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Opinión: “Mi Pequeño Manhattan...”

Mi maestra...

  • ... Eres inquieto, profundo y soñador, lees “Las Metamorfosis” y “Sonatas”,lo mismo profetizas el dolor que compones hermosas serenatas. Analizas la vida con graciosa intención, tienes palabra fácil, mordaz y mesurada, pero tienes lo más hermoso, corazón, ya que sientes las belleza de una noche en Granada...”

miércoles 15 de julio de 2020, 19:40h

15JUL20 – MADRID.- Con esta hermosísima Semblanza mi maestra Pepi ganó mi corazón y con ello de mágica carambola hizo de mi un escritor, un escritor de raza, de los que no te abandonan y si eres infiel se lleva un cacho de tu culo, de tu pierna o de tu mano.

Bien; Pepi fue por lo tanto allá por el año 1960 mi maestra, pero también mi primera “Fuente de Energía”, que no Musa, esto es la mujer que me acompañó hasta el día de su muerte y con la que leí miles, millones de libros de cualquier procedencia, clase y condición, a razón de ocho horas diarias durante ocho años. Ese es mi capital. A ver quién me tose.

Todo fue en mi tiempo recio pero luminoso, cuando Pedro Zaragoza reinaba en Benidorm y Manolo Escobar en toda España. Me fueron dando todos los premios que conocéis y en justicia, pues entonces la había y no solo en literatura.

A su muerte la sucedió Aurora Viloria, que ganó mi corazón mientras agonizaba y moría mi querida hermana Mercedes en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, esa mujer Aurora, con la bata blanca y el fonendo dijo en uno de los pasillos de dicho hospital “Siempre seré tu amiga”, mientras yo escribía “Más allá del Purgatorio” para sobrellevar el dolor que me producía la muerte de mi hermana, con la que había convivido tanto y recorrido el mundo entero. Jamás he conocido ni conoceré una mujer tan buena como Aurora Viloria, tan abnegada, destinada a un departamento tan duro de un hospital, el de Paliativos y Terminales, siendo ella geriatra, no sé por qué.

Bueno pues fue hasta hace muy poco “mi fuente de energía, esta especie de institución monárquica, minoritaria y aristocrática, virtual más que real, con dos únicos miembros, el Autor, que soy yo, y la “Fuente de Energía” antaño llamada Musa, término que no me gusta.

Tanto Pepi como Aurora han sido testigos de la generación de “esos hijos que nunca mueren” que son las piezas teatrales, la mayoría estrenadas y representadas hasta la saciedad y los libros, de su misma especie pero más tranquilitos fáciles de llevar y que no suelen crearte problemas como el teatro.

Y finalmente, hace muy poco, retirándose ella con esa majestad elegante que la caracteriza, pero escondiendo con su sencillez la belleza y riqueza insondable, el valor que posee, llevándome en su coche a Herrería Club de Golf, el lugar de los Jefes del Estado cubriéndome de regalos, tirantes, bufandas, etc, me guiñó el ojo – tan parecidos a los de Claudia Cardinale - que vuelven locos a mis amigos viejos y egregios, ojos siempre maravillosos y me hizo comprender la actual tesitura. Yo suspiré, pues los años van cayendo, y aunque todos vayan a morir me chincha un poco tener también que morir aunque sea de viejo, puEs no me apetece nada. Pero también comprendí que todo se termina aunque posiblemente me quedaba una última legislatura.

Así, dando vueltas y más vueltas a mi luminosa y silenciosa estancia de trabajo, entre libros y legajos y fotos y recuerdos de mis padres, de mi hermana, de mi hija y mi mujer; de muchas de las personalidades científicas, políticas, artísticas y técnicas que he conocido y jalonado mi vida se me ocurrió levantar la mirada y ésta se cruzó tan solo dos segundos con la de una joven morena, risueña, compleja; de los dos me sobró uno para darme cuenta de que esa criatura me la enviaba Dios para ayudarme a encontrar temas, que me va a dar ideas de argumentos, de personas y de cosas desconocidas para mí, ya que nos llevaremos unos sesenta años.

En aquella mirada – aquel cruce – risueña y penetrante a la vez adquiría el rango y el cargo de “Fuente de Energía” o Musa de este servidor de ustedes, tan currante como agotado y por ende acobardado, al ser señalado como ciudadano de alto riesgo dada mi edad. Por tanto Victoria era la encargada de ocupar y asumir ese cargo tan difícil, por lo de creación pura posee, pero también tan gratificante y estimulante, fabricar, dar a luz ”hijos que nunca mueren”. Ese cargo tan difícil como incomparable y misterioso de ser mi ayudante más cercano. Como lo fueran Samuel Beckett de James Joyce; Simone Coleta de Graham Green; o mi amigo Roberto Alifano de Jorge Luis Borges.

Así por tercera vez en una sola vida humana Victoria M. viene a ocupar ese lugar real y simbólico a la vez de compañera de un hombre que dedico su vida a instruir y entretener a los demás dándoles lo mejore sí mismo, en un reino que no es de este mundo, en el Reino de la Fantasía.

Germán Ubillos Orsolich

Germán Ubillos Orsolich es Premio Nacional de Teatro, dramaturgo, ensayista, novelista y escritor.

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