Aparte de mis creencias religiosas explicadas taxativamente en los Evangelios, en las palabras los papas, de los obispos y en la tradición, siempre he sentido curiosidad por saber exactamente qué es lo que hay más allá de la muerte.
Jesús y el apóstol San Juan declararon en varias ocasiones que ni ojo vio, ni el oído escuchó jamás, las maravillas que nos tiene preparados nuestro padre celestial para semejante ocasión.
No obstante intuyo que lo que más nos acerca, lo que se parecerá a aquello que nadie ha experimentado en este valle de lágrimas, es precisamente la música. Ni la pintura, ni la escultura, ni la literatura, solo la música se acerca a aquello que anhelamos y esperamos encontrar.
Solo es preciso tener un poco más de paciencia, solo un poco, para llegarlo a certificar.