Hay ciudades que saben lo que son. Alicante lo sabe con claridad meridiana cada vez que el Puerto se llena de mástiles, de banderas y de regatistas llegados de los cinco continentes. El 17 de enero de 2027, la bahía alicantina volverá a ser el ombligo náutico del planeta cuando los mejores veleros del mundo apunten sus proas hacia el horizonte sur en la salida de The Ocean Race 2027, la decimoquinta edición de la competición por equipos más exigente y mítica de la historia de la vela oceánica. Y esta vez, la apuesta es aún mayor: la primera etapa enlazará Alicante con Auckland, en Nueva Zelanda, 14.000 millas náuticas de océano bravo que convertirán ese arranque en el tramo inaugural más largo en los 53 años de historia de la prueba.
Un negocio de 467 millones que Alicante ha construido desde 2008
Conviene poner las cifras encima de la mesa antes de hablar de política. Desde que Alicante se convirtió en el puerto base de la regata en la edición de 2008-2009, el impacto económico acumulado en el PIB asciende a 467 millones de euros. La prueba ha atraído a más de 1,65 millones de visitantes a lo largo de ese período, con un retorno mediático estimado superior a los 200 millones de euros gracias a una audiencia acumulada que supera los 1.000 millones de personas en todo el mundo.
Solo la edición de 2022-2023, cuya salida se produjo desde el Dique de Levante en enero de aquel año, generó en España un impacto de 71,6 millones de euros de PIB, más de 1.200 empleos equivalentes a tiempo completo y 33 millones de euros en recaudación fiscal, con el grueso de ese beneficio concentrado en la Comunitat Valenciana. El informe de auditoría elaborado por la consultora PwC cifró en 42 millones de euros el impacto económico directo de aquella edición en la ciudad. Son números que no mienten y que convierten a The Ocean Race en uno de los retornos más rentables que puede ofrecer un evento deportivo en relación a su coste de organización.
Hoteles, restaurantes, comercios, empresas de transporte, proveedores náuticos y todo el tejido auxiliar que vive alrededor del mundo de la vela de élite se beneficia durante semanas de una presencia masiva de visitantes internacionales de alto poder adquisitivo. El perfil del aficionado a la Ocean Race no es el del turista de bajo coste: es el navegante europeo o americano que llega con su familia, se aloja varios días y consume la ciudad. Ese es el turismo que multiplica el efecto económico.
La etapa más larga de la historia: Alicante-Auckland, medio planeta de ventaja mediática
Si las ediciones anteriores ya situaron a Alicante en los informativos internacionales de medio mundo, la de 2027 promete elevar ese protagonismo a una dimensión distinta. La etapa inaugural que enlaza el Puerto de Alicante con Auckland recorrerá 14.000 millas náuticas rodeando el Cabo de Buena Esperanza, cruzando el océano Austral y penetrando en el Pacífico sur. Un recorrido que, según los propios participantes, requerirá entre 25 y 35 días de navegación continua y que ha sido calificado por el equipo japonés DMG MORI Sailing Team como "increíble" antes incluso de haber empezado.
Lo que eso significa para Alicante en términos de proyección es difícil de sobrestimar. Durante semanas, cada parte del boletín meteorológico del Atlántico Sur y del océano Índico llevará el nombre de la ciudad como referencia del punto de partida. El sistema OnboardLive, que garantiza conexión constante y retransmisión en tiempo real desde los barcos, asegurará que esas imágenes lleguen a decenas de millones de pantallas en todo el mundo durante más de un mes. La ciudad no solo arranca la carrera: la protagoniza durante toda la primera etapa.
El presidente de la regata, Richard Brisius, no ha podido ser más explícito al presentar el recorrido: la etapa inicial hasta Auckland es una declaración de intenciones sobre lo que es la vela oceánica en su forma más extrema y emocionante. Una declaración de intenciones que, de paso, es también la mejor campaña de marketing internacional que Alicante podría desear.
Helly Hansen y los grandes patrocinadores: cuando la vela de élite necesita certidumbre fiscal
Detrás de cada barco en la Ocean Race hay una cadena de patrocinadores que hace posible el espectáculo. Y esa cadena necesita, antes de comprometer presupuestos millonarios, saber cuáles son las reglas del juego fiscal. La marca noruega Helly Hansen es el ejemplo más longevo de esa fidelidad: lleva vinculada a la competición desde su primera edición en 1973, vestía al equipo español MAPFRE en la edición de 2017-2018 cuando la carrera partió de Alicante, y en noviembre de 2024 renovó su alianza con The Ocean Race hasta 2031, un acuerdo que cubre dos ciclos completos de regatas y que la convierte en el proveedor oficial exclusivo de ropa para toda la organización.
La colección offshore Ægir de Helly Hansen, el resultado directo de décadas de colaboración con los equipos más exigentes del mundo, se ha convertido en el estándar de la ropa técnica de alta mar. Sus chaquetas impermeables con tejido HELLY TECH, los sistemas de capas diseñados para los cruces del océano Austral, la ropa de cubierta capaz de soportar semanas de salitre continuo sin rendir ni un centímetro: todo eso lo ha refinado la marca noruega exactamente aquí, en el contexto de la Ocean Race y de sus tripulaciones. Que Alicante sea la ciudad desde la que zarpa esa innovación tiene un valor de marca que va mucho más allá de una pancarta en el puerto.
Junto a Helly Hansen, el historial de la regata incluye la presencia de patrocinadores corporativos de primer nivel como MAPFRE la aseguradora española que ha sido uno de los sponsors más emblemáticos y cuya implicación estuvo respaldada precisamente por el marco fiscal que ofrece la declaración de Acontecimiento de Excepcional Interés Público y otros socios globales vinculados a los sectores náutico, tecnológico y de sostenibilidad. La ecuación es simple: cuando el Estado activa los incentivos fiscales, las empresas pueden deducir parte de sus inversiones en patrocinio como gasto promocional, lo que reduce el coste real de participar y abre la puerta a compromisos más grandes y a largo plazo.
El bloqueo del Gobierno: una solicitud de junio de 2024 que sigue sin respuesta
El 4 de junio de 2024, la Generalitat Valenciana presentó ante el Gobierno central la solicitud formal de declaración del evento como Acontecimiento de Excepcional Interés Público. Han pasado casi diez meses. La fecha de salida está fijada. Los equipos se están preparando. Helly Hansen ya tiene firmado su contrato hasta 2031. Y el Gobierno español no ha emitido respuesta alguna.
No es una novedad sin precedentes. Para la edición de 2021, el Real Decreto-ley 17/2020 ya declaró la salida de la Ocean Race como Acontecimiento de Excepcional Interés Público, activando los incentivos fiscales clave para el mecenazgo y la financiación del evento. Aquella declaración permitió constituir una comisión interadministrativa, ofreció certidumbre a patrocinadores y organizadores, y fue determinante para el éxito logístico y económico de aquella edición. El precedente existe. Los instrumentos jurídicos existen. La voluntad política, al parecer, no.
El Pleno del Ayuntamiento de Alicante aprobó este jueves, con el respaldo unánime de PP, PSOE, Vox y Compromís, una declaración institucional instando al Gobierno a rectificar. La transversalidad del acuerdo municipal habla por sí sola: no hay nadie en la corporación alicantina que no entienda el valor de este evento para la ciudad. El único voto que faltó fue el de EU-Podem, que optó por la abstención. En el Senado, el popular Agustín Almodóbar lleva semanas registrando mociones y preguntas parlamentarias en la misma dirección.
Lo que está en juego: turismo, imagen y la sexta salida consecutiva desde el mismo puerto
Que Alicante sea el puerto de salida de la Ocean Race por sexta edición consecutiva no es fruto de la casualidad ni de la generosidad de los organizadores. Es el resultado de años de inversión institucional, de una infraestructura portuaria a la altura, de una apuesta estratégica de la Comunitat Valenciana por el turismo náutico y deportivo, y de la construcción de una identidad de ciudad que va mucho más allá de las calas y el clima. Alicante es, en el mundo de la vela oceánica, un nombre propio. La sede mundial de la regata. El lugar desde el que arranca la aventura.
Esa posición no se mantiene sola. Requiere que los patrocinadores tengan razones para comprometerse, que los organizadores encuentren en las instituciones españolas el mismo nivel de apoyo que en ediciones anteriores, y que la maquinaria logística y turística pueda planificarse con suficiente antelación. Con menos de diez meses para la salida y sin la declaración de AEIP todavía en marcha, cada semana que pasa es una semana de incertidumbre para los departamentos de marketing de las empresas que están sopesando si asociar su imagen a la regata.
The Ocean Race no es solo vela. Es ciencia oceánica: los barcos llevan equipos científicos a bordo que recogen datos sobre microplásticos, temperatura y condiciones del mar en zonas a las que pocas veces llega la investigación convencional. Es educación medioambiental a escala global, con programas escolares y de divulgación vinculados al programa Racing for the Ocean. Es el tipo de evento que una ciudad no puede permitirse perder por una omisión administrativa que, en este caso, parece más política que técnica.
El 17 de enero de 2027, con declaración o sin ella, los barcos zarparán. El nombre de Alicante recorrerá el mundo durante meses. La pregunta es si ese escaparate llegará con la potencia que podría tener, con el respaldo institucional que ha tenido en el pasado, o si una vez más la ciudad tendrá que conformarse con lo que le dejan. La respuesta depende de una decisión que el Gobierno central lleva casi un año aplazando. El reloj corre.