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Estudios del Occidente Atlántico

Texto: R. Sainero

miércoles 22 de octubre de 2014, 11:21h

La Galicia mágica del Occidente Atlántico

Los escritos históricos y geográficos primitivos que han llegado hasta  nosotros, cuando se refieren a  los pueblos que habitaban el Occidente Atlántico, nos hablan de unas relaciones comerciales y migratorias muy fluidas, mencionando a Tartessos, en el suroeste de la Península Ibérica, y a Galicia en el noroeste como centros culturales y comerciales importantes que durante milenios mantuvieron relaciones de todo tipo  con las Islas Británicas.

TL10/11

La Brigantia gallega, en la zona de A Coruña y Betanzos  junto con otros puertos del  noroeste peninsular podríamos decir que fueron el eslabón que unía la zona mediterránea con la zona del noroeste atlántico. En el apartado cultural y religiosos, aunque con escasos datos,  podemos ver como el mundo mágico aparece en estos escritos. Seres con  poderes mágicos serán unas veces tratados más bien como dioses y otras como seres humanos con poderes sobrenaturales.

     Estas gentes que habitaban el Occidente Atlántico, a las que podemos llamar pre-celtas (anteriores a los celtas) y proto-celtas (gentes que evolucionarían a través de los siglos convirtiéndose en celtas a partir aproximadamente del s. VII a. C), creían en los poderes ocultos de la naturaleza y los admiraban y temían a la vez. Bástenos comprobar todos los relatos concernientes a este tema que aparecen en sus escritos, eran grandes supersticiosos y respetaban una serie de tabúes que incluso los reyes debían de cumplir, por temor a que grandes males cayeran sobre ellos. En Irlanda la "geis" o "gesha", era un poder mágico que el ser humano mediante una serie de rituales debía de respetar durante toda su vida. Hoy en día quedan algunos de estos ejemplos de gesha por todos nosotros conocidos como por ejemplo la buena o mala suerte de que un gato blanco o negro se cruce en nuestros camino, pasar por debajo de una escalera, empezar algo importante con el pie derecho, etc.

       Por diferentes textos históricos sabemos que los celtas creían en la inmortalidad del alma y en la existencia del mundo del Más Allá, y que sus druidas entre otros actos practicaban los sacrificios. Cesar en la Guerra de las Galias nos habla de la creencia de los galos en la inmortalidad del alma y de que al morir cambian de cuerpo y siguen viviendo una nueva vida, por lo que no le tienen miedo a la muerte y también Cesar  nos menciona el enorme poder de los druidas que podían aislar del resto del clan a todo aquel que discutiera sus designios (Caesar: The Bello Gallico, Libro vi, c. xiii-xiv). Es interesante destacar en este apartado las creencias religiosas conectadas con el mundo de la naturaleza. Existen seres mágicos relacionados con la fertilidad de la tierra. Las cosechas necesarias para que los animales y los seres humanos puedan sobrevivir están protegidas por ciertos dioses y las aguas de los ríos, las rocas y los árboles tenían un poder mágico entre estas gentes.

     Galicia e Irlanda guardan puntos en común de este mundo mágico. Síd tiene en Irlanda el significado de montaña o colina mágica o encantada. En algunas de estas colinas, en la costa occidental irlandesa, se han encontrado gran cantidad de tumbas prehistóricas construidas con piedras (tipo de corredor con cámara funeraria), algunas de estas tumbas pueden pertenecer al año 2000 ó 2500 a.  C., época en la que todavía no existía una cultura celta propiamente dicha. Los primitivos pobladores de la isla posiblemente consideraban que los espíritus de los dioses anidaban en ellas. Como se ha podido comprobar en algunas de estas tumbas, en la zona de Sligo (costa noroeste)  un día determinado del año la inclinación del sol permitía que sus rayos entrarán por el corredor de la tumba y llegaran hasta el centro de la cámara funeraria del sid donde reposaban los restos de la persona. Tenemos muestras parecidas en las montañas de la Faladoira de Ortigueira  y otros lugares del megalitismo gallego. El final de la tierra para romanos y griegos se encontraba en el codo atlántico gallego. Desde Finisterre (Final de la Tierra) hasta el puerto fenicio de Bares existe un triángulo que se adentra en un mar que acoge cada atardecer la puesta del sol. Un sol que, según las creencias antiguas, se adentra en las profundidades de las aguas llevándose el alma de los muertos. La alineación de pequeños menires que surcan la sierra de la Faladoira de este a oeste en dirección a San Andrés de Teixido, muy próximos a la carretera de As Pontes a Mañón y Ortigueira nos pueden indicar un camino mágico que terminaría en la puesta del sol sobre las aguas.

       También el sol estaba asociado con los pueblos proto-celtas y celtas del Occidente Atlántico. Beltaine (Beltene) y Samhain eran en Irlanda los dos festivales por excelencia conectados con las creencias solares. Beltaine era el festival que tenía lugar el 1 de mayo para festejar el triunfo de las cosechas y de la vida, indicaba el comienzo de la estación fèrtil y calurosa, era el momento en el que la hierba crecía y podía alimentar al ganado, por lo que estaba directamente relacionado con los animales. Durante el festival se encendían grandes hogueras y hacían pasar a los animales entre ellas para evitar que contrajeran enfermedades. La fiesta del Samhain, 1 de noviembre, estaba dedicada al final de las cosechas y al culto a los muertos, la noche anterior al 1 de noviembre, era la noche en la que los espíritus salían de sus tumbas megalíticas para vengarse de los humanos. Es en estos manuscritos primitivos donde difusamente ha quedado el legado histórico que nos muestra estas creencias (ver mi Diccionario de Mitología Celta, ed. Akal (Madrid). El sol como fuente de energía y vida será el centro del ritual mágico de estos pueblos. Estrabón nos indica en su Geografíael la creencia de que el sol se hundía en las profundidades del mar y su calor producía el mismo efecto que un hierro candente sumergido en el agua con vapores y crepitaciones en su superficie:

"Comúnmente, dice Posidonio, y afirman algunos, que es mayor el sol cuando toca las márgenes del océano, y que hace estrépito como si el mar silbase o rechinase " (Geografía, Libro III, 5)

También escritores clásicos como Diodoro de Sicilia (Historia: Libro 4, 18, 2), nos hablan del culto al sol de los celtas. Esta religión  se centraba en el culto al sol, a los astros y a la naturaleza. Tenían cultos al sol y a la luna y creían que existía un mundo de los dioses en el cielo, siendo el sol y la luna las divinidades más veneradas. En Hispania se han encontrado una serie de carros votivos que nos muestran, por lo menos algunos de ellos, su relación con los cultos solares.  De los nueve carros votivos estudiados por J. M. Blazquez podemos ver una clara relación con el culto al sol y también carros con guerreros a caballo parecidos a otros encontrados en lugares como la Galia, Chipre o Escitia (J. M. Blázquez: Diccionario de las religiones prerromanas de Hispania, pp. 53-54). Refiriéndose a Bretaña Diodoro de Sicilia al hablarnos de los britanos (habitantes de Gran Bretaña), nos dice que usan carros de combates en sus guerras, tal y como la tradición dice que los antepasados de los griegos usaron en la guerra de Troya ( Libro V. 21, 4-22).

     Tartessos, Galicia e Irlanda se encontraban conectadas en esta ruta mágica a través del mar. El primero en decírnoslo y dejar testimonio de ello será Hímilco, navegante cartaginés del s. VI a. C. Sus palabras fueron recogidas en el Periplo de Himilco (recopilado por Avieno, s. IV  d. C. en su Ora marítima), aquí nos menciona a los frágiles barcos de cuero en los que los tartesios, bordeando la actual costa portuguesa, llegan a Galicia y después, quizás desde el puerto de Bares, se lanzaran a la gran singladura en pleno océano hasta las Islas Británicas (o quizás también en navegación de cabotaje). Al mencionarnos Irlanda como “sagrada”, la isla podría de esta manera guardar relación con la idea de que era el lugar más alejado del mundo, y más próximo a la puesta del sol, donde irían las almas de los muertos. Hímilco nos habla de las islas Oestrymnides y a dos días de viaje de ellas se llega a la Isla Sagrada habitada por los Hierni. Estas islas Oestrymnides se considera por algunos especialistas que estaban próximas a la costa gallega, en el codo de las Rías Altas y por lo tanto no muy lejos de la rías de Cariño, de Ortigueira y el Barquero, otros las sitúan en la Bretaña Francesa  o en Cornualles. El lugar exacto no lo sabemos pero podemos aventurar que todos estos lugares fueran conocidos por Oestrymnides por ser ricos en estaño.

San Andrés de Teixido, mundo mágico por excelencia, y el puerto de Bares al ser el punto más próximo en línea recta con las Islas Británicas en el Cantábrico, del que podrán partir  las grandes singladuras oceánicas, se encuentran en el centro de este camino migratorio y mágico y esperamos que podamos hablar de ellos otro día con más detenimiento.

 

 

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