Pero no serían los meteoros, sino lo profetizado por el apóstol San Juan en su Apocalipsis, esto es, “una lluvia de fuego”. Exactamente lo que estamos empezando a vivir.
Se tomaron una serie de medidas para evitar la emisión de los gases de “efecto invernadero” y todo iba bastante bien… Hasta que un presidente loco o más bien estúpido, se instaló en la Casa Blanca de Washington, y decidió todo lo contrario, esto es perforar todo el territorio nacional con pozos y más pozos de petróleo, como si se tratara de un queso de gruyere.
Consecuencia: Todos morirán; él no, claro, huirá en el “Air Force One”, hasta la Antártida con algunos de sus ministros y quizá con su esposa Melania y sus perros.
Esta es la realidad, queridos lectores. Vamos a cocernos como unos langostinos.
Primero nos pondremos rojos, muy rojos, y después, “como a la plancha”, dignos de ser olvidados en el vacío estelar como unos bichitos-, llamados los hombres y las mujeres, decididos estúpidamente a dar fin a sus sueños y a sus anhelos.