Este es el caso que nos ocupa, y se trata de aclarar que los “géneros literarios” son: La narrativa, el teatro, la poesía y precisamente el ensayo”.
El ensayo es el abrelatas de la mente de los lectores neófitos, que les prepara para disfrutar y alimentarse no solo del buen teatro o las buenas novelas, sino de la música clásica más selecta o de las pinturas más intemporales por su permanencia dada su calidad y su color.
También la ciencia ficción.
Cuando comencé mis lecturas literarias, observé que autores como Aldous Huxley o Ray Bradbury, dada su versatilidad y argumentos fascinantes, ayudaban a que fuera penetrando en el bosque umbrío e intrincado de las obras más densas y profundas. Si a esto le unimos escuchar simultáneamente orquestaciones de Brahms, Beethoven, Mozart o Tchaikovsky, el cóctel será perfecto; nos sumergimos en un océano de belleza que alimentará simultáneamente nuestra mente y nuestro corazón.
Bien es verdad que en aquellos años coyunturales oscilaba entre el futuro inquietante de los negocios de mi padre que debería continuar, mis estudios de derecho, y la fantasía que aunque nunca me abandonó, pues ya de niño en el lecho de escayola lejos de yacer petrificado volaba horas y horas por mundos muy cercanos al paraíso.
Cada persona tiene su destino, y si busca con ahínco aquello por lo que sueña de niño, lo más posible es que se transforme en una realidad en el mundo de los adultos.
Si leer a Ortega y Gasset es tarea ardua, que requiere mucha lentitud, atención y silencio; sin embargo hacerlo con los ensayos de Gregorio Marañón se torna un placer maravilloso, pues a su prosa diáfana y clara se une la capacidad constructiva de un gran narrador.