Nacida en una familia conservadora, Chacón creció en un entorno culto. Su padre, Antonio Chacón, fue alcalde de Zafra durante el franquismo y también cultivaba la escritura. Su temprana muerte, cuando Dulce tenía 11 años, y el posterior traslado de la familia a Madrid, marcaron un punto de inflexión en su vida. Junto a su hermana gemela, Inma Chacón (también escritora), inició estudios en un internado donde comenzó a escribir poesía como una forma de escape personal. Entre sus primeras influencias literarias estuvieron poetas como Paul Celan, Rilke, César Vallejo y José Ángel Valente, y más adelante autores como Félix Grande, José Saramago y Julio Llamazares.
Aunque empezó a escribir en su adolescencia, no publicó hasta 1992, año en que vio la luz su primer poemario: Querrán ponerle nombre. Le siguieron otros libros de poesía como Las palabras de la piedra (1993) y Contra el desprestigio de la altura (1995), obra que le valió el premio Ciudad de Irún. A mediados de los años noventa, Chacón se volcó en la narrativa. Su primera novela, Algún amor que no mate (1996), abordó el drama de una mujer maltratada y fue descrita por Saramago como “necesaria”. Continuó con Blanca vuela mañana (1997) y Háblame, musa, de aquel varón (1998), en la que abordó temas como la xenofobia y la violencia doméstica.
Ese mismo año estrenó su primera obra teatral, Segunda mano, y publicó Matadora, biografía de la torera Cristina Sánchez. En 1999 regresó a la poesía con Matar al ángel y también escribió Cielos de barro, novela ambientada en la posguerra extremeña, con la que ganó el premio Azorín en el año 2000. El título fue una sugerencia de Llamazares y la obra fue dedicada a su padre.
Su obra más reconocida, La voz dormida (2002), le llevó cuatro años de trabajo. En ella, noveló testimonios reales de mujeres represaliadas durante los años 40. El libro obtuvo el premio Libro del Año 2003 del Gremio de Libreros de Madrid. Ese mismo año publicó su último poemario, Cuatro gotas.
A lo largo de su vida, Chacón mostró un fuerte compromiso político. Crítica con el silencio sobre la represión franquista, defendía la necesidad de escuchar la voz de los vencidos y rechazaba tanto el rencor como el olvido. Participó activamente en la oposición a la guerra de Irak y, junto a José Saramago, leyó un manifiesto en la manifestación del 15 de marzo de 2003 en Madrid. También viajó a Bagdad como parte de una delegación pacifista.
Falleció prematuramente a los 49 años debido a un cáncer de páncreas. Sus restos fueron depositados en Zafra y parte de sus cenizas esparcidas en El Torno (Cáceres). Le sobrevivieron su esposo y tres hijos. En reconocimiento a su obra y activismo, numerosos premios, centros educativos y espacios culturales en toda España llevan su nombre, como el Premio de Narrativa Española Dulce Chacón o el IES Dulce Chacón en La Garrovilla.
Dulce Chacón dejó un legado literario profundamente humano y comprometido, en el que la memoria, la justicia y la dignidad de las mujeres ocupan un lugar central.
*María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia. Ciencias y Técnicas Historiográficas, Correspondiente por Extremadura en Academia Andaluza de la Historia, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca. Secretaria Canciller de la Asociación de Cronistas de Extremadura y miembro de la Real Asociación de Cronistas de España