Casi tres décadas después todo lo anunciado está ocurriendo en España donde la vida judicial es en gran medida un espectáculo que se mueve entre la comedia y el drama con las causas que afectan al hermano y la esposa del presidente del gobierno.
El último acto de esta obra podía haber sido escrito por un maestro del teatro del absurdo como Fernando Arrabal: un juez sustituto del sustituto impide a la esposa del presidente volar a Turquía para acompañar al jefe del Ejecutivo a una cumbre oficial de la OTAN, al tiempo que la autoriza un viaje privado a Gran Bretaña ,porque el juez titular se permitió el lujo de marcharse de vacaciones dejando el escenario encendido y sin instrucciones de cómo debía continuar la función. El sustituto tambien se fue y el siguiente , en vez de apagar las luces encendió más.
Antes de irse el juez titular se justificó citando el antecedente de la huida de Bettino Craxi , pero sin mencionar que no tenía marido.
Frente a esta confusa escena, ciertos sectores intentan responder con argumentos , como si se encontraran ante una resolución jurídica fundamentada . Determinados medios, el propio Gobierno y los partidos de la izquierda y el centroizquierda contestan con la lógica del derecho, de la racionalidad y de los códigos.
El propio ministro de Justicia e Interior bajó a la arena mediática para rebatir la decisión. Con paciencia funcionarial, se dedicó a explicar por qué la esposa del presidente no se iba a fugar y detalló las bondades de la colaboración jurídica de España con Turquía y con Gran Bretaña . El ministro argumentaba con datos como si sirvieran para rebatir emociones.
La respuesta de la otra mitad del tablero periodístico constata el triunfo del relato sobre la norma. En algunos medios de corte conservador se ha calificado la prohibición de viajar a Turquía combinada con el permiso para ir a Londres como una «decisión salomónica». Quienes compran este argumento olvidan la esencia misma del pasaje bíblico: la decisión de Salomón no era un término medio ni un reparto equitativo, sino una amenaza brutal de partir al niño vivo por la mitad para forzar a las madres —la verdadera y la falsa— a retratarse. No había equidistancia.
Otros analistas intentan deshacer la acusación de lawfare asegurando que la decisión no puede responder a una guerra judicial de tintes políticos porque el juez sustituto que la dictó ocupó en el pasado un alto cargo en un gobierno socialista. Al esgrimir esta defensa, lo que hacen es admitir la tesis de Garapon: confirman que ese juez no se mueve por motivos jurídicos, tome la decisión que tome. Al final, el origen político del actor solo sirve para retorcer el guion de la obra.
El verdadero peligro de esta dinámica es la desnaturalización de las instituciones. Cuando los tribunales se convierten en platós de televisión y las providencias en guiones para su consumo inmediato, la frontera entre el Estado de derecho y el entretenimiento se difumina .
El espectador asiste a una función donde las garantías procesales cotizan a la baja y los titulares de impacto al alza. Intentar combatir este fenómeno con debates doctrinales o apelaciones al espíritu de las leyes es como tratar de contener una inundación con un manual de fontanería: una respuesta burocrática ante una crisis cultural. En el ecosistema actual, la verdad jurídica importa menos que la percepción pública, y el auto de un juez vale más por el ruido que genera que por la justicia que imparte .
Es cierto que los jueces que imparten la justicia del espectáculo son una pequeña minoría , pero su presencia en los medios es tan potente que contamina a todo el sistema. Algunos no pueden vivir fuera del escenario que trasladan con ellos cuando quieren actuar fuera de los juzgados , reclamando incluso tarimas especiales para estar mas alto que el resto de los actores , exigiendo que los abogados de la defensa le miren a ellos, aunque se dirijan al fiscal e incluso prohibiendo sonreír a los actores secundarios. Son al mismo tiempo autores y protagonistas de su obra siguiendo el ejemplo de Albert Boadella .
Esta última función ha tenido tal éxito de crítica y público que las secuelas serán estrenadas próximamente confirmando la impresión de que el espectáculo de la justicia tiene más futuro que la justicia del espectáculo.