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TERÁN. “Tributo a las genias”, exposición sobre mujeres artistas visuales en el Ateneo de Madrid

  • Por Carmen Valero

lunes 22 de noviembre de 2021, 01:26h

21NOV21 – MADRID.- El pintor chileno/español Terán, residente en Madrid, ha inaugurado su exposición de pintura titulada “Tributo a las genias”, todo un homenaje a las mujeres artistas visuales de distintas épocas y tendencias. Las críticas de arte Julia Sáez-Angulo y Carme Pallares -autoras de los textos del catálogo-, así como el pintor, abrieron con su palabra la inauguración de la muestra, que permanecerá abierta hasta Navidad.

El catálogo, presentado en un estuche rojo, recoge los libros de las dos exposiciones: “Tributo a los genios”, que tuvo lugar en la Fundación Antonio Saura y “Tributo a las genias”, en el Ateneo madrileño.

El texto de Julia Sáez-Angulo dice entre otras cosas:

Resulta grato y plausible, que un varón pintor se ocupe de subrayar en su obra la importancia de las mujeres en el arte, y exponga una generosa nómina de ellas en su obra, pintoras procedentes de distintas épocas, de distintos estilos. El título de la exposición es “Tributo a las Genias”. La palabra “genia” no se encuentra en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, RAE, pero quizás las feminizadoras del lenguaje logren introducirla. Ciertamente la semántica no es ingenua o inocua, sino todo lo contrario. El título de la muestra habla de tributo y no precisamente de homenaje, que suele ser lo habitual y más pomposo. “Tributo” quiere decir, según el Diccionario de la citada RAE, la “obligación que se impone por el uso o disfrute de algo”. Es una forma de reconocimiento, de pleitesía del pintor por el disfrute de la obra artística de estas féminas.

La actitud del pintor va contra ese dicterio que se repite, incluso en Internet, a partir de la afirmación irónica de Simone de Beauvoir y por tanto en sentido contrario: Hay mujeres que están locas y hay mujeres de talento: ninguna tiene la locura del talento que se llama genio.

Aserto deleznable.

Terán viene a decirnos que se siente deudor del trabajo pictórico que hicieron, esas damas, maestras del arte, como se siente igualmente obligado ante los autores masculinos, a los que anteriormente dedicó otra exposición bajo el título de “Tributo a los Genios”, muestra que tuvo lugar en la Fundación Antonio Saura, Casa Zavala de Cuenca en este mismo año 2021. No olvidemos que un artista que se precie tiene sus raíces en la tradición que viene de las cuevas de Altamira o las de Lascaux, porque todo buen arte se basa en el descubrimiento previo de los grandes maestros -y maestras, si nos atenemos al reiterado lenguaje inclusivo-, de lo contrario sería un artista naïf. Donde no hay tradición, hay plagio, dejó dicho con rotundidad y gracia, el admirado estudioso y crítico de arte don Eugenio D´Ors.

Creo intuir que, después de la exposición “Tributo a los Genios” -donde sólo figura una mujer: la artista japonesa Kusama, entre grandes firmas-, confesados maestros del autor chileno, como son Picasso, Rothko, Bansky, Basquiat, Dubuffet, Fontana, Freud, Indiana, Johns, Magritte, Matta, Pollock o Vermeer… Terán se sentía en deuda, quizás, con las damas, mujeres artistas que en el mundo han sido y que en muchos casos fueron preteridas por la simple dinámica de la sociedad masculinizada, que llegó incluso, directa o indirectamente, a acuñar la idea de que el arte realizado por mujeres era inferior o de segunda categoría. Y no era ni es así, si prestamos un mínimo de atención al arte hecho por mujeres a lo largo de los siglos, aunque se haya tenido que refugiar en ocasiones en pseudónimos masculinos.

Recordemos, por ejemplo, como Gran Bretaña, país rico en pintores de acuarela, reconoce hoy en anticuarios y brocantes, las hermosas pinturas al agua que realizaron muchas mujeres en la intimidad y privacidad de su living room, al tiempo que administraban la casa y cuidaban de su prole. Les faltaba “una habitación propia”, al decir de Virginia Woolf. Unas firmaban y otras no; la mayoría no osaba exponer, porque no se lo permitía el varón o porque las circunstancias de la sociedad en que vivían no les eran propicias. Ahí quedó su trabajo artístico, con firma o sin ella, pero con una clara vocación artística en su obra y, desde luego, una indudable valía estética.

Virginia Woolf también lo acuñó: Detrás de muchos anónimos hay nombres de mujer.

En los cuadros de Terán están los rostros o los atributos personales o pictóricos de Georgia O´Keeffe, Frida Khalo, Tamara de Lempicka, María Blanchard, Ángeles Santos, Yayoi Kusama, Mary Cassat, Louise Bourgeois, Hilma af Klint, Sonia Delaunay, Maruja Mallo, Remedios Varo… La nómina no puede ser más granada y selecta, cada uno de los nombres femeninos con sus características singulares. Hay que tener en cuenta que el autor no se fija en ellas solo porque sí, sino porque su obra, valiosa, resplandeciente y singular, ha merecido su atención artística, su ojo de pintor.

No pretendo traducir literalmente las apreciaciones de Terán ante las mujeres artistas, pero ahí están: Georgia O´ Keeffe, por su espectacular cambio de escala, sobre todo en las flores; Frida Kalho, por su particular iconografía de la enfermedad y el dolor; Tamara de Lempicka, por su precioso lenguaje decó y modernista; la encorvada María Blanchard -la petite Marie la llamaba Picasso y otros vanguardistas- por la ternura especial en su cubismo; Ángeles Santos, pintora y artista gráfica, por su particular dibujo y lenguaje de años 40 y 50, con acentos surrealistas en sus primeros cuadros; Mary Cassat, una intérprete maternal del impresionismo; Maruja Mallo, de la generación del 27, con sus extravagancias singulares; Yayoi Kusama, por su mundo colorista punteado y moteado; Remedios Varo, por su mundo mágico y onírico; Sonia Delaunay, por su orfismo radiante y cromático; Louise Bourgeois, por su potencia en la escultura, con sus arañas elevadas, hijas de los elefantes oníricos de Dalí; Hilma af Klint, una sueca sorprendente con su arte abstracto de gran belleza ornamental; de maría Helena da Silva, por su elegancia y refinamiento en la abstracción; a la sorprendente chilena Violeta Parra, más conocida como cantante, que también ha pintado y expuesto su trabajo artístico, hoy en su museo santiaguino, una pintura entra naïf expresionista y ácida…

Y así podríamos continuar una a una de las artistas en la treintena de cuadros que Terán presenta en el Ateneo de Madrid y, más adelante, de modo itinerante, presentará en otros foros expositivos.

Mujeres artistas, mujeres pintoras, en su mayoría del presente de varios siglos, si cabe esta paradoja como contradicción aparente. El arte que es permanente se hace arte clásico, universal. En el arte no hay evolución, como en la ciencia, sino metamorfosis, le gustaba repetir al maestro suizo, el arquitecto Alberto Sartoris. ¿Quién se atrevería a decir que Picasso es superior a Velázquez por el hecho de haber nacido después? No es posible, entre el arte de uno y otro, solo ha habido metamorfosis en la forma, en la estética, en los materiales… pero el arte de uno y otro es clásico, en el sentido de permanente, universal. Válido para todos los tiempos y todos los hombres y mujeres, principalmente del arte.

Igualmente sucede entre las damas pintoras elegidas por Terán. De su primera exposición sobre genios a la actualidad sobre genias, ¿qué ha sucedido? Sin duda alguna, una mirada atenta, un equilibro justo, una paridad necesaria regida por el artista varón en este caso. Los dos volúmenes de ambos catálogos “Tributo a los Genios” y “Tributo a las Genias” constituyen hoy un valor de indudable consulta. Genios y Genias con mayúscula, como merecen sus obras y, por ellas, los conocemos a unos y otras.

Y no sólo esto. Terán ha querido que los textos del catálogo en esta ocasión fueran firmados por mujeres, para que expongamos aquí nuestras propias reflexiones desde el mismo ámbito de los hombres con los que compartimos el mundo, la vida y la existencia.

Una saga de prestigio

Vaya por delante que Terán es hoy uno de los pintores realistas más cotizados en el circuito artístico. Su maestría en el dibujo y el color, su buen gusto, le hacen ser reclamado como retratista. El artista visual pertenece a esa fértil saga de pintores chilenos afincados en España, que tienen su cabeza de fila en el gran Claudio Bravo, al que tuve el honor de conocer, tratar y admirar. Recientemente he publicado una semblanza de ese autor en mi libro “Historias y personajes del Norte de África II” (1). Ese realismo “chileno” de gran maestría, se hace patente en los retratos de mujeres pintoras, presentados ahora por Terán, en los que cada uno de ellos, como marca la tradición, se muestra con el rostro o con su correspondiente atributo definitorio, sea una rosa o un objeto. Una tradición que viene del mundo clásico greco-romano. Casa dios, diosa, héroe o ninfa tienen su atributo definitorio en su iconografía, Lo mismo sucede en el santoral cristiano

Las series, tanto de Genios como de Genias constituyen, e todo caso, una buena panoplia de retratos, ese género a veces denostado en el pasado como “género nutricio de los artistas” en la pintura. Aquí no se trata de encargos, sino de libertad en el reconocimiento al maestro y maestra que preceden al artista. Se ha dicho que la Pintura Española no se comprendería bien sin el retrato, que el Museo del Prado es cima de ellos, comenzando por Las Meninas de Velázquez. El retrato es la naturaleza viva más vivaz e inquietante, la figura humana, el rostro, nos interpela con su mirada. En los retratos de mujeres pintoras de Terán, ellas aparecen firmes y seguras de sí mismas, de su arte que es o fue su forma de estar y permanecer en el mundo. La National Portrait Gallery de Londres dedica todo su edificio y espacio al retrato como género por excelencia, en todos los soportes imaginables. En Gran Bretaña, el retrato es tan importante, que toda exportación de un retrato se mira con lupa en el Reino Unido, porque requiere aquiescencia de permiso de salida, se estima que no debe exportarse retrato alguno digno de interés para su historia del país.

Las Genias, las artistas visuales seleccionadas por Terán, han contado con el reconocimiento social y crítico de su trabajo artístico. Han entrado en los museos y/o colecciones de arte importantes y no pueden quejarse, como hacía el colectivo feminista de las Guerrilla Girls, que en los años 80 hacía rápidas razias en el Metropolitan Museum, que, con tácticas de guerrilla y su famoso grito y leyenda: Do women have to be naked to get to the Met Museum? Less than 5% of the artists in the Modern Art sections are women, but 85% of the nudes are females. (¿Es que las mujeres tenemos que desnudarnos para entrar en el Metropolitan Museum? Menos del 5% de artistas en las secciones de Arte Moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos). Con esa táctica de invasión rápida de encapuchadas con cabeza y caretas de gorilas, querían denunciar la discriminación de la mujer en el arte. Y no solo llevaron su acción a las artes visuales, sino también a las literarias y teatrales. Los carteles, pasquines y escritos de las mujeres encapuchadas Guerrilla Girls Han llegado a ser expuestos en el MoMA de Nueva York, seguido de otros muchos museos. Sin reivindicación no hay presencia. Las feministas norteamericanas saben mucho de esto y son eficientes al ponerlo en práctica. Siguieron al pie de la letra la afirmación de la escritora francesa Simone de Beauvoir: El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. (Quiero dejar constancia de mi feminismo como defensa de los derechos humanos en igualdad a los hombres, nada más lejos del feminismo radical de la carga de la prueba en el otro, o la paridad por sistema, entre otros excesos). Emma Watson lo expresó con audacia: Las mujeres sienten como si requiriesen de una aprobación para hacer las cosas. Debemos liderar, tomar las riendas y cambiar eso. O el consejo de Margaret Atwood: Si queremos un mundo más justo, tenemos que defender un mundo más justo para todos. Y Camila Läcksberg lo redondeó: Una de las razones por las que los hombres tienen el poder es porque son mucho mejores que nosotras a la hora de formar hermandades. Conclusión: tenemos que espabilarnos en este campo, en las agrupaciones y asociaciones.

El célebre Museo Nacional de Mujeres Artistas (National Museum of Women in the Arts, NMWA), fundado en Washington en 1981 por la coleccionista Wilhelmina Holladay fue un hito del siglo XX en esa reivindicación de las féminas dedicadas al arte. Su objetivo declarado era dedicarse al “reconocimiento de los logros de las mujeres en las artes visuales, interpretativas y literarias”. Wilhelmina y su esposo Wallace se dieron cuenta de que los grandes museos carecían de nombres de mujer y decidió crear uno precisamente para ponerlas de relieve y subrayar su firma. Wilhelmina decía que el arte de las mujeres estaba tan oculto en los museos como el de los indígenas americanos. Su “caída del caballo”, su caída en la cuenta de la situación de silencio, fue al ver un cuadro de Clara Peeters (1580 -1621) en museos como el de Historia de Viena o el Museo del Prado en Madrid, una pintora excelente, que sin embargo no aparecía nombrada en los manuales de Historia del Arte con el mismo parangón que sus colegas masculinos de la pintura flamenca. Tampoco aparecía en los libros de texto. Algo fallaba.

Y no es que las mujeres artistas quieran un gueto para su trabajo artístico, pero el Museo de Washington fue una gran llamada de atención en pro de su presencia en los museos y en la Historia.

Paulatinamente han ido apareciendo museos y colecciones públicas con nombre de mujer y esto llena de satisfacción, porque vuelve a establecer un paralelismo con los museos y colecciones con nombre masculino. Citemos algunos de los pocos ejemplos de mujeres artistas como el de María Helena Vieira da Silva, Graça Morais o Paula Rego en Portugal. En España están los museos de Mayte Spínola, pintora, en Marmolejo (Jaén) o de la baronesa Carmen Thyssen Bornemisza en Málaga, Madrid y Andorra, en este caso como coleccionista. Violeta Parra, también artista visual, cuenta con un amplio museo en Santiago de Chile, que abarca toda su obra. Joan Miró tuvo la gentileza de poner el nombre de su esposa Pilar Juncosa, junto al suyo en la Fundación y museo de Mallorca, porque no podemos dejar de recordar el dicho de que detrás de un gran hombre existe una gran mujer que lo apoya y lo potencia. Cherchez la femme, dicen los franceses.

A las mujeres artistas del pasado les viene bien, de vez en cuando, un revival ante los espectadores y Terán se lo ha proporcionado con esta exposición de “Tributo a las Genias”, que las hace de nuevo resonar en el presente y visibles en la actualidad inmediata de una exposición, que viene a recordarnos como el arte es al mismo tiempo estética y pensamiento. Belleza y comunicación, siguiendo el aserto de que las imágenes aspiran a los mismos derechos que el lenguaje.

Hay que saber y reconocer que hoy en día, las instituciones museísticas, las institucionales al menos, prestan mayor atención al arte realizado por mujeres. Reservan fechas como el mes de marzo para Ellas o están más atentos a los porcentajes de las exposiciones o adquisiciones de obra que se llevan a cabo, para tratar de equilibrar la presencia de hombres y mujeres artistas en su sede. Es curioso como esta nueva actitud rebela a ciertos varones con renovada misoginia. ¡Una pena! Como ya he dicho, no me gusta la paridad por sistema, pero sí, hay que preguntarse, cuando los números no se acercan a ella, ¿porqué las mujeres artistas no vienen a ocupar un espacio similar al de los hombres? O viceversa, si lo contrario se produjera. La ensayista norteamericana Sidi Hustvedt comentó esta situación con claridad: Creo que es urgente llegar a un acuerdo con la misoginia en curso y cómo interactúa con cuestiones de clase, sexo y color. La cultura, la literatura, el arte en general, pueden ser un elemento clave, ya que no existen, fuera de la filosofía o de la historia de las ideas.

Conclusión

¿Qué hay detrás de esta muestra artística de Terán? Un deseo de resaltar a la mujer creadora y creativa, a las mujeres que dejaron una maestría evidente en la Historia del Arte que nutre como un cordón umbilical a todos los artistas que las sucedieron en el tiempo. Una exposición que pone de relieve la diferencia de nombres, estilos y procedencias y por tanto demuestra que la inteligencia artística de las mujeres no tiene frontera.

Terán, con sus preciosos y rotundos retratos o alusiones a su pintura, ha proporcionado a las mujeres artistas reconocimiento, resonancia y una renovada presencia que se prolongará en el tiempo. No ha habido petición, reclamación o reivindicación alguna en el caso de esta presencia femenina de imágenes, sino la voluntad decidida de un pintor, que desea subrayar la importancia de las artistas que dejaron su impronta en la Historia del Arte, enseñanza y estética de las que todos beben y seguimos disfrutando”.

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