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Los grandes partidos se rearmarán durante los próximos meses para la batalla electoral de 2023
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Los grandes partidos se rearmarán durante los próximos meses para la batalla electoral de 2023

  • Las cuatro principales formaciones afrontan desde ahora y hasta final de año los cónclaves internos en los que reagruparse para las municipales, autonómicas y generales previstas para 2023. El adelanto electoral en Madrid ha hecho que la perspectiva con la que afrontan esos procesos haya cambiado, para algunos radicalmente

domingo 23 de mayo de 2021, 01:12h

23MAY21 – MADRID.- De junio a diciembre, los cuatro principales partidos van a afrontar sus cónclaves internos en los que sentar las bases para lo que resta de legislatura y afrontar la próxima batalla electoral: las autonómicas, municipales y generales de 2023. Durante los próximos seis meses PSOE, PP, Unidas Podemos y Ciudadanos renovarán cargos, fijarán programas, se agruparán en torno a sus líderes y, sobre todo, insuflarán ánimos a todos sus cuadros para lo que está por venir. Algunos lo harán para disputar el poder territorial y nacional en los dos próximos años; otros, para que las urnas no los devoren.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, después de presentar el proyecto España 2050 este jueves en Madrid.
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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, después de presentar el proyecto España 2050 este jueves en Madrid.

Hace unos meses las perspectivas de esos cónclaves eran muy distintas. Pedro Sánchez afrontaba el del PSOE –ya pospuesto por la pandemia– con un amplio margen en las encuestas que esperaba afianzar con el final del coronavirus y el reparto de los fondos europeos. Pablo Casado venía de un enorme fracaso electoral en Catalunya y sin visos de recortar su distancia con los socialistas. Unidas Podemos tenía a su líder en la vicepresidencia del Gobierno y Ciudadanos buscaba huecos para hacerse valer como un socio exigente para la derecha y probable para la izquierda, y así tratar de salir del pozo en el que les dejó Albert Rivera.

La moción de censura en Murcia, el adelanto electoral en Madrid y la victoria arrolladora de Isabel Díaz Ayuso han cambiado totalmente esas perspectivas. El PP se ve con más opciones que nunca, ahora que hasta el CIS les da cierta esperanza. El PSOE sigue con su estrategia fija pero ahora sin dejar de mirar a su inmediato competidor. Unidas Podemos tiene que afrontar su futuro sin Pablo Iglesias, que ha derivado en una bicefalia y que pondrá a prueba la fortaleza del partido sin el líder que lo fundó y llevó al Gobierno. El reto de Ciudadanos ha cambiado completamente: ya no se trata de mejorar los resultados en los próximos comicios, ahora hay que luchar por no desintegrarse antes de que se celebren.

El PSOE: agotar el mandato para aprovechar la recuperación

La pandemia trastocó todos los planes de un recién formado gobierno de coalición. En el PSOE asumen que la crisis ha empezado a pasar factura a Pedro Sánchez [el barómetro del CIS correspondiente a mayo apuntó el desgaste por primera vez] aunque lo fían todo a la recuperación gracias a los fondos europeos, que supondrán una inyección de 72.000 millones de euros hasta 2023.

La COVID-19 incluso obligó al PSOE a retrasar su 40º Congreso a mediados de octubre. La dirección socialista optó por aplazar unos meses ese cónclave, que tendría que haber celebrado en junio de acuerdo a los estatutos, para simbolizar el fin de la pandemia, que quede atrás lo que Sánchez califica "la peor calamidad de la humanidad en un siglo". El PSOE aspira a que sea un gran acto de vuelta a la normalidad, sin mascarillas, con una multitud y abrazos. Ese mensaje, ya de por sí político, pretende ser un "punto de inflexión" en la legislatura. A pesar del nerviosismo en el socialismo ante la reunificación del centro derecha en torno al PP, la cúpula sostiene que queda mucho todavía para las elecciones. Tras la debacle del 4M el propio Sánchez se apresuró para dejar claro a su ejecutiva que sigue intacto su plan de agotar el mandato a finales de 2023 o incluso enero de 2024. Su intención es exprimir la presidencia rotatoria de la UE que le corresponde a España ese semestre.

Sánchez aprovechará para reforzar su dirección sin las ataduras de los apoyos en las primarias de hace cuatro años frente a Susana Díaz. Pasado ese trance que partió en dos a la organización que se ha cosido en buena medida, en las filas socialistas también esperan integración de distintas federaciones para normalizar ya definitivamente la vida interna. Al igual que ese refuerzo en el partido, dirigentes consultados creen que ese trimestre puede ser también el momento para acometer una crisis de gobierno con la que impulsar al Ejecutivo en el que será aproximadamente el ecuador de la legislatura. Tras ese congreso vendrán en cascada los procesos regionales hasta fin de año con la vista puesta en las autonómicas y municipales de mayo de 2023. Ferraz ha optado por adelantar la batalla en Andalucía ante el temor de que se produjera un adelanto electoral y espera cambios en el liderazgo de Galicia, además de la renovación del PSOE de Madrid.

El partido tiene una primera cita marcada en rojo en el calendario: el 17 de julio. Será entonces cuando se dé el pistoletazo de salida oficial al Congreso en el Comité Federal en el que se aprobará el documento marco de la ponencia. Los trabajos, coordinados por la eurodiputada Lina Gálvez y la ya parlamentaria madrileña Hana Jalloul, para el programa político han comenzado y están en fase de borradores los 12 apartados en los que se divide. Además, Ferraz organizará actos sobre cada una de las temáticas.

El PP necesita controlar sus territorios

La dirección del Partido Popular de Pablo Casado lleva desde principios de año tratando de hacerse con el control de los territorios a través de los congresos provinciales que ya han tenido lugar en los últimos meses –este mismo fin de semana se celebra el del PP de Huelva– y que proseguirán durante el verano por todo el país para, una vez llegado el otoño, comenzar con los cónclaves autonómicos en los que Génova 13 también tiene la intención de imponer a sus propios candidatos.

Por el momento, esas imposiciones han enfrentado a Casado con las direcciones de su partido en Andalucía y Castilla y León –principalmente por los congresos de Málaga, Sevilla y Valladolid–, aunque todas las partes aseguran ahora haber dejado atrás esas diferencias y remar en la misma dirección. La mano de hierro de la dirección nacional del PP que distintos sectores 'populares' atribuyen directamente al secretario general, Teodoro García Egea, también forzó la dimisión a principios de este mes de Isabel Bonig como presidenta del partido en la Comunitat Valenciana. Se trata de una dirigente con un perfil más moderado que el de Casado, que en las primarias del partido de 2018 respaldó a la rival del hoy líder del PP, la exvicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría. Génova apuesta para liderar el partido en esa comunidad por un candidato afín a las tesis de Casado, el presidente de la Diputación de Alicante, Carlos Mazón.

Otro de los congresos autonómicos más importantes será el del PP madrileño, que tendrá lugar a finales de año, una vez se hayan celebrado los del resto de comunidades autónomas. Casado aún no ha verbalizado públicamente su apoyo a la que parece la candidata favorita para presidirlo, la presidenta de la Comunidad de Madrid en funciones, Isabel Díaz Ayuso, que en las elecciones del pasado día 4 logró arrasar en la región al pasar de 30 a 65 escaños –más del doble y a solo cuatro representantes de la mayoría absoluta– pero que, precisamente por ese triunfo, se ha convertido en un contrapeso interno al líder nacional, con un perfil más radical. El lunes, en una entrevista en El Confidencial , Casado metía a Almeida en la ecuación pese a que él mismo ha insistido en que no está en sus planes liderar el partido "de momento" y defiende la vía de la tricefalia para que el poder no recaiga en ninguno de los dirigentes.

Además de los congresos provinciales y autonómicos, el PP celebrará también en otoño su convención nacional con el objetivo de perfilar su proyecto político. Aunque tras las elecciones en Madrid distintos dirigentes populares han empezado a pedir a Pedro Sánchez un adelanto de las generales –una opción descartada de plano por Moncloa, que asegura que agotará la legislatura a la que, dice, aún le quedan 32 meses–, en realidad Casado prefiere que estas no se convoquen antes de ese cónclave que, según su equipo, servirá "para ensanchar las bases del partido y fijar las principales líneas del programa electoral para las próximas elecciones generales".

La idea es insistir en la absorción del voto de Ciudadanos, tratar de hacer mella en los apoyos de Vox e incluso pescar en el caladero de votos del PSOE entre los electores descontentos con la gestión de Pedro Sánchez. El PP reconoce que, aunque ya se han celebrado seis mesas de diálogo –sobre sanidad, populismo, Europa, fondos europeos, víctimas del terrorismo y reto demográfico, esta última este mismo lunes–, aún quedan "otras 20 mesas para debatir sobre asuntos de actualidad y nuevos desafíos con expertos, miembros de la sociedad civil y cargos del partido". "De todo ello se harán unas conclusiones que serán ya el proyecto más definido para forjar una alternativa en España", apunta la dirección popular.

Unidas Podemos: el reto de sobrevivir a Iglesias

Unidas Podemos afronta una revolución interna que debería quedar resuelta antes del final del verano y que pasa por la doble sustitución de Pablo Iglesias, tanto al frente del espacio político en el Gobierno como del partido que fundó en 2014. Dos mujeres son las llamadas a sustituir a Iglesias: Yolanda Díaz como vicepresidenta del Ejecutivo y Ione Belarra como secretaria general. Ellas tendrán ante sí el mayor reto del partido desde su fundación: sobrevivir a la ausencia de la todopoderosa figura de Iglesias.

Díaz asumió su papel con reticencias, pero en los últimos días ha dado pasos cada vez más firmes para hacerse con el liderazgo de Unidas Podemos. "Asumamos la responsabilidad que está ya en nuestras vidas", dijo la semana pasada en su primer discurso ante el grupo confederal. "Vamos a por todas", arengó a los diputados, en un mensaje que también tenía que llegar fuera de la institución, consciente de que la dimisión de Iglesias tiene un impacto emocional tanto en los dirigentes como en su base social.

Iglesias señaló a Díaz también como la siguiente candidata de Unidas Podemos el día que dimitió como vicepresidente. "Si ella así lo decide", dijo, sabedor de que la también ministra de Trabajo no tenía todas consigo en un plan que comenzó a fraguarse en el verano de 2020 y que se precipitó por el adelanto electoral de Madrid. La dirigente gallega ha pegado un estirón de popularidad en las encuestas en 2021, hasta situarse al mismo nivel que Margarita Robles o Nadia Calviño, con la diferencia de que Díaz es la preferida entre los votantes progresistas y de los aliados del Gobierno de coalición.

Sea quien sea la candidata, las de 2023 serán las primeras elecciones generales de Podemos sin Pablo Iglesias. Y el partido busca pasar página rápido para evitar un vacío de poder que puedan aprovechar sus potenciales enemigos. Es la justificación para una proceso asambleario exprés en el que los inscritos elegirán una nueva dirección, comandada por Belarra.

La actual ministra de Derechos Sociales ha planteado una lista continuista, con algunas incorporaciones. Su objetivo, según dijo en una entrevista con elDiario.es, es hacer "el Podemos más fuerte para hacer a Yolanda Díaz presidenta del Gobierno de España". Y eso pasa por 'desmadrileñizar' el partido y reforzarlo territorialmente. Antes de las elecciones generales está previsto que se celebren autonómicas y municipales, comicios que a Podemos siempre se le han dado peor que los de ámbito estatal. Así ocurrió en 2015, aunque su irrupción fue contundente, en 2019, pese a que logró cuotas de poder al pactar con el PSOE, y en las últimas convocatorias: en Galicia en 2020, donde desapareció del Parlamento, y en Madrid, donde quedó en último lugar pese a la candidatura de Iglesias. De cómo resuelva Unidas Podemos estas dos incógnitas, tanto la persona que liderará la candidatura como su estructura territorial, dependerán las expectativas que pueda tener ante las elecciones de 2023.

La pelea por la supervivencia de Ciudadanos

Ciudadanos celebrará una convención política a mediados de julio. Lo decidió Inés Arrimadas justo después de la derrota electoral que sufrieron en Madrid el pasado 4 de mayo, donde pasaron de ser socios de Gobierno del PP a quedarse sin ni siquiera representación en la Asamblea regional. El objetivo de ese cónclave, según Arrimadas, es "reflotar el proyecto de centro liberal", que a su juicio representa Ciudadanos, porque cree que en este momento "es más necesario que nunca para que no regrese el bipartidismo". Ese reflote pasa por tapar la vía de agua abierta con las dimisiones de multitud de cargos del partido, que o bien se integran en las filas del PP o bien abandonan la política de forma definitiva. En esa lucha contra la desintegración territorial del partido se decidirá el futuro de Ciudadanos.

La líder de Ciudadanos, Inés Arrimadas, a su llegada a una rueda de prensa posterior a la reunión del Comité Ejecutivo del partido, a 17 de mayo de 2021

Con la convocatoria de esta convención, Arrimadas intenta evitar la celebración de una nueva Asamblea General extraordinaria, como le reclama el sector crítico –Renovadores Cs–, que también le ha exigido que asuma responsabilidades políticas por los desastres que ha cosechado el partido en las dos últimas citas con las urnas, primero en Catalunya y poco después en las autonómicas madrileñas. La presidenta de Ciudadanos rechaza ambas exigencias y esgrime que ya hubo un congreso ordinario hace tan solo un año en el que ella fue elegida líder del partido con el respaldo mayoritario de las bases.

Uno de los debates que están encima de la mesa es si en esa convención se cambia el nombre de la formación dado lo dañada que está la marca actual. Pero sobre este extremo hay división de opiniones. Algunos dirigentes del partido creen que hay que mantenerla y otros consideran que tendrían que destacar que son un partido "liberal".

Arrimadas, sin embargo, no ha querido confirmar ni desmentir si dentro de los planes de la nueva dirección está modificar las siglas de la formación y se ha limitado a apuntar que lo importante de esa cita es "revitalizar el programa y el proyecto", para lo que ha dicho que quiere contar con la participación de la militancia. Por este motivo los miembros de Comité Permanente iniciarán el próximo mes de junio visitas a todas las agrupaciones territoriales para recabar las ideas que quieran aportar los afiliados, muy desmotivados ante la situación que atraviesa el partido.

Inés Arrimadas, presidenta de CS's
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Inés Arrimadas, presidenta de CS's
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