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Opinión: “Es Mi Sentir…”

Los prostíbulos de la salud

Por Geral Aci

sábado 28 de noviembre de 2020, 02:34h

28NOV20 – MADRID.- Recuerdo, cuando niño, escuchar algunas veces sin quererlo, a los mayores decir, “Esa vieja tiene lengua de víbora” y a otros que decían, “el pelo no le crece, pero la lengua, le crece cada día”. Se referían a mi abuela y es que la buena señora, como se dice habitualmente, no tenía pelos en la lengua.- Y esa era la razón de lo poco cariñoso que eran los comentarios de los vecinos. Mi abuela tenía una personal opinión de todo, absolutamente de todo, como la mayoría de las señoras que por lo menos en esa época, ya rondaban los noventa años.

Algo que nunca he olvidado y que desde hace pocos años lo recuerdo más seguido, es la opinión que tenía mi abuela, de las Casas de Empeños, los bancos, los prestamistas e incluso de algunos patrones que adelantaban algo del mísero salario a los y las trabajadoras. Pero se centraba más en las Casas de empeños y los bancos; decía que eran los prostíbulos de los bolsillos, y disertaba sobre el tema para demostrar que tenía razón. Decía que le comentaba mi abuelo, sin saber si lo sabía de oídas o era por experiencia propia, (nunca se supo), que en los prostíbulos recibían a los clientes con una sonrisa, les ofrecían todo lo que soñaban hacer y que no se les permitían en la cama matrimonial y que además, invitaban a la primera copa y les enseñaban rostros hermosos y sonrisas que cautivaban y las pocas horas, estos salían a la calle con los bolsillos vacíos, una deuda pendiente que el dueño les permitía, “hasta la próxima semana” y la sensación de que habían sido engañados.

En la casa de empeños, recibían por entonces, mayormente, alhajas, cubiertos y relojes, a cambio de un préstamo; este tenía un interés que se pagaba anualmente, hasta ahí, todo parecía normal, aparentaba que era una institución que se preocupaba por los explotados y esclavizados por empresarios y terratenientes, pero también sucedía que en esos años, mucha gente no tenía domicilio propio ya que la mayoría vivían en casas alquiladas por el terrateniente a las familias campesinas, mientras duraba la época de cosechas o sembrados.

Esto lo sabían los directores de las casas de empeño, y sin aviso previo, procedían a rematar o subastar lo único de valor que tenía la gente pobre, que con dolor se veían obligados a empeñar para pagar alguna deuda contraída con el patrón o el terrateniente. Cuando algún vecino protestaba por qué había perdido su joya, le decían que le habían enviado una carta a “su domicilio” poniéndole sobre aviso de una próxima subasta si no retiraba o pagaba nuevamente intereses por la prenda empeñada.

Se comentaba que los directores hablaban con gente que disponía de dinero cada vez que recibían una joya de valor y que la subastarían cualquier día y así ellos podían comprarla a un precio menor de lo que realmente valía. Incluso alguien me dijo que hasta los propios directivos “compraban” joyas a muy bajo precio.

Con los bancos era y es algo parecido, ya que los usureros, tienen muchos tentáculos, pero la misma cabeza, es decir bancos y casas de empeño eran cómplices en esa profesión que se llama usura. Lo de los bancos más que vergonzoso es inmoral, también podemos tomarlo como una película de terror, un terror que no se puede gritar porque algunas veces la justicia no está o está de baja.

Una persona firma una hipoteca a 30 años, con un interés salvaje, y lo que sucede, parece como si fuera una sociedad criminal formada por empresarios y banqueros, ya que el firmante de la hipoteca queda sin trabajo, después de pagar durante 4 o 5 años mensualmente la cuota al banco, entonces sin trabajo, ya no puede pagar, el banco lo denuncia, la justicia ya no está de baja, esta vez se mueve rápidamente.

El “cliente” del banco, es echado a la calle como un perro, queda con su familia sin tener donde vivir, el banco es dueño de la propiedad, que ahora tiene un precio superior, pero no devuelve lo que ha pagado el cliente, y además este último se queda una deuda gigantesca e imposible de cancelar y lo acosan, lo persiguen, lo amenazan. El hombre perseguido no puede trabajar porque le embargan la nómina, no puede comprar un coche porque igualmente lo embargan. Pasa de ser un trabajador ilusionado en tener una casa propia a ser un frustrado, estafado, robado y perseguido trabajador. El banco mientras es dueño del piso y puede venderlo nuevamente y puede repetir la jugada y así venderlo a diez o veinte personas, y cobrar diez o veinte deudas. Tal vez si nadie firmara hipotecas, los usureros se verían en la obligación de prometer devolver el dinero recibido por la cuotas o anular la deuda pendiente ya que nuevamente vende la propiedad a otra persona.

Recuerdo especialmente, un caso sangrante sucedido a un señor inmigrante que trabajó en el soterramiento de la principal vía que cruza Madrid; él era técnico en estructuras de hierro, cobraba cerca de dos mil euros mensuales, era época de elecciones y de una enorme corrupción, igual que ahora. Con ese salario, el inmigrante, habló con su compañera y como ella también trabajaba, se acercaron a un banco; fueron recibidos con sonrisas, asiento, un cafecito, les felicitaban y al mismo tiempo que les decían que este país era hermoso y ellos, unos grandes emprendedores. Firmó una hipoteca con este amable usurero, y el joven matrimonio ya creía tener una vivienda propia. Pero un día le dijeron en su trabajo que se avecinaba una crisis y fue despedido, casualmente lo mismo le sucedió a su compañera, pero no se preocuparon, pagarían las cuotas pendientes, al cobrar el paro. Al mes siguiente, el banco le llamó diciéndole que estaba atrasado en el pago de las cuotas, el hombre fue al banco y efectivamente no le ingresaban la cantidad que él creía debía recibir, fue a la empresa y le dijeron que su contrato era de 560 euros mensuales, y que el resto, hasta complertart la cantidad que recibía, era dinero “negro”. El hombre no tenía idea de lo que era dinero negro. Les amenazaron con tirarlos a la calle, y junto con la compañera decidieron volver a su país e ignorando los mecanismos injustos que dirigen la cuestión del dinero, se presentaron en el banco y dejaron las llaves del piso sobre el escritorio del director y se fueron a su patria. Allí, ya instalados y trabajando, les llegó una citación de un juzgado por la deuda contraída en España. El banco de aquí había vendido la deuda a un banco de su tierra. Como los dueños de los prostíbulos que venden algunas mujeres a otros mal tratadores y explotadores. El inmigrante se suicidó.

Eso es lo que hacen los bancos, como vulgares mafiosos venden deudas, acosan personas, contratan matones, compran justicia y se apoderan de lo que los ciudadanos con enorme sacrificio quieren tener.

Yo recordé eso que decía mi abuela, del prostíbulo de los bolsillos, cuando me preocupé de saber con qué me alimento o me alimentaba. Hice un tour por el supermercado: había una caja con cubitos de caldo de diferentes sabores y el precio era de 0,42 céntimos de euro y trae 10 cuadraditos de una cosa gris y mal oliente y saqué cuentas; el envase serigrafiado a cuatro colores en cartulina, los caldos envueltos en papel aluminio, lo que gana el fabricante, lo que gana el supermercado, las pérdidas, lo que cobra el transportista, eso de me dio un costo de 0,26 céntimos, es decir el costo de lo que yo compro es de 0,16 céntimos de euro por los diez cubitos. ¿Que compro por esa cantidad? ¿las plumas del pollo o los excrementos del cerdo?

Lo dije como broma a una profesional en el ambulatorio y me dijo: “no se te ocurra comprar esos cubitos son muy dañinos”y yo le pregunté, ¿por qué no los prohíben? Sonrió agregando, ¡hombre, habría que suprimir tantas cosas que llaman alimentos!

Hace un año viajé a América y en la televisión vi a un señor que llamaban doctor, vestía de blanco, usaba gafas pequeñas y tenía una corta barba entre pelos blancos y negros. Decía que el aceite de palma era bueno para reactivar la actividad sexual, para quitar arrugas, para bajar de peso, para contener el carácter cuando recibía la factura de la luz, para desarrollar la inteligencia, para evitar el cansancio y la aparición de canas, y la gente entonces lo compraba. Pero al llegar de regreso a España veo algunos productos que dicen en letras destacadas: No contiene aceite de palma. Lo pregunté y me dijeron. el aceite de palma es muy dañino para la salud, especialmente para los niños. Creo que en América presentan un payaso diciendo que es médico y recomendando cualquier basura y la gente se lo cree. Será que también allá, algunas veces la justicia está de baja por vacaciones?

Podría escribir sobre lo que llaman bollería, una docena de pasteles 1 euro, leche que es como agua transparente, la llaman desnatada, mermeladas que no corresponden a ninguna fruta, incluso una que se llama frutas del bosque, me pareció curiosa, aún sigo buscando cuales son esas frutas, queso que no es queso ni huele a queso, jamón que no es jamón, pero huele a otra cosa que no se puede decir, zumos que son solo química a 0,60 céntimos el litro, yogures que cuestan 0,90 céntimos las diez unidades y para más daño, envasados en plástico.

Lo he hablado con algunas personas y les pregunto; ¿por qué las autoridades, especialmente las relacionadas con la salud de la población no intervienen? Y me responden, ningún político ni ninguna autoridad se atreve a meterse con la industria de los alimentos. Ademas piensa que ellos no compran esas “ofertas” que tú y gente modesta si se ven obligadas a comprar.

Entonces ya sabemos porqué hay tantas enfermedades, especialmente del estómago y de obesidad entre niños y adultos. Sería hipócrita que nos preguntáramos. ¿porque mi padre, mi hijo, mi hermano o cualquier familiar se enfermó o falleció por problemas estomacales, de riñones, hígado o páncreas?

Me lo decía una amiga que trabaja en un hospital; “cada día hay más niños con enfermedades incurables, antes no era así”

Mi abuela tenía razón con su opinión sobre los bancos y ahora yo creo que tengo razón si copiando sus palabras digo: Los supermercados y la industria de la alimentación, son los prostíbulos de la salud.

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