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Opinión: “Es Mi Sentir...”

Si pudieran opinar

  • Por Geral Aci

jueves 02 de septiembre de 2021, 17:44h

02SEP21 – MADRID.- Escuché a un “crítico” de televisión, que hay muchos, ya que criticar es más barato y el criticado no se puede defender, le escuché decir que no era conveniente opinar ni manifestar sensaciones sobre algo que no se tenía experiencia o por lo menos que no se había vivido. Yo no estoy de acuerdo, porque nunca he comido bocadillo de piojos pero no recomiendo que lo coman, igualmente no recomiendo una sopa de excrementos de gallina, a pesar que de ello no tengo experiencia ni lo he vivido. Entonces quiero opinar de algo que aun no experimento pero que con toda seguridad lo experimentaré.

Ayer me llamó un amigo y me dijo. -sabes que ha muerto fulano.- No puede ser.- contesté. Era un amigo. Pero si podía ser, y mi amigo sin preguntarme nada me dio la dirección de un tanatorio, los conocidos que se reunirían, el número de una sala y un horario de visitas, me dijo que había un lugar donde vendían flores, no preguntó si podía asistir, si estaba bien de salud, si tenía dinero para el metro o si me gustaba ese tipo de asistencia a un lugar de tristeza. Pero fui. En la entrada había tres o cuatro personas hablando y sonriendo, me pareció bien, no eran hipócritas tratando de aparentar un dolor que no sentían.

Al entrar un señor abrazaba a la viuda, durante algunos segundos permanecieron abrazados, ella lloraba sin parar, quise acercarme y dar el pésame, pero una mujer se adelantó y también la abrazó, y la viuda no dejaba de llorar. Me contuve ya que llegaron otras personas y la cuestión se repitió. Cuando ya no quedaba nadie más por dar el pésame, caminé y la saludé sin abrazarla: Hola le dije llamándola por su nombre.- Hola me contestó. Yo continué: ¿estaba enfermo no? -- Si dijo ella, la enfermedad estaba muy avanzada.- Pero esta vez no lloraba. Y como no había mucho que hablar, me preguntó mirando a una especie de escaparate donde exponen los cuerpos ¿quieres verlo? dije que sí, aunque en ese momento no veía la razón. Pero le vi, estaba dentro de un brillante ataúd de madera, lógicamente tenía los ojos cerrados y no respiraba. Moví la cabeza no sé a qué lado, como tratando de decir, cuanto lo siento. Ella interrumpió mi movimiento de cabeza: sabes que le hemos puesto el traje azul, ese que tanto le gustaba y también la corbata que usó el día de nuestra boda. Por eso titulé este escrito con las palabras: Si pudiéramos opinar, pero ya dentro de un cajón de madera, no se puede. Pasó la tarde y nos despedimos hasta el día siguiente en que un cura le ofrecería no sé qué en el cielo. Yo no fui. A los dos meses del fallecimiento, me encontré con la viuda, la invité a tomar café y hablamos de muchas cosas. Yo le dije que me había parecido bien que mucha gente el día del tanatorio la saludara solidarizándose con ella, pero ante mi sorpresa dijo: sabes que deseaba mucho que llegara la hora para salir de ese lugar, porque yo no quería llorar, quería estar tranquila, pero cada dos minutos alguien con las mismas palabras que el anterior me abrazaba y yo lloraba.

Antes de despedirnos le pregunté:¿está sepultado en tal cementerio? No respondió: lo hice incinerar, y de inmediato saltó en mi una pregunta silenciosa ¿que pasó con el traje que tanto le gustaba y con la corbata del día de la boda? Mejor haberla regalado a uno que no tenga corbata ni traje.

Y saqué mis propias conclusiones, incluso se me ocurrió una nueva forma de afrontar la pérdida de un ser querido: Lo primero es que la familia no lo comunique a nadie, eso es una cuestión que solo los más allegados lo sufren de verdad. Y el o la fallecida no dice antes de morir: quiero que le avisan a fulano y a mengano y que no le avisen a tal o cual persona. Si lo incineran que no gasten dinero en un ataúd, dicen algunas personas que antes de incinerarlo, meten el cuerpo en una bolsa y el ataúd lo venden a otro muerto. Buen negocio.

También creo que todas las pertenencias que deja el o la fallecida, deben desaparecer del hogar, para evitar recordarlo a cada momento y esas pertenencias ser donadas o regaladas a quien las necesite. Imagino un señor que quería mucho a su perro, a su máquina de escribir, a su afeitadora eléctrica y a su vecina ¿como meter todo en la urna? No sería posible. Y si lo fuera serían pasto de las llamas o del carbón ya que todo es reducido a cenizas. También creo que abrazar sin descanso a una viuda o un viudo es hacerle recordar a cada segundo la desaparición del ser querido, y no hacen falta abrazos para recordárselo. Además eso de tener un cuerpo sin vida en un lugar llamado tanatorio no es caro, es carísimo, es un robo en un momento triste. ¿Cuál es la razón de tenerlo un día como producto de escaparate? Si un médico en caso de enfermedad, si un juez en caso de muerte violenta o de la policía en caso de accidente certifica un fallecimiento, ¿por qué tenerlo casi 24 horas a la vista de amigos y conocidos? pero si el encargado del ayuntamiento cambia las reglas entonces la funeraria no le hace más regalos.

A mi no me gusta mirar un cadáver. Prefiero recordar cuando esa persona estaba viva, hablaba, reía y compartía. He visto casos en que alguna persona levanta en brazos a un niño para que mire la urna con la abuelita, el tío o cualquier otro familiar, ¿no será eso dañar la mente del niño? Recuerdo un día en una visita al cementerio una señora le decía a dos niños de entre ocho y nueve años: Aquí esta la abuela y también el abuelo, están dormidos.- y el niño más pequeño le destrozó la frase, preguntando: ¿no dijo el cura que estaban en el cielo?

Quizás mi pensar esté equivocado, pero cuando yo perdí un ser querido, lo pasé muy mal, no tanto por la pérdida ya que era algo anunciado sino por tener que soportar a los asistentes o invitados al tanatorio, cada abrazo incluía las siguientes preguntas: ¿estaba enfermo? Si. ¿Pero desde hacía mucho tiempo? Si ¿Pero no se pudo hacer nada? No. Paciencia ya está descansando. Si. Desde el cielo te estará mirando dijo una señora.- Si dije yo. Bueno fueron muchas las preguntas. Contar este suplicio no es una crítica a quienes me acompañaron, es solamente que si algún día acuden a otro fallecimiento, solo estrechen la mano del familiar sin decir nada, eso es verdadera solidaridad. Ayer me encontré con un amigo de hace años y más de un año sin vernos, faltando algunos metros para llegar a mi lado ya tenía el brazo estirado, no decía nada y sin que me lo imaginara me abrazó y dijo en mi oído: Cuanto lo siento compadre. Yo le vi unos días antes y lo vi bien. Lo siento de verdad, lo siento. Es algo doloroso. Yo lo viví con mi abuelita. Sé lo que se sufre. Le echaré de menos. Pero tranquilidad compadre. Si necesita algo solo tiene que llamarme. Gracias le dije yo, mientras recuperaba la respiración, nuevamente apretó mi mano y se alejó. Entonces recordé que hacía un año yo había perdido un familiar. Algunas personas creen con buena intención, que están borrando una cicatriz cuando en realidad están abriendo una herida que se estaba cerrando. Algo tendríamos que cambiar, ser piadoso o solidario en estos casos tal vez causa más daño que satisfacción.

Si queremos que la herida del familiar triste cicatrice, al verle tendríamos que hablarle del tiempo, de los bancos que roban impunemente, de los políticos que corrompen, de la justicia inmoral, y de los inmigrantes que huyen buscando pan mientras los gobernantes siguen comprando armas y siguen creándose nuevas ong de “ayuda” El familiar se sentiría más reconfortado y participaría con sus opiniones olvidando su tristeza por unos minutos

Y para terminar quiero contar que una tía lejana que falleció hace años, también le pusieron una blusa que le gustaba mucho, una chaqueta que le había regalado un novio, pero lo que realmente le gustaba era un reloj de oro que valía mucho dinero, pero del reloj nadie nunca comentó nada. Imagino que no lo llevaría puesto.

Yo no quiero asistir a más funerales. Al único funeral que con toda seguridad asistiré, será al mío.

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