Vagamente en mi conciencia nació la fuerza arrebatadora de tres temas vitales, que caracterizarían toda mi dramaturgia desde entonces hasta el día de hoy, y que son: El amor, la muerte y el paso del tiempo.
¡Oh, el paso el tiempo que acabará devorando a sus hijos!… y que devorará todas nuestra vidas y también finalmente la de este hermoso planeta azul que será engullido por un sol oscurecido y gigante como una enorme piedra pómez……Y eso será todo.
A no ser que exista un ser anterior al mundo de la materia, un ser intemporal y eterno que sea capaz de conservar en su memoria, la nuestra.
Esa es la esencia que todo mi pobre cacumen cerebral ha dado de si a lo ancho y a lo largo de mi vida, un chispazo en la oscuridad del vacío estelar, de ese universo que se expande y se contrae sucesivamente a juicio de Alberto Einstein y de Stephen Hawking. Ambos ya fallecidos…, sus cuerpos, claro. Que son solo la envoltura de sus almas inmortales.