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Atapuerca cumple 20 años como Patrimonio de la Humanidad
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Atapuerca cumple 20 años como Patrimonio de la Humanidad

  • Atapuerca cumple 20 años como Patrimonio de la Humanidad. Con tal motivo, la Fundación celebra, el domingo día 29, el reconocimiento universal por la Unesco a los Yacimientos.

sábado 28 de noviembre de 2020, 01:25h

28NOV20 – ZAMORA.- Debido a la situación que atravesamos, no se podrá realizar la tradicional marcha a pie a los yacimientos organizada por la Asociación de Amigos del Hombre de Ibeas-Atapuerca, los Ayuntamientos de Atapuerca e Ibeas-Juarros, y el Museo de la Evolución Humana.

Atapuerca cumple 20 años como Patrimonio de la Humanidad

Todas estas instituciones han realizado un video conmemorativo que se presentará el domingo 29 a las 12h en las redes sociales de la Fundación Atapuerca: Facebook, Instagram y Twiter. Además, se sortearán tres libros sobre los yacimientos de los coautores, Arsuaga, Bermúdez de Castro y Carabonell.

Mi primer contacto con Atapuerca fue, aproximadamente, hace veinte años, cuando recibí un correo electrónico desde la Fundación Cristóbal Gabarrón para invitarme a que presentara a algún candidato a los premios que cada año concede la fundación que lleva su nombre en cualquiera de sus modalidades. Mi candidato podría ser una persona que hubiera destacado en alguna de las modalidades o bien una institución que, por la misma causa, fuera susceptible de acceder a tan relevante distinción o premio.

Lo primero que hice fue ponerme en contacto con la Fundación Cristóbal Gabarrón para darle las gracias y para aceptar su invitación.

A continuación, comencé a buscar información sobre la trayectoria de la Fundación, sobre las modalidades y, por supuesto sobre el perfil de cada seleccionado, un mundo, hasta entonces, desconocido para mí.

La tarea no era fácil pues ante mis ojos se abría un abanico que abarcaba la ciencia, el arte, la literatura, la investigación, etcétera…y había que decantarse por alguna de ellas.

Como escritora y dedicada al mundo de la comunicación, me llamaba la atención el mundo de la literatura y del arte y comencé a pensar quiénes serían mis nominados. Había tiempo suficiente para ello.

Y mi candidato surgió un día, de pronto, viajando en tren desde Madrid a Zamora mientras leía una revista científica. En ella había un gran reportaje sobre Atapuerca y las labores que desarrollaban los diferentes equipos de investigación; un mundo apasionante que me atrapó al instante. Me quedé tan fascinada que ya no tuve dudas sobre quienes serían mis candidatos: los codirectores Arsuaga, Carbonell y Bermúdez de Castro. Y allí, en el tren, fui descubriendo la gran dolina, la sima de los huesos, el cráneo de Miguelón, la pelvis de Elvis, etcétera.

Esta circunstancia es lo que me decidió por la modalidad de Ciencia e Investigación.

En aquella revista descubrí a estos tres grandes hombres y también supe que el proyecto de Atapuerca había surgido de la mano de Emiliano Aguirre, otro prohombre, imprescindible, en el equipo de investigación de la Fundación Atapuerca. En aquel viaje, como digo, me fui familiarizando con conceptos desconocidos para mí hasta entonces, y recordando palabras que manejaba en el bachillerato como homo sapiens o erectus, neandertal, etcétera.

Teniendo claro ya quienes iban a ser mis candidatos, una vez en Zamora, me puse en contacto con la Fundación Atapuerca. Creo que pregunté por uno de los codirectores, no recuerdo cuál. Me respondió su secretaria y le dije el motivo de mi llamada. Inmediatamente me puso con su director y a partir de ahí todo fueron facilidades.

Me respondió que me lo agradecía muchísimo, pero aquella edición, precisamente, el equipo codirector de Atapuerca formaba parte del jurado y no podía ser arte y parte y tenía que renunciar pero me recomendó que si mi intención era que mi candidatura fuera para el apartado de Ciencia, eligiera a Lynn Margulis, una prestigiosa norteamericana a la que avalaba un excelente trabajo a lo largo de su carrera, ya que fue autora de la Teoría de la simbiogénesis y pionera en las primeras investigaciones en el campo de la biología.

Me pareció una interesante sugerencia y me puse manos a la obra, recabando información sobre el trabajo de mi candidata. He de reconocer que fueron unos meses apasionantes pues había tomado contacto con un mundo, hasta entonces, desconocido para mí y también, por qué no, porque me sentía orgullosa de estar haciendo lo que hacía, una actividad ajena al mundo de la literatura donde yo me movía.

Una vez reunida toda la información que necesitaba y completo el expediente lo envié la Fundación con gran ilusión.

Para entonces yo ya mantenía una fluida comunicación con las secretarias de los tres codirectores que me ayudaron en todo lo que les solicité. También mantuve algún contacto telefónico con los tres codirectores, siempre amables y generosos. Igualmente, me comunicaba con personas de la Fundación Cristóbal Gabarrón pues había que tener en cuenta muchos detalles que se me escapaban. Tengo que reconocer que fueron unos meses de mucha actividad y apasionantes ya que me aportaron muchos conocimientos e información.

Transcurrido un tiempo, y dentro de las fechas previstas me comunican desde la propia fundación Gabarrón que Lynn Margulis había sido Premio Investigación Cristóbal Gabarrón 2008. Asistí como invitada a la entrega de Premios en un acto brillante y en el mismo tuve la oportunidad de conocer a personalidades importantísimas de todos los ámbitos sociales y culturales.

Al año siguiente, por fin, pude presentar a mis candidatos a los Premios Cristóbal Gabarrón, a los tres codirectores de ATAPUERCA. Volví a repetir todos los pasos, en esta ocasión con la experiencia acumulada del año anterior, hasta reunir el expediente requerido. Sobra decir que las tres secretarias de los codirectores me facilitaron todo lo que necesitaba y al fin, pude presentar mi expediente a los Premios Cristóbal Gabarrón.

Como esperaba, mi candidatura con los tres codirectores, Juan Luis Arsuaga, Eduald Carbonell y José Luís Bermúdez de Castro, se alzaron con el Premio de Ciencia e Investigación.

Se repitió la entrega de Premios con la misma brillantez que el año anterior y aquí termina para mí aquella experiencia. He viajado en varias ocasiones a Atapuerca y puedo decir que he tenido en mis manos el cráneo de Miguelón y me he maravillado, in situ, con los yacimientos y, cómo no, he visitado el Museo de la Evolución en Burgos y todo lo que allí se muestra. Hay que reconocer que estos años han sido muy productivos para el descubrimiento de la evolución del hombre y de la Humanidad.

Poco tengo que añadir al respecto, sí, agradecer las numerosas atenciones que recibí, los conocimientos que adquirí y, sobre todo, por haber tenido la oportunidad de conocer un mundo apasionante que me despertaron las ganas de saber y conocer nuestro pasado y asombrarme ante el trabajo que los equipos de investigación vienen desarrollando cada día. Mi enhorabuena por esos 20 años de reconocimiento de la UNESCO y gracias por haberme sentido, aunque muy discretamente, en algún momento, parte de Atapuerca.

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Concha Pelayo (*)

(*) Concha Pelayo - Es escritora/ Gestora Cultural - Miembro de AICA, FEPET y ARHOE - https://voydetapas.blogspot.com.es/

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