?

Hoy, hasta los chiquillos veinteañeros escriben acerca de cosas tremendas que se llegan a conocer solamente viviéndolas. Entonces… ¿Dónde queda mi empirismo, el suyo y el de otros? En mi caso, al ser una persona casi desconocida, mayorcita, intitulada, mujer y emocionalmente dependientemente… tendría alguna cabida en el campo de la literatura?

Vamos a ver qué sale de este teclado el día de hoy:

La idea de “nada” nació cuando comencé a perder ciertas facultades cognitivas, cierto ajuste en la motricidad fina, cierta falta de memoria, cierta falta de tolerancia, cierta incontinencia y pocas ganas de moverme, salir, hablar, encontrar la razón, ser diplomática y cariñosa. Estoy cambiando a grandes rasgos y lo más despreciable ha sido comenzar a olvidar lo que recién aprendo. Vamos comprando libros para mantener la memoria en forma, para aprender a recordar, para saber aprender, para evitar tal o cual demencia. ¿Debido al metabolismo y la nutrición? Vamos estudiando nutrición y metabolismo. ¿Falta de mundo, de relacionarse con gente, con los pares? Vamos reuniéndonos con el mundo y con los pares. ¿Falta de información? Vamos viendo o escuchando el noticiero o por lo menos leer los titulares del diario en que trabajo. En fin, mi dedicación en los últimos quince años se ha depositado en informarme mediante la investigación de la cultura que me rodea, la introducción de mi ser social al mundo macabro, lleno de sinsentidos, lleno de pequeñas peleas absurdas, lleno de nada. No necesariamente estoy deprimida como pareciera al leerse lo presente, pero tampoco me siento alegre ni satisfecha.

He escrito varias veces acerca de lo que me parece la falta de conciencia de las nuevas sociedades, desde el estudiante que ataca a muerte a sus propios profesores, padres o pares, pasando por la industria farmacéutica, por las tabaqueras, mineras, cadenas alimentarias, etc. hasta los gobiernos de todos los turnos políticos (que aquello de los colores es para pintar). Cuando pareciera que se hace acopio de grandeza, cuando se refieren por fin a algo que requiere de conciencia para ser ejecutado, le pasan la cuenta al más débil, al más boludo , al que no reclama. Por ejemplo, recién saliendo del horno, una sugerencia para evitar accidentes en el metro: que las mujeres usen zapatillas en lugar de tacones y que cubran –de paso- sus propios gastos en la erradicación de hongos en los pies. Así ha sido también, que para no proliferar infecciones sexuales ni quedar embarazada, la mujer, aparte de tomar anticonceptivos, debe portar condones masculinos; para no ser violada, vestirse como hombre y… etcétera hasta el infinito. Para que no roben el auto en la puerta de su casa, portar un guardaespaldas en el maletero, para no ser piropeada y evitar el costo de una multa para el precioso generador, no destacarse, no verse bella, afearse, masculinizarse. Para no perder el trabajo, no embarazarse, no amamantar demasiado a su recién nacido y en lo posible, permanecer soltera. Para no exaltar a sus compañeritos de oficina, en lo posible portar feas piernas y extirparse los senos. Es decir, las soluciones de seguridad no las generan las empresas ni los legítimos responsables, sino que se transfieren a los usuarios.

Volviendo al tema Metro, que luce un inmenso letrero de advertencia, que reza: “Prohibido comprar a vendedores ambulantes o dar limosnas dentro del carro, bajo riesgo de ser multado”. ¿Por qué transfieren la responsabilidad al usuario, en lugar de ser ellos, la empresa del Metro quien impida el paso de los nombrados? ¿Por qué hacer responsable a nuestro calzado por los accidentes en lugar de ver qué está pasando con las escaleras, con las junturas entre carro y andén, entre otras falencias? ¿Por qué hacer responsable a nuestra vestimenta por los robos, asaltos y violaciones y no a la seguridad estatal, como nos asegura nuestra Constitución? Capítulo III, Art. 19.

(Primavera leguleya de la nada)

Primavera Silva Monge (*)

(*) Primavera Silva Monge es una escritora chilena, traductora de japonés, ex alumna del prestigioso Instituto Nacional de Santiago de Chile, artesana y socióloga por afición. Sus escritos los redacta referidos principalmente a los temas cotidianos imprimiéndoles una dosis de frescura y cercanía que hacen muy fácil su lectura y comprensión. Su género literario favorito es la novela y el relato o cuento corto.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    2620 | Susana - 06/11/2018 @ 14:19:56 (GMT+1)
    Nada de depresión. Cuando ponemos atención a nuestro alrededor y vemos en detalle lo que estamos viviendo nos damos cuenta que nos hemos robotizado . Tenemos normalizadas muchas cosas que son grandes errores. Por ejemplo nos han hecho creer que si nos roban es porque somos descuidados, jamas nos han dicho que las autoridades simplemente no se la pueden con la delincuencia. Y así muchas otras cosas como la que tú mencionas Primavera. Por eso, nada de depresión, pura realidad.

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