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El milagro de O’Cebreiro: la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía
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El milagro de O’Cebreiro: la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía

  • Por Jesús Caraballo

lunes 29 de junio de 2026, 00:01h

28JUN26 – MADRID.- Frente a los incrédulos que en la Consagración de la Eucaristía sólo ven un trozo de pan y un poco de vino vaya este relato, real, que tiene por protagonistas a un humilde y devoto campesino y a un monje poco firme en su fe, en cuyas manos se obró el milagro eucarístico sucedido en la pequeña aldea – primera localidad de Galicia al entrar por la ruta francesa del Camino Jacobeo- de O’Cebreiro (El Cebrero, en español).

El milagro de O’Cebreiro: la presencia real del Cuerpo y la Sangre de Cristo en la Eucaristía

Nos encontramos en torno al año 1300. Un vecino del cercano pueblo de Barxamaior, Juan Santín, acude como todos los días a escuchar misa, en la iglesia de Santa María la Real de O’Cebreiro. Aquel día de fuerte ventisca, habitual por otra parte en esos pagos, no es una excepción y arrostrando los peligros del camino y las inclemencias del tiempo, el fiel devoto acude a su cita habitual. El monje benedictino que oficia la misa no da crédito de cómo nadie puede hacer tal esfuerzo y sacrificio sólo para arrodillarse ante un trozo de pan y un poco de vino. Y tales pensamientos le llegan justo cuando está consagrando, momento en el cual y ante sus atónitos ojos, la hostia se convierte en carne y el vino en sangre.

Cuenta la tradición que la imagen de la Virgen María –una talla románica, bajo la advocación de Santa María la Real-, situada en un lateral del altar mayor, se postró de rodillas para adorar el cuerpo y la sangre de su Hijo.

Entre quienes se hicieron eco de tal milagro quien mejor lo recoge es el Padre Yepes, cronista benedictino, que en el siglo XVII, lo narraba así:

» Cerca de los años de mil y trescientos había un vecino vasallo de la casa del Zebrero en un pueblo que dista a media legua llamado Barja Mayor, el cual tenía tanta devoción con el santo sacrificio de la misa que por ninguna ocupación ni inclemencia de los tiempos recios faltaba de oír misa. Es aquella tierra combatida de todos los aires, y suele cargar tanta nieve que no sólo se toman los caminos, pero se cubren las casas y el mismo monasterio, la iglesia, y hospital suelen quedar sepultados, y allá dentro viven con fuegos y luces de candelas, porque la del cielo en muchos días no se suele ver, y si la caridad (a quien no pueden matar ríos ni cielos) no tuviese allí entretenidos a los monjes para servir a los pobres, parece imposible apetecer aquella vivienda. Un día, pues, muy recio y tempestuoso lidió y peleó el buen hombre y forcejeó contra los vientos, nieve y tempestades; rompió por las nieves y como pudo llegó a la iglesia.

» Estaba un clérigo de los capellanes diciendo misa, bien descuidado de que en aquel tiempo trabajoso pudiese nadie subir a oír misas. Había ya consagrado la hostia y el cáliz cuando el hombre llegó, y espantándose cuando le vio, menespreciole entre sí mismo, diciendo: “¡Cuál viene este otro con una tan grande tempestad y tan fatigado ver un poco de pan y de vino! El Señor, que en las concavidades de la tierra y en partes escondidas obra sus maravillas, la hizo tan grande en aquella iglesia, a esta sazón, que luego la hostia se convirtió en carne y el vino en sangre, que viendo Su Majestad abrir los ojos de aquel miserable ministro que había dudado y pagar tan gran devoción como mostró aquel buen hombre, viniendo a oír misa con tantas incomodidades”.

Tal prodigio se obró en la conocida como “Iglesia del milagro Eucarístico”, un templo prerrománico del siglo IX, posiblemente contemporáneo al descubrimiento de los restos del Apóstol Santiago en Compostela, ya que fue erigida por los benedictinos en 836, si bien tras la lamentable Desamortización de Mendizábal sufrió un periodo de abandono (los benedictinos se vieron obligados a abandonar el lugar en 1853).

En dicha iglesia, se encuentran los mausoleos de los dos protagonistas, el fraile incrédulo y el devoto fiel; así como la patena y el cáliz donde se obró el milagro (ambas joyas de orfebrería del Románico del siglo XII).

Los Reyes Católicos tuvieron noticia de aquel extraordinario suceso y, durante su peregrinación a Santiago de Compostela, en 1486, hicieron escala en O’Cebreiro, donando un rico relicario, para acoger las reliquias que se han conservado desde que se obró el milagro y hasta la fecha incorruptas. Dicho relicario se muestra junto con el cáliz donde el vino se transformó en sangre. De hecho, ese cáliz figura en lugar preeminente en el escudo de Galicia.

Parece que la Reina Isabel la Católica quiso llevarse la reliquia, pero cuando la comitiva regia se encaminaba hacia Castilla, a los pocos kilómetros de su partida, los caballos pararon y fue imposible que reemprendieran la marcha. Cuando se les dejó libres, encaminaron de vuelta sus pasos a la iglesia de Santa María do Cebreiro, quedándoles claro a los presentes que la voluntad divina es que permaneciera allí.

La influencia de los Reyes Católicos no se detiene en su generosa donación del relicario, sino que además, pidieron al Papa Inocencio VIII que se restaurara la hospedería y el hospital del lugar que, por su consejo, pasaría a depender de la Orden de San Benito de Valladolid, desvinculándose de la orden francesa de la que había dependido hasta entonces (los monjes de Aurillac, llamados por Alfonso VI permanecieron en O’Cebreiro desde 1072 hasta 1487). Por otro lado, el santuario consiguió varias bulas papales y distintos privilegios reales.

El milagro tuvo pronto amplia repercusión en toda Europa, gracias a su difusión por los peregrinos, de regreso a sus hogares. Tal hicieron también los peregrinos alemanes y, al parecer, el compositor Richard Wagner se inspiró en el mismo para incluirlo en su obra Parsifal, drama musical estrenado en 1882.

Hablamos de la tradición literaria del ciclo artúrico y la búsqueda del Santo Grial, es decir, el cáliz de la Última Cena. Uno de los caballeros del rey Arturo, el caballero Galahaz, habría llegado en esa búsqueda, a Galicia, encontrando la reliquia eucarística en O’Cebreiro, identificado por algunos como la legendaria montaña de Monsalvat.

En conmemoración de ese milagro eucarístico se celebra en O’Cebreiro, todos los años, los días 8 y 9 de septiembre, una popular romería.

La iglesia de Santa María la Real de O’Cebreiro acoge, además, los restos del padre Elías Valiña, párroco de la misma durante muchos años, quien en el último tercio del siglo XX, con su incansable dedicación consiguió rescatar la peregrinación del Camino de Santiago, que había entrado en una fase de decaimiento. Él fue el inventor de las flechas amarillas, para marcar el itinerario, y animó a alcaldes y otros párrocos del Camino a sumarse a su labor.

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