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Opinión: “La Columna de Primavera…”

¡Ámame, que me muero!

domingo 09 de diciembre de 2018, 12:16h

10DIC18 – SANTIAGO DE CHILE.- No deja de ser triste y absurdo a la vez, que la gente quiera más a sus muertos que a sus compañeros de vida que aún respiran en este mundo. Incluso en Google, si se busca “seres queridos”, los principales enlaces derivan a cementerios, crematorios o a cuentos de fantasmas, pero no a asuntos familiares o de amistad, de esa gente que ves mirando el celular, televisión o tabletas, malogrando las relaciones humanas.

¡Ámame, que me muero!
¡Ámame, que me muero!

Estaba buscando cómo optimizar las relaciones con los seres queridos, mediante algunos análisis, pero no quería respuestas muy científicas, sino de aquellas como las de los tests de revistas que a veces son bien buenos. También quería saber porqué la gente pareciera atesorar más a sus muertos que a sus vivos.

Como decía en el encabezado, imposible encontrar la expresión asociada a los que aún existen. Tuve que poner SERES QUERIDOS VIVOS para lograr mi cometido, con lo que llegué a una aplicación made in spain, que mide el tiempo bueno con nuestros amores. Dicho programa estima cuántas horas de vida nos quedan para tratar con determinados seres queridos antes de morir o de que mueran, calculando y haciendo una proyección considerando varios factores, partiendo con la definición “resto de vida” de unos cuarenta años. La aplicación pide edad, tipo de relación con quien se desea compartir nuestro tiempo disponible, cuánto veces se le ve en una semana, mes o año. De esas veces, cuántas horas se comparten con el elegido. Los resultados son para morirse de pena o reflexionar mucho acerca de estos seres, que según el buscador universal, solamente deberían encontrarse en los cementerios, hospitales u otra dimensión que no es ésta.

Por razones que nunca gusto de confesar, ayer miraba un programa matinal, donde un trío de conductores muy jóvenes salió a la calle para divertirse, disfrazados de duendes, acompañados de otro muy juvenil y estupendo cuarteto de coro a capela. Ellos andaban jugando, nada en serio, diciendo que llevaban el espíritu navideño. Se acercaban a la gente, la rodeaban y le cantaban villancicos uno tras otros ante la sorpresa de los elegidos, que cantaban con ellos, reían con sus bromas y terminaban emocionados hasta las lágrimas, en circunstancias que el chileno no es muy bueno para llorar de emoción (solamente para hacer teatro). También lloré al palpar la inocencia de todas esas personas que, como he dicho, eran elegidas para la jugarreta. Sin embargo, lo tomaban muy en serio y en retribución regalaban dulces y galletas a los invasores, que tocaban un timbre y se metían en las casas a entregar el “espíritu navideño”. Aunque para los chicos no eran más que divertidos desafíos de intrusión, la gente les creía, se emocionaba, reaccionaba.

Se siente esperanzador constatar que la gente aún sea inocente, que aún crea en la buena voluntad de otros. ¡Qué bueno sería hacerlo en serio! Aunque los muchachitos son más que ingeniosos, agradables, lindos y simpáticos… hace falta dar amor de verdad, aunque sea a la fuerza, como lo hacían ellos en el inicio, hasta hacer que las personas se rindieran a sus propósitos. Era increíble sentir la emoción a través de la pantalla, porque la gente suele portar una gruesa armadura y ya no cree ni en sus parientes. ¡Mucho menos en los personajes que construye la televisión!

Lloré por la reacción de cada uno de los doblegados, con cada uno de esos espíritus desnudos, que reventando los embalses lacrimales, se dejaban llevar por este súbito “cariño” callejero. También lloré de tristeza, porque los afectados no sabían que era solamente un juego de adolescentes. Sin embargo, hacia el final del despacho me congracié con los hermosos muchachitos, cuando en una curva se encontraron con un motoquero accidentado y muy seriamente esta vez, improvisaron una real asistencia con espíritu navideño.

Animadores y coristas, con sus divertidos trajes de duende lo rodearon, haciendo todo lo pertinente para protegerlo y auxiliarlo, llamando a su familia, desconectando las llaves de la moto, cubriéndolo de la fría lluvia primaveral y solicitando la llegada de diversos servicios de emergencias.

Para el joven caído, los anteriores y eternos minutos de abandono e indiferencia por parte de otros automovilistas que habían pasado por su lado sin prestar asistencia, fueron interrumpidos con esta súbita demostración de amor por el prójimo, por parte de unos chicos que salieron anticipadamente a divertirse con el llamado “espíritu navideño”, que en un tris tras se apoderó en serio de sus corazones.

(Primavera, la llorona)

https://tenemosquevernosmas.ruavieja.es/

Primavera Silva Monge (*)

(*) Primavera Silva Monge es una escritora chilena, traductora de japonés, ex alumna del prestigioso Instituto Nacional de Santiago de Chile, artesana y socióloga por afición. Sus escritos los redacta referidos principalmente a los temas cotidianos imprimiéndoles una dosis de frescura y cercanía que hacen muy fácil su lectura y comprensión. Su género literario favorito es la novela y el relato o cuento corto.

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