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Memorias: Así fue y así lo voy a contar

Yo, El Azafato (XXIV)

Por Quino Moreno

lunes 01 de junio de 2015, 22:35h
Yo, El Azafato (XXIV)
Yo, El Azafato (XXIV)

Y llegó la “Operación Plus Ultra”

Una mañana recibí una llamada de la Dirección Comercial de Iberia diciéndome que me personara lo antes posible para una reunión de índole comercial de la Compañía. Yo ya tenía mi programación de vuelos y al día siguiente salía a una línea de tres días. Así que lo primero que hice fue llamar a la subdirección de vuelos para decirles lo que me habían comentado desde la Dirección Comercial y al mismo tiempo, llamé a Nicolás para informárselo i éste, nada más coger el teléfono y sin siquiera decirme “Hola”, me espetó:

-“Haz las maletas que pasado mañana nos vamos a Buenos Aires”

No recuerdo ni lo que dije o pensé en ese momento pero si que de verdad, me quedó claro que comenzaba "La Operación Plus Ultra".

En Iberia y después de personarme tanto en la Dirección Comercial como en la Subdirección de Vuelos, me recibieron también los dos Directores en persona contándome que a partir de ese momento, pasaba a formar parte a una acción comercial en Argentina y que esa misma tarde fuera a la Oficina Central de Billetes a recoger la documentación pertinente.

Hasta ahí todo fenomenal, pero ahora venía la parte más complicada: Contárselo a Margot quién aunque algo se barruntaba, no esperaba que fuera tan pronto porque en la práctica, al día siguiente me iba a Argentina con billete de ida pero con la fecha de vuelta indeterminada. La situación no le sentó nada bien a Margot ya que Quino Jr. era muy pequeño y cuando ella estuviera de vuelo tendría que dejarlo con la portuguesa sin que yo estuviera presente cosa que sí ocurría por cuanto nos turnábamos en el cuidado de nuestro hijo pero Margot (como siempre) comprendió las circunstancias por las que estaba pasando en vuelo con los comandantes, después de la denuncia de Nicolás a través de CERO 82 la revista que todo el mundo sabía, era plataforma de los dos.

Por otro lado le pareció también una buena oportunidad para poner tierra de por medio hasta que la cosa estuviera más tranquila. Tengo que decir que en ese momento -aunque ya lo sabía-, me di cuenta del pedazo de compañera que tenía a mi lado por eso hoy mismo no me extraña que después de muchísimos avatares, llevemos casi 40 años juntos.

El vuelo salió de madrugada directo a Buenos Aires. A la llegada al avión el protocolo de cortesía de vuelo era presentarse al comandante para ponerte a su disposición así como al resto de compañeros (cosa que todavía hago cuando subo a un avión y me presento al compañero que está en la puerta, diciéndole que he sido tripulante de Iberia por si me necesitan en caso de alguna anomalía) Son esas muletillas que quedan en el mundillo aeronáutico y así lo hicimos. Ni que decir tiene que al comandante de turno no le sentó nada bien nuestra llegada y como vi que no extendía la mano a Nicolás a mi, ni se me ocurrió extendérsela.

Íbamos en primera clase y ahí si que intervine un poco, diciéndole a mi compañero Sobrecargo que si el comandante no le preguntaba en la clase que íbamos, no le dijera nada, Nicolás que se enteró me apremió diciéndome:

-“¡¡Que coño!!... yo soy comandante y la compañía me exige ir en primera y tu vienes conmigo en una misión delegada de la compañía, así que me importa dos cojones que sepa que vamos en primera clase”

A lo que le respondí:

-“Nico por tu madre, son muchas horas de vuelo p’a tener follones así que cenita buena y a dormir”

Durante el vuelo yo pasé mucho tiempo con mis compañeros mientras Nicolás dormía, incluso recuerdo que di una mano en los Gallies en la venta a bordo.

Durante el desayuno en el avión, hicimos una especie de hoja de ruta y en lo primero que pensamos fue en decirle al Delegado de Iberia, que no nos llevara al mismo hotel donde pernoctaban los tripulantes y que era el Sheraton. Así no tendríamos que encontrarnos con compañeros todos los días y eran muchos, ya que normalmente había dos tripulaciones alojando en el hotel puesto que desde Buenos Aires se daba el salto (en una especie de regional) a Chile con otra tripulación y contado que cada una la componían 15 personas, al final nos íbamos a encontrar como si estuviéramos en Madrid saliendo de vuelo.

Nos despedimos de los compañeros no así del comandante y el segundo que se bajaron casi antes que el pasaje ¿porque seria? Al pie de pista estaba el Jefe de Escala esperándonos para posteriormente llevarnos al Hotel y efectivamente, el designado era el Sheraton, así que le pedimos uno cerca de la oficina de la Delegación ya que pensábamos montar allí una especie de cuartel General. Pasamos antes por la delegacion que estaba en pleno Centro cerca del Obelisco y allí, nos vimos con el Delegado, el cual estaba al tanto de todo y se puso a nuestra disposición. Resultó ser a los pocos días un verdadero compañero y amigo y con él, nuestra estancia fue -a pesar de todos los avatares que pasamos- un poco más placentera. Al final resultó como si fuera de nuestra familia ya que pasábamos en su casa, unas veladas inolvidables.

Y empezó de verdad nuestra odisea: al día siguiente de llegar, estábamos alojados en un hotel de la Quinta cerca de la Delegación. Un Hotel familiar y sin lujo, pero acogedor al igual que sus habitaciones.

Al día siguiente por la mañana, lo primero que hicimos fue recoger un coche que la Delegación puso a nuestra disposición así como también, a un compañero argentino que nos acompañó a la ciudad de Luján donde estaba ubicado el museo de Transporte Histórico (www.lujanargentina.com) donde se hallaba el Plus Ultra. Tardamos casi dos horas. Lujan es una ciudad turística donde se encuentra una de las Basílicas más visitadas en Argentina.

Nuestra llegada al Museo donde nos estaba esperando su Director todavía la recuerdo y cuando escribo esto, siento los mismos síntomas de nerviosismo que entonces. El museo tenía varias salas dedicadas a prototipos antiguos que habían marcado algún hito dentro del transporte en Argentina, como la primera máquina de tren a vapor, o carruajes antiguos de la época del Virreinato de España y muchas reliquias más. Cuando entramos en la sala donde se encontraba el Plus Ultra, Nicolás y yo nos miramos, pues teníamos delante de nosotros uno de los aviones anfibios más grande que jamás se habían construido. Tras nuestro asombro, le pedimos al Director del Museo la posibilidad de quedarnos en la sala haciendo una primera inspección del avión; tras algunas llamada que hizo, nos dio permiso y cerró esa sala al publico.

La verdad que yo al no ser piloto, no comprendía lo que aquellos momentos estaba sintiendo Nicolás pero por las expresiones de su cara las sensaciones tenían que ser muchas pues de vez en cuando, se le escapaba un Quino esto es increíble. Por mi parte lo que yo estaba viendo no me gustaba nada sobre todo, porque lo vi muy deteriorado en algunas zonas más que otras y la que más me llamó la atención fue el soporte donde estaba ubicado el avión que era como en una plancha de hormigón por lo que el fondo del avión, estaba como carcomido; se lo comenté a Nicolás y no me hizo mucho caso, pero a posteriori, fue lo que nos dio más problemas.

Nunca habíamos hablado de que yo fuera como tripulante en esa gesta (entre comillas,) que se estaba preparando pero por si acaso, una vez terminada la visita y delante de un vino le dije a Nicolás que yo estaba en misión de llevar las relaciones con la prensa y como Relaciones Publicas del proyecto pero de que yo atravesara tanta agua como tiene el Atlántico ni miguita y así quedó claro. Además era obvio que yo no tenía ningún título aeronáutico excepto el de Azafato y eso, podía ser perjudicial para el proyecto; en dos palabras: después de ver el avión estaba cacao de miedo.

La cosa estaba hecha y había que coger el toro por los cuernos y con ayuda del delegado de Iberia buscamos a la agencia de publicidad que llevaba la cuenta de Iberia en Argentina y con ellos, fuimos preparando la primera rueda de prensa. Más de una tarde entera estuve con los creativos de la agencia para ver como anunciaríamos el vuelo puesto que había que involucrar a Iberia de todas maneras y en esas estábamos cuando llegó a la reunión la que era responsable de la cuenta de Iberia y dijo:

-! Lo tengo!: Gracias a Iberia el Plus Ultra vuela de nuevo...

Se hizo un silencio hasta que dije:

-“Me parece de puta madre”

Frase que yo creo que no entendieron muy bien, hasta que otro dijo:

-¡Está de carajo! que me imagino que entraba más en la lengua coloquial del país y ese sería a partir de ese momento, el target publicitario para la prensa.

Lo peor fue la relación con los políticos de turno y sobre todo con nuestro embajador, ya aunque el PSOE había ganado las elecciones mantenían al anterior y desde el primer contacto con él, nos dimos cuenta que nos iba a poner toda clase de pegas a un proyecto que venía con el beneplácito de instancias del gobierno como podría ser la Dirección General de Aviación Civil por primera vez, tenía a la cabeza un civil y que había sido de los UMEDOS (Unión Militar Democrática), y que fueron muy perseguidos en la última etapa de Franco. La única posibilidad que yo ví después de la reunión, fue que la esposa del embajador -que estaba muy buena- y era mucho más joven que él y que miraba mucho a Nicolás. Así que le dije:

-“Si te la “camelas” se nos pondrá de nuestra parte y la cosa será más fácil o peor según como se mire”Y acertamos porque más tarde, fue una gran fan del Plus Utra.

Otra cosa aparte fueron los políticos argentinos pues Luján pertenecía a la provincia de Mar Del Plata y la responsable de Cultura era una defensora acérrima del Museo. Sus primeras palabras en el primer encuentro fue que todo lo que había en el Museo, eran un bien Nacional y que no entendía muy bien la pretensión de sacar el avión del Museo y que en caso de hacer el vuelo, el avión perdería todos los vestigios de antigüedad y cuando nos despedimos, terminó con una frase que a mi me acojonó:

“De muy arriba me tiene que llegar el mandato de dejar salir el avión del Museo y cuando digo de muy arriba es de muy arriba”

Nunca me olvidaré de esas palabras dichas con acento argentino y ahí, no se podía hacer nada pues parecía una cacatúa de lo fea que era.

Nada más salir de esa visita y después de trasegar algunos whiskies, pensamos que había que abortar de momento, la salida de la noticia a los medios porque seguramente, la cacatúa comenzaría una campaña en contra sabiendo que nos había dejado muy claro su postura.

A partir de ahí empezó la peregrinación a los distintos estamentos argentinos. De todos es sabido lo empalagosos que son hablando -con perdón- los argentinos: Lo que nosotros decimos en dos palabras ellos lo resumen en diez.

En el próximo capítulo les contaré toda la tremenda maraña política que nos metimos.

Yo, El Azafato (XXIV)
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