La disposición surgió cuando se remitió a la Reina Gobernadora (nos encontramos en la primera Regencia del reinado de Isabel II) para su aprobación las ordenanzas del Montepío particular de Barcelona, llamado de Nuestra Señora de la Ayuda. A raíz, por tanto, de esta petición, se pensó en fomentar las que de la misma naturaleza existiesen, y promover la creación de otras nuevas. Así pues, se resolvió que los socios de las corporaciones cuyo fin fuera el de auxiliarse mutuamente en sus desgracias, enfermedades, etc. o el de reunir en común sus aportaciones con el fin de atender necesidades futuras de esta índole, podían constituirse libremente bajo las siguientes condiciones:
A mediados del siglo XIX el liberalismo desmantela el viejo sistema de caridad religiosa y particular del Antiguo Régimen (las cofradías) y lo sustituye por la beneficencia pública concebida como instrumento de protección ante el riesgo social que representaba la pobreza y como medio de protección y conversión de los pobres en ciudadanos útiles.
En España la vía del asociacionismo estuvo repleta de dificultades y no hubo un camino sin dificultades para asociarse. Hasta 1880 se aprecia un tratamiento claramente diferenciado de los anhelos asociativos, de tolerancia con aquellas formas tildadas de inofensivas (socorros mutuos, beneficencia, cultura-instrucción), y de represión de las sospechosas de alterar el orden vigente
La preocupación ante riesgos que condicionaban la vida social de la población occidental alentó fórmulas de previsión durante la época contemporánea
A lo largo de la historia, las sociedades de socorro mutuo han desempeñado un papel crucial en la protección social de sus integrantes, especialmente en momentos de crisis o adversidad. Surgieron como respuesta a las carencias de los sistemas de asistencia pública, ofreciendo una red de soporte basada en la colaboración voluntaria y el compromiso comunitario.
En el núcleo de las sociedades de socorro mutuo se encuentran valores fundamentales como la reciprocidad, la confianza y la empatía. Los miembros de estas organizaciones se unen con el propósito de ayudarse unos a otros en situaciones de enfermedad, accidente, desempleo u otras circunstancias Las sociedades de socorro mutuo suelen establecer mecanismos de aportaciones regulares por parte de sus afiliados, lo que les permite contar con un fondo común para atender las necesidades emergentes. Además, organizan actividades solidarias y eventos para fortalecer los lazos entre los miembros y recaudar recursos adicionales desfavorabl Las sociedades de socorros mutuos constituyen uno de los medios organizativos de la incipiente clase obrera española, junto con las cooperativas de producción y consumo y las sociedades de resistencia, aunque algunas de éstas últimas nacieron, realmente, como sociedades de socorros mutuos.
El estado terminó por aceptar relativamente bien las sociedades de socorros mutuos por los fines que perseguían y porque le ahorraban tener que pensar en atender a esos riesgos. También aceptó el cooperativismo, pero, bajo ningún concepto iba a tolerar el incipiente sindicalismo que suponían las sociedades de resisten
En las zonas rurales estas asociaciones tuvieron al menos buena acogida; otra cosa es que abundaran. En Yepes, Por ejemplo, se fundó una titulada “La Honradez”, fundada en 1908 y que todavía permanece con una larga duración a través de118 años. Su comienzo coincide con la creación por el Congreso, en España, del Instituto Nacional de Previsión (antecedente de la Seguridad Social)
"La Honradez de Yepes" fue una sociedad cuyo objetivo principal era fomentar valores como la honradez y la moralidad entre sus miembros, además de promover actividades culturales y sociales en la localidad. Se reconoce oficialmente como la Sociedad Benéfica de Socorros Mutuos "La Honradez", lo que sugiere que se dedicaba a brindar apoyo mutuo y beneficios a sus miembros, probablemente en el ámbito social y económico.