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"LAS SUGERENCIAS DE QUINO”

La Empana Gallega, la “madre” de todas las empanadas (crédito foto: pixabay.com)
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La Empana Gallega, la “madre” de todas las empanadas (crédito foto: pixabay.com)

Las empanadas: un viaje gastronómico entre Galicia y América Latina

  • De Santiago de Compostela al mundo: la historia de un alimento universal

Por Quino Moreno (*)
jueves 07 de mayo de 2026, 15:03h

07MAY26 – MADRID.- Cuenta la tradición popular que, allá por el siglo XII, los peregrinos del Camino de Santiago sabían que estaban llegando a Santiago de Compostela cuando, agotados tras largas jornadas de caminata, comenzaban a percibir entre los montes el aroma irresistible de las empanadas recién horneadas. Aquella mezcla de pan, vieiras y sofrito se convertía en una especie de brújula culinaria que anunciaba descanso, alimento y hospitalidad.

La Empanada chilena, una de las más prestigiadas en América y Europa (Foto: Juan Ignacio Vera)
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La Empanada chilena, una de las más prestigiadas en América y Europa (Foto: Juan Ignacio Vera)

La empanada nació como una comida práctica para viajeros y campesinos: fácil de transportar, resistente al paso de las horas y capaz de conservar en su interior carnes, pescados o verduras protegidos del polvo de los caminos. Su arraigo en Galicia es tan profundo que ya aparece representada en esculturas medievales del siglo XII en el entorno de la Catedral compostelana.

Con el paso de los siglos, la empanada dejó de ser solo un alimento de subsistencia para convertirse en un símbolo cultural que viajó desde Galicia hasta América Latina gracias a las corrientes migratorias españolas.

La empanada gallega: tradición, horno y memoria

Hablar de empanadas es hablar inevitablemente de la empanada gallega, considerada por muchos gastrónomos como la madre de todas las variantes hispanas.

La receta tradicional parte de un sofrito elaborado con cebolla, pimiento, tomate, ajo y aceite suave, una base sencilla pero decisiva que marca el carácter del plato. A partir de ahí, cada cocinero —o los antiguos “empanaderos reales”— añadía los ingredientes disponibles en su tierra o en su costa.

Las más antiguas y emblemáticas son las de vieiras, estrechamente ligadas a los peregrinos compostelanos. Pero la cocina gallega ha elevado también otras variedades memorables: xoubas, pulpo, atún, bacalao, mejillones o zamburiñas. Y casi siempre aparece un elemento común: los tropezones de huevo duro, capaces de armonizar todos los sabores.

La gran diferencia de la empanada gallega respecto a muchas de sus primas latinoamericanas está en la masa. En Galicia predomina una masa de pan más gruesa y contundente, concebida históricamente como alimento energético para el campo y para los viajeros. Era habitual que en los antiguos lagares o casas rurales hubiese enormes empanadas destinadas a compartir con caminantes y jornaleros.

Hoy sigue siendo uno de los grandes iconos gastronómicos gallegos y un producto imprescindible en fiestas populares, romerías y reuniones familiares.

Argentina: el reino de las empanadas criollas

Si Galicia vio nacer la tradición, Argentina probablemente sea el país que más la diversificó.

La fuerte emigración gallega hacia tierras argentinas llevó consigo recetas, técnicas y costumbres culinarias que allí se mezclaron con influencias italianas, indígenas y criollas. El resultado fue una explosión de variedades regionales.

Entre todas ellas destaca la empanada salteña, famosa en todo el mundo. Su relleno combina carne cortada a cuchillo, cebolla, grasa vacuna, patata y huevo duro. El resultado es jugoso, intenso y profundamente sabroso.

La cocina porteña, además, fusionó el concepto de la empanada con la tradición italiana de pizzas y pastas. No es casual que muchos relacionen el calzone napolitano con una versión italiana de la empanada caliente.

Argentina mantiene hoy una auténtica cultura empanadera. Cada provincia presume de su receta y de su toque diferencial: más picante, más jugosa, horneada o frita. Pero en todas ellas hay un denominador común: la extraordinaria calidad de la carne argentina, convertida casi en patrimonio nacional.

Especial: la empanada chilena, una joya gastronómica

El sabor que conquistó Europa

Entre todas las variantes latinoamericanas, la empanada chilena ocupa un lugar privilegiado. Es, probablemente, la más conocida por los españoles y una de las más demandadas en numerosos países europeos gracias a la emigración chilena.

Muchos expertos gastronómicos sitúan a la empanada chilena, junto a la gallega, entre las elaboraciones más refinadas y completas del universo culinario hispano.

Su éxito radica en el equilibrio de sabores. La clásica empanada chilena mezcla carne o pollo con ingredientes que le aportan identidad propia: pasas, aceitunas, huevo duro, comino, orégano, pimienta, ají seco y ají de color. Esa combinación entre dulce, especiado y salado le concede un carácter absolutamente inconfundible.

También son populares las variantes de atún o vegetales, muy apreciadas en panaderías y pastelerías españolas.

En ciudades de toda España resulta cada vez más frecuente encontrar establecimientos que distribuyen empanadas chilenas recién horneadas. Muchos ciudadanos chilenos residentes en Europa mantienen así un vínculo emocional con su país a través de un producto que forma parte de celebraciones familiares, fiestas patrias y reuniones cotidianas.

Quien escribe estas líneas confiesa tener una tahona cerca de casa donde, especialmente durante el verano, nunca faltan empanadas chilenas en la despensa. Y el consejo es sencillo: si entra en una panadería y las encuentra, pruébelas. Difícilmente se arrepentirá.

Colombia y Venezuela: masas diferentes, identidad compartida

La expansión de la empanada por América dio lugar también a variantes profundamente originales como la colombiana o la venezolana.

La empanada colombiana suele elaborarse con una masa de maíz más cercana a la arepa, de textura suave y sabor intenso. En muchas ocasiones incorpora ingredientes picantes que recuerdan a ciertos tacos mexicanos.

En Venezuela, por su parte, la arepa se convirtió en una evolución paralela de esta tradición culinaria. La masa se trabaja intensamente hasta alcanzar una textura muy suave y flexible que admite prácticamente cualquier relleno: carne mechada, queso, pollo, aguacate o incluso preparaciones dulces como el membrillo.

Más allá de las diferencias regionales, todas estas recetas comparten un mismo espíritu: aprovechar ingredientes humildes para crear platos completos, sabrosos y profundamente ligados a la identidad cultural de cada pueblo.

Mucho más que comida: una herencia compartida

La historia de la empanada es también la historia de la emigración, del intercambio cultural y de la cocina como lenguaje común entre pueblos hermanos.

Galicia exportó una tradición gastronómica que América Latina enriqueció con nuevas especias, carnes y formas de preparación. A cambio, España ha incorporado a su día a día muchas de esas variantes americanas que hoy forman parte habitual de panaderías, restaurantes y hogares.

Porque, al final, la empanada representa algo más que una receta. Representa el viaje, la convivencia y la memoria compartida de millones de personas a ambos lados del Atlántico.

Y quizás por eso sigue ocurriendo algo parecido a lo que sucedía hace siglos en el Camino de Santiago: basta percibir el olor de una empanada recién hecha para sentirse un poco más cerca de casa.

La Empanada argentina, también de gran popularidad en Europa (crédito foto: pixabay.com)
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La Empanada argentina, también de gran popularidad en Europa (crédito foto: pixabay.com)
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