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El líder del Partido Popular, Pablo Casado, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Comunidad de Madrid - Archivo
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El líder del Partido Popular, Pablo Casado, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Comunidad de Madrid - Archivo

El ala dura de Aguirre y Álvarez de Toledo se alinea con Ayuso frente a Casado

  • La expresidenta regional y la anterior portavoz parlamentaria en el Congreso se posicionan del lado de Díaz Ayuso, a quien señalan como la "gran enemiga de Sánchez", para que tome el control del partido en Madrid y Génova se revuelve: "Lo que destrozó al PP de Madrid fue la corrupción"

martes 14 de septiembre de 2021, 20:09h

14SEP21 – MADRID.- "Ayuso es la gran enemiga de Sánchez y, por tanto, ponerle trabas a Ayuso es ayudar a Sánchez". La frase no es de cualquiera. Es de Esperanza Aguirre, quien lideró el PP de Madrid desde 2004 hasta 2016, cuando tuvo que dimitir de su penúltimo reducto de poder asediada por la corrupción que protagonizaban, y protagonizan aún hoy, sus más fieles colaboradores tanto en el Gobierno autonómico como a nivel orgánico.

Aguirre se sitúa así al lado de la presidenta autonómica en la pelea abierta entre la dirección estatal de Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso por el control del partido en la región. Una batalla que, aunque reproduce viejos esquemas, sorprende por su virulencia. La expresidenta regional ha acusado de "niñatos" y "chiquilicuatres" a los dirigentes de las plantas nobles de Génova 13. La respuesta por parte del número dos de Casado no se ha hecho esperar: "Lo que destrozó al PP de Madrid fue la corrupción".

El sector duro del PP, que se cimenta en nombres como el de la propia Aguirre, Cayetana Álvarez de Toledo o el expresidente José María Aznar, fue el que aupó a Casado a la dirección del partido. El discurso con el que ascendió a la Presidencia fue aplaudido por la vieja guardia del aznarismo, mientras los dirigentes que han cultivado un mensaje más moderado ponían distancia y se refugiaban en sus baronías, protegidos por el macizo Galaico-Portugués y Sierra Morena.

Casado perdió las primarias contra Soraya Sáenz de Santamaría. Pero en el congreso los delegados de María Dolores de Cospedal —que fue consejera madrileña con Aguirre— voltearon el resultado. "El PP ha vuelto", dijo el flamante presidente del PP entonces. Pero dos años después, en mitad de la peor pandemia que ha vivido el mundo en un siglo, Casado optó por modular su mensaje. Muy poco, según sus rivales políticos, que ven a un PP instalado en el no a todo y que ve en las encuestas la prueba de que el camino es el correcto y lleva indefectiblemente a la Moncloa. Demasiado, en palabras de quienes un día vieron a su heredero en aquel joven que protegía los negocios de José María Aznar con la Libia de Gadafi como comisionista de Abengoa.

"Casado, en el verano de 2020, decide dar un cambio estratégico para tratar de coger los votos de Ciudadanos", señala Aguirre en una entrevista con El Mundo este lunes. El líder del PP ensayó en octubre de ese año una suerte de giro al centro que le sirviera para zafarse de Vox. Antes, destituyó como portavoz parlamentaria a Cayetana Álvarez de Toledo, lo que fue tomado como una declaración de intenciones desde las posiciones más extremas del partido, relacionadas con la FAES de Aznar.

"Dejó de dar las batallas ideológicas", se queja Aguirre. ¿Y quién no ha parado de darlas? Ayuso, a quien el propio Aznar —cuya figura no ha dejado nunca de sobrevolar la sede del partido incluso ahora que está en venta— situó antes del verano al mismo nivel que el propio Casado. "Isabel es una de las personas, como Pablo Casado, con todas las condiciones para un liderazgo brillante", dijo el pasado mes de junio. Y añadió, con un mensaje bastante evidente aunque no explícito: "Hace lo que tiene que hacer. (...) Cuando yo era presidente de Castilla y León, yo lo hice. Y de ahí nació una alternativa nacional".

El triunfo de Ayuso en las elecciones de mayo, en las que, sin embargo, no revalidó las clásicas mayorías absolutas de las que gozaron Aguirre y Alberto Ruiz Gallardón, puso en alerta a la dirección estatal del PP. Los de Casado contaban con que la presidenta madrileña se hiciera con el control del partido. De hecho el secretario general, Teodoro García Egea, dijo que votaría por ella si militara en Madrid. Pero no esperaban que se erigiera en un contrapoder. Ni que lanzara su candidatura meses antes del plazo, haciendo sombra a la convención política de octubre con la que Casado quiere relanzar a su partido ante el ciclo electoral que ya se vislumbra en el horizonte. Un cónclave crucial para la dirección de Génova, que está volcada en su organización, y a la que Ayuso ha dicho que a lo mejor no asiste porque tiene un viaje previsto por Estados Unidos.

Esta bronca madrileña es algo que el partido ya ha vivido en el pasado, con la propia Aguirre amargando la vida desde la primera planta de Génova al Mariano Rajoy que se sentaba en la cima del edificio. Y entonces no existía la amenaza de Vox. De hecho, Casado sigue intentando desmarcarse de Santiago Abascal siempre que puede. La última vez, la semana pasada durante una conferencia ante los principales valores del PP, incluidos la propia Ayuso y quien ha emergido como su potencial rival, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida. Allí dijo que su intención es gobernar en solitario aunque no tenga la mayoría por sí mismo, como ya hiciera Rajoy en 2016.

La dirección estatal de Casado ha recuperado una vieja idea para el PP de Madrid: lanzar una candidatura potente, aunque quizá sin opciones, como es la de Martínez Almeida. La intención es que Ayuso se avenga a negociar y no acapare todo el poder orgánico para ella. Una lista de consenso, como aseguraba este lunes La Razón, que divida las tres jefaturas de la región: municipal, autonómica e interna. Esta sería para Ana Camins, actual secretaria general de la gestora que preside Pío García Escudero desde que los tribunales se llevaran por delante, en diferentes fases, al postaguirrismo.

Ayuso, que tiene como jefe de Gabinete a quien fuera portavoz del primer Gobierno de Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, ha incorporado en su Ejecutivo a algunos pesos pesados del aznarismo, directamente salidos del laboratorio de la fundación del partido, FAES. Es el caso de Alfredo Timermans, actual viceconsejero de Empleo. Antes fue jefe de Gabinete de Álvarez de Toledo cuando esta comandaba el grupo parlamentario del PP.

La exportavoz se ha convertido en una de las voces habitualmente discordantes con Pablo Casado desde su destitución. En febrero de este año señaló directamente al presidente de su partido por la debacle en las elecciones en Catalunya. Su discurso entonces es casi calcado al de ahora de Aguirre. Por eso, este lunes tuiteaba un mensaje para secundar las palabras de Aguirre y situarse así del lado de Ayuso en la larga y dura pugna que se avecina, pues no está previsto que los congresos del PP en las autonomías uniprovinciales se celebren hasta el primer semestre de 2022.

Esta decisión, tomada por la Junta Directiva nacional del partido el pasado mes de julio, fue ratificada este lunes por el secretario general, Teodoro García Egea, ante las pretensiones de Ayuso de celebrar ya el de Madrid. La entrevista de Aguirre tuvo su réplica con otra de la propia presidenta regional en Il Corriere della sera, propiedad del mismo grupo que El Mundo. En la charla, Ayuso reclamó el control del PP de Madrid para revalidar "los éxitos de Aguirre". Y pidió que fuera "pronto".

No lo será, salvo que cambien mucho las cosas. Y el movimiento de Aguirre no ha gustado nada en Génova. El número dos de Casado compareció en la rueda de prensa posterior a la reunión del Comité de Dirección. Respondió a menos de media docena de preguntas, todas referidas al PP de Madrid y a las palabras de Esperanza Aguirre, que bien iban dirigidas a él o a sus colaboradores. "Coincido con Aguirre en que lo que destrozó al PP de Madrid fue la corrupción y es algo que nosotros jamás vamos a permitir", espetó García Egea.

Una carga de profundidad contra la expresidenta, no tan alejada de Casado hasta hace bien poco, que tiene que lidiar también con el enésimo escándalo que le sacude: la venta presuntamente irregular de un cuadro de Goya para saldar una deuda. Y un aviso de que en Génova están dispuestos a dar la batalla.

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