Mi apartamento es luminoso y silencioso, un lugar ideal para un escritor, pero tiene el inconveniente que es muy caluroso en verano y muy frio en invierno. Tengo aire acondicionado, pero la calefacción de gas natural es muy deficiente y la tengo que complementar en invierno con estufas eléctricas.
Como he cambiado el horario a lo largo de los años, ya que estoy jubilado de mi otro trabajo de funcionario, he llegado a cambiar el horario, a vivir de noche y a dormir buena parte del día.
Así, como el hombre lobo o Drácula, me paseo por la noche dando vueltas y revueltas por la casa, mientras mi esposa duerme plácidamente en otra habitación. Guardo silencio, pues es fundamental “cuidar a quien te cuida”, pero el cambio del tiempo que ha sobrevenido al calor desconocido y salvaje del “cambio climático” de este verano - que ha originado mil novecientos muertos en España, solo en la segunda quincena de julio, eso sin contar agosto -, ha hecho mella en mí.
Son las seis de la madrigada y estoy escribiendo.
Protegido en mi amplia cama con una finústica sabanita y en un apartamento que es más bien una tienda de campaña, la caída térmica cercana a los diez grados centígrados ha hecho, repito, mella en mí.
Me he calzado los calcetines y las zapatillas de invierno. Me he enfundando con camiseta, camisa, jersey de lana y trenca, amén de pantalones de pijama de invierno.
Así me dispongo a enfrentarme al clima mesetario e inclemente de la meseta castellana, iba a decir casi semejante al de Moscú, ciudad a la que bien conozco y en la que he vivido, así como las capitales de los 32 países de la tierra que he visitado a lo largo y ancho de mi vida.
Y aquí me tenéis, dispuesto a afrontar, como un astronauta perdido en Marte, las inclemencias que puedan acontecer.
Escucho ahora, lejanamente, a los borrachos o a las juventudes perdidas que vagan por las calles buscando el sentido de sus vidas.
Estoy rodeado de mis libros a los que amo, y de los que vivo espiritualmente. El mundo material lo he despreciado desde niño, quizá porque he tenido de todo – mi padre era empresario - . Mi mundo es el de las ideas y creo casi más en el mundo de lo invisible que en el que ahora toco y veo.
Y nada más por hoy. Que sea lo que Dios quiera. Pues soy creyente y practicante.
¡ Ah, y a ver si se resuelve lo de Ceuta ¡.