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Memorias: Así fue y así lo voy a contar

Yo, El Azafato (VI)

Por Quino Moreno

martes 04 de noviembre de 2014, 02:07h
Yo, El Azafato (VI)
La Biblioteca Nacional, donde adquirí  conocimientos variados entre los cuales, estaba la Tauromaquia...
La Biblioteca Nacional, donde adquirí conocimientos variados entre los cuales, estaba la Tauromaquia...

Examen de ingreso de AZAFATO

En el Hotel Menfis, era muy conocido el Doctor La Serna, y alguien le contó que yo estaba allí haciendo prácticas para entrar en Iberia; una noche, en que tenía una cena con médicos de USA, -pues era miembro de la comisión de medicina espacial, o algo así-, el mâitre, Camilo, -que más tarde entró también en Iberia como auxiliar de vuelo y fuimos compañeros-, me dijo que el doctor me estaba llamando y allí fui para saludarle y como no, a pedirle un poco de recomendación y, cual no sería mi sorpresa cuando vi que el tema para el cual él me requería, iba por otros derroteros. Quería que acompañara a sus amigos americanos a los toros y hacerles un poco de guía turístico e “introductor” en el mundo taurino yo, la verdad, es que no tenía ni puñetera idea de toros pero aún así, no dudé un instante en contestarle que sí y que si el director del hotel estaba de acuerdo, estaría encantado de hacerles de cicerone por la ciudad (y por donde hiciera falta). Así que, sin pensarlo, me vi otra vez -sin comerlo ni beberlo-, de guía pero esta vez, en una condición inédita para mi, pues de toros, lo único que “sabía”·era que una vez, mi padre me llevó a una plaza y lo demás, venía de haber visto en alguna ocasión al Cordobés en la televisión.

Al día siguiente cuando fui a la biblioteca, me encontré con Rudi, que así se llamaba la bibliotecaria que estaba tan buena, y con la excusa de los toros y la misión que me habían encomendado, le pregunté que podía leer sobre toros, para tener así un cursillo express y, ¿os imagináis que me recomendó? nada más y nada menos, que el COSÍO (que años mas tarde, compré a un visitador de Planeta, no se en cuanto meses pero recuerdo que los recibos de esa compra me siguieron un montón de años) pero a lo que íbamos, era el libro recomendado para lo que yo necesitaba. Ese día estuve en la biblioteca más tiempo de lo normal así que cuando terminó su turno, Rudi se acerco al pupitre a ver como me iba con el tema y se sentó a mi lado y hablándome bajito, como suele ser habitual en un lugar de esos, me fue recomendando las páginas más interesantes. Rudi tendría unos treinta y tantos y yo, recién veintitrés pero la verdad, es que era un bombonazo tanto, que estoy seguro que muchos estudiantes iban a la biblioteca solo por verla e intentar ligar con ella. Así que entre pase de pagina y pagina, empecé a ponerme nervioso y feo está decirlo pero la experiencia, es un grado y noté que ella iba por los mismos derroteros, así que un momento dado, no tuve más remedio que utilizar mis armas mallorquinas y rápidamente, mis manos fueron debajo del pupitre y hasta aqui llego, ... y no voy a contar más. Aparte de tomar un café y algunos besos furtivos en el Pº de Recoletos, hubo poco más. Nunca sabré si estaba casada, pero yo fui tan gilipollas como para decirle que tenia novia formal en Cádiz,y estaréis conmigo en que aquello fue una auténtica estupidez por mi parte. Entonces fue que me di cuenta, que este país no había cambiado y éramos, los más decentes de Europa y ahí me incluyo yo, y mi paso por Cádiz y por mi casa otra vez, situación que me dejó trasnochado en el tiempo pero la verdad, es que con Rudi solo tuvimos una buenísima amistad. Años más tarde incluso, la estuve buscando y la respuesta que me dieron en la biblioteca fue que estaba de excedencia desde hacía algún tiempo.

Y llegó el día de los toros que fue un sábado y antesala de San Isidro, (si algún taurino me está leyendo, por favor que no me pida el cartel porque no me acuerdo) pero sí os puedo decir, que era de categoría pero que en el ruedo, fue de lo peor. Pero la cuestión era que los americanos, se lo pasaran bien y así fue porque luego, me tocaron (con perdón), dos corridas mas de guía. A lo que no daban crédito estos gringos, era que en la plaza, además de agua, se vendiera cerveza, coñac, anís y otras cosas y entonces, yo les contestaba con el slogan de Fraga: “Spain is different”.y tan different, que se envalentonaron y le azotaron al Fundador con ansia y más tarde, les tuve que aguantar en el Hotel Melia Castilla, un par de copas más hasta la llegada de las señoritas de compañía que pululaban ya en aquella época, en el hotel y yo, en mi condición de novio casto (y gilipollas) me di de mutis por el foro....

El doctor La Serna quedó contentísimo y prometió echarme una mano en Iberia, cosa que nunca hizo porque tampoco, era que pintara mucho dentro de la compañía. Al final de mayo, llegó por fin el día del examen escrito. Se desarrolló en la Escuela de Formación Profesional de la Paloma y recuerdo que me llevó y recogió mi hermano Antonio que estaba más nervioso que yo que me había tomado un Dapaz –cosa que me aconsejó Rudi y que ella misma me dio en la biblioteca-. Mi hermano me esperó más de dos horas en el parking, comiéndose la uñas de nervios, según me dijo después.

El examen consistió en lo que me habían dicho: cultura general, de mucha actualidad y unas trescientas preguntas de Hostelería. La verdad que salí bastante contento, pues el de cultura fue más bien basado en lectura de periódicos y eso, lo hacía en el hotel todas las mañanas así que estaba muy al día y otra cosa, que la llevaba al dedillo: capitales de países y monumentos más significativos. De Hostelería, fallé muy pocas, pues era a base de test y enseguida, se me venían a la memoria, los dibujitos. La única dificultad la tuve con algunos cócteles, pero pudieron ser dos o tres entre veintitantos, así que cuando salí, me abracé a mi hermano y le dije que creía que este examen lo había pasado, no si antes eso sí, acordarme de la putada que nos hicieron cuando lo de los exámenes de controlador aéreo.

A la semana siguiente, pusieron las listas de los aprobados al primer examen y cuando vi mi nombre entre las sesenta plazas, no me lo podía creer. La primera en enterarse fue mi novia gaditana y mi hermano por supuesto; así que ahora, me tocaba esperar Idiomas y Hosteleria práctica que sería dentro de un par de días después de poner las listas en la sede de Iberia en la calle Velazquez.

Primero fue el de Hostelería, que curiosamente tenía preferencia por sobre el de Idiomas y luego supe porqué: en los setenta, Iberia conjuntamente con Varig, eran las mejores compañías en lo que a Servicio de Abordo se refiere.

El examen consistió en vestir una mesa redonda para un servicio de consomé, pescado, carne y postre. Las mesas eran redondas con lo cual, a la hora de tirar mantel y servir, eran más complicadas. En el Aparador de servicios, había de todo: desde menaje de platos, vasos, cubiertos, servilletas, etc., y el tiempo, no contaba para la prueba, así que con alguna dudas del vaso color verde para el vino blanco, y despiste entre poner en mesa, copa de licor y algún estorbo según el examinador, a la señora ficticia que caía a mi mano derecha cuando servía vino. Nunca supe cual era ese estorbo y pasado el tiempo, me lo encontré un día, en un vuelo y se lo pregunté y el (cabro,,) me dijo que no existía tal y que eso, lo hacía para ponernos nerviosos. En coctelería, me hicieron hacer un Porto Flip, que era a base de yema de huevo y vino de Oporto, con dos cucharaditas pequeñas de azúcar moreno -ese cóctel no se me olvidará en la vida- al coger la coctelera y batirla y como estaba con holgura de tanto usarla en la prueba, no cerraba bien, y el único traje que tenía -comprado con el dinero que me dio el hotel por colaborar en bodas y banquetes- me puso de huevo hecho un cristo, pero también eso sirvió para la valoración del cóctel por parte del tribunal, que me puso un nueve de puntuación.

Después pasé a idiomas. El inglés fue lectura y conversación que al margen del acento americano, me dijo el profesor que estuvo bien. A alemán nos presentamos cuatro y ahí fue solamente conversación con lo cual estuvo chupao, y me tiré al charco y pasé a francés que hablaba muy poquito porque a mi, la verdad, nunca me había gustado ligar con francesas, pero me arriesgué. Me mandaron sentar en francés porque me preguntaron mi nombre y si había pasado inglés y alemán y me despidieron con un Au revoir. Siempre he pensado que me lo pasaron por haber aprobado los dos primeros o porque la examinadora, en este caso, tenía prisa. Quizás la estaba esperando el novio.

Este examen según nos contaron iba a ser más selectivo. De los sesenta que habíamos pasado el primero, quedaríamos unos veinticinco o treinta y que las listas, las pondrían en cuatro días en las oficinas de Iberia de Velásquez. Os podéis imaginar esos cuatro días de nervios: Y lo voy a decir: por esos días frecuenté el Cristo de Medinaceli e incluso creo recordar, que hice alguna promesa.

Y llegó el día de ver las listas y la alegría fue inmensa: había pasado y tenía que presentarme en octubre para el examen médico.

Después de llamar a todo el mundo que me quiso escuchar por teléfono para contarle la nueva, (estuve tentado de localizar a Dense, la inglesita, y ahora me arrepiento de no haberlo hecho pues merecía saberlo), me fui a Atocha a coger el billete del Talgo a Cádiz para el día siguiente.

El reverso de mi tarjeta de 'bibliómano'...
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El reverso de mi tarjeta de "bibliómano"...
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