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Los suecos tienen cerca de un millón de barcos en las costas, archipiélagos y en las proximidades de los  lagos de Suecia...
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Los suecos tienen cerca de un millón de barcos en las costas, archipiélagos y en las proximidades de los lagos de Suecia...

Si hay más ricos habrá menos pobres

Por Ignacio Vasallo
miércoles 16 de noviembre de 2022, 23:29h

16NOV22 – MADRID.- En el debate entre Mariano Rajoy y Felipe Gonzalez en el foro de La Toja volvió a surgir el asunto de los ricos y los pobres. El expresidente conservador criticó las medidas fiscales del gobierno y mostró su preocupación porque se resucite el viejo debate ricos-pobres. ”Eso es populismo”. Lamentó que se quiera acabar con los ricos porque lo que hay que hacer es acabar con los pobres, ”háganlos ricos “

Felipe Gonzalez recordó que Olof Palme le decía que él no quería terminar con los ricos sino con los pobres.

También Cantinflas en “El padrecito“, cuando responde al director del colegio en el que enseña, que le acusa de meter ideas no adecuadas en las cabezas de los alumnos: “es un error querer terminar con los ricos, lo que hay que hacer es terminar con los pobres” Acabando con la pobreza habrá más equidad en el mundo. Cantinflas tiene propuestas concretas basadas en las encíclicas de Pio IX y León XII. Lo que pide es que el salario sea proporcional al esfuerzo. Con salarios más altos disminuirá la pobreza y habrá más equidad en el mundo. Es la versión cristiana.

La capitalista es que el mercado decida. Los gobiernos solo deben imponer unos impuestos mínimos para el mantenimiento de los servicios básicos. Con este sistema aumentan los ricos, pero también los pobres.

Lo que proponía Olof Palme es el modelo socialdemócrata nórdico que ha logrado implantarse independientemente del color del gobierno de turno y que se basa en una recaudación fiscal alta: más de 6 puntos por encima de la española. En el resto de Europa hay establecidos sistemas mixtos.

En Suecia los dos impuestos más importantes: el progresivo IRPF y el regresivo IVA al 25%, más las cotizaciones sociales, no topadas para los sueldos más altos, consiguen ese objetivo. Todos los contribuyentes pagan el 32% de sus ingresos que se destina a los ayuntamientos que son los que gestionan los servicios. Hasta los 55.000 euros no pagan extra. A partir de esa cifra un 20% más que va a parar a la hacienda estatal. Por supuesto hay deducciones.

El IRPF representa más de la mitad de toda la recaudación y el 26 % del PIB frente al 22 y el 7 en España. Los salarios brutos son el doble en Suecia que en España.

Las rentas bajas pagan más de un tercio de sus ingresos por IRPF, IVA y cotizaciones a la seguridad social. Las altas por encima del 50%. No hay impuestos de sucesiones, donaciones, ni patrimonio.

Acumular capital es difícil pero el sistema no quiere destruir el existente, ni expulsar las inversiones. El impuesto a las rentas del capital está en el 30%, mientras que el de sociedades, al 20,6%, está por debajo de la media de la OCDE.

Todo esto con una deuda pública del 40% del PIB y un déficit fiscal del 1,5 %. la deuda privada es elevada y hay riesgo de una crisis inmobiliaria a causa de los elevados tipos de interés.

El gobierno no interfiere en la economía; el despido es libre. Los sindicatos participan en muchas decisiones de las empresas. No existe el salario mínimo legal, pero nadie gana menos de 1.500 euros al mes.

Tampoco hay un salario mínimo vital, sino que cada municipio subvenciona de forma variable a las familias o individuos necesitados. También hay subsidios parentales y por natalidad, subvenciones para pagar el alquiler- los principales propietarios de pisos son los municipios-para familias con hijos o jóvenes entre 18 y 28 años y unos generosos permisos de paternidad. El Estado redistribuye la riqueza a través del gasto público.

La riqueza está muy concentrada; es el país europeo con mayor número de multimillonarios en proporción a la población, con un pequeño grupo de personas y familias que atesoran más de 1000 millones de euros. No hay grandes fortunas fundadas en la propiedad de la tierra. Algunas tienen origen financiero e industrial como la de la familia Wallenberg, pero la mayoría son “nuevas“ y están basadas en sistemas avanzados de producción: Ikea, HyM; innovaciones: Tetrapak, o tecnología: Spotify.

Estas grandes empresas, sobre todo las tecnológicas- Estocolmo es hoy el Silicon Valley de Europa- se han podido crear por la existencia de una mano de obra altamente cualificada, por políticas que han incentivado, entre otros conocimientos, que todos los hogares tengan un ordenador, que haya un conocimiento generalizado del inglés y por la relativa facilidad de acceso al capital.

El sueco medio tiene un patrimonio escaso. En general eso no le preocupa porque el estado le garantiza educación de buena calidad para sus hijos, una sanidad pública de las mejores del mundo, pensiones entre las más altas de Europa, que les permiten pasar sus vacaciones anuales en Canarias y sobre todo tranquilidad de que el sistema no va a cambiar, sin que importe el partido que gobierna. Los principales lujos de gran parte de los suecos son las más de 700.000 cabañas de verano-la mayor parte de ellas mejoradas hasta convertirse en verdaderas casas, en las costas, los archipiélagos y en las proximidades de los infinitos lagos y los cerca de un millón de barcos, en general modestos, que poseen. La mayor parte de los atraques, pertenecientes a los municipios, son gratuitos, pero no ofrecen servicios. No está mal para un país de 11 millones de habitantes.

Algunos valoran aún más el “ allemansrätten” que es el acceso público a la naturaleza que permite que cualquiera atraviese o incluso pernocte en cualquier propiedad privada con el debido respeto. No son muchos los suecos terratenientes, pero todos pueden disfrutar de su maravillosa naturaleza.

Para financiar todo esto es necesario que muchos contribuyentes paguen elevados impuestos; es decir que para terminar con los pobres-como ha ocurrido en los países nórdicos – hace falta que haya ricos, cuantos más mejor y que sean fiscalmente honestos.

En las recientes elecciones en Suecia y en las aún más recientes en Dinamarca ningún partido presentó en su programa electoral una rebaja generalizada de impuestos. El nuevo gobierno conservador sueco no ha tocado los tipos del IRPF. Por algo será.

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