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América: Opinión

¡No a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela!
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¡No a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela!

Por Rodrigo Bernardo Ortega

miércoles 24 de abril de 2019, 21:40h

24ABR19 – MADRID.- Ríos de tinta han corrido en torno al tema de la situación sociopolítica en Venezuela. Las grandes empresas mediáticas de occidente financiadas por el Pentágono y sus aliados se han dedicado a difundir sistemáticamente noticias a propósito de una crisis humanitaria que, según su sesgada opinión, tiene al país suramericano al borde del colapso.

¡No a la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela!

Sin embargo, lejos de estas interpretaciones apocalípticas, Estados Unidos como el principal líder de la oposición al gobierno del presidente Nicolás Maduro tiene intereses puntuales que espera llevar a cabo por distintos medios.

En efecto, la Casa Blanca ha comprobado que su modus operandi en contra de las administraciones de izquierda en el continente ha surtido un efecto profundo en el objetivo de minar la confianza de las poblaciones y torpedear las democracias latinoamericanas. Un ejemplo claro de lo anterior fue la pantomima en contra de la destitución de la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y el posterior apoyo al ultraderechista y ex militar Jair Bolsonaro. Una vez más el Pentágono demuestra que la democracia tiene muy poco valor frente a los intereses económicos y geopolíticos en la región. Esta es justamente la lógica que la administración Trump quiere aplicar en Venezuela.

Para nadie es un secreto que Venezuela constituye hoy en día el principal objetivo geopolítico de los Estados Unidos. Las razones saltan a la vista: enormes reservas de gas y oro, pero sobre todo los yacimientos de petróleo hacen parte de los cálculos de Washington para contemplar una intervención militar con el fin de explotar este recurso estratégico. Hasta noviembre de 2017, Venezuela contaba con más de 300 millones de barriles en reservas probadas ubicadas en la Faja Petrolífera del Orinoco “Hugo Chávez”.

Esta cifra, según estimaciones, equivale a 500 años de producción de petróleo lo que convierte al país suramericano en la principal reserva de crudo del mundo. El segundo país con más fuentes en hidrocarburos es Arabia Saudita cuyas reservas alcanzan para 70 años. Esta disparidad muestra la importancia que en términos estratégicos tiene Caracas para la Casa Blanca pues el reino saudí es su principal socio en Medio Oriente, con lo cual, el gobierno del norte espera obtener a como dé lugar el petróleo del Orinoco.

La táctica de Washington para cumplir con sus objetivos es multimodal: provocaciones políticas y diplomáticas, financiación de grupos armados ilegales que contravengan la administración del presidente Maduro (destacando el caso de las milicias en las fronteras), los montajes mediáticos para poner en contra a la opinión pública internacional, entre otras. Es claro que el presidente Trump no es un defensor de los derechos humanos ni mucho menos del sistema democrático, es simplemente un empresario cuyos intereses están involucrados en un posible negocio redondo, pues Estados Unidos ya no tendría que comprar el petróleo venezolano sino que bastaría una invasión tipo Irak para hacerse con los yacimientos.

El magnate presidente está empecinado en llevar a cabo sus propósitos y el llamado “cerco diplomático” no es más que una primera fase de lo que podría ser una intervención militar que eventualmente podría desencadenar una guerra civil en el vecino país.

Es aquí donde se presenta la gran paradoja ya que la tradición política de Estados Unidos se jacta de ser la democracia más antigua del mundo contemporáneo, pero en realidad no la respeta en absoluto.

Por el contrario, es una característica de su política exterior estar dispuesto a violar el principio de no intervención en asuntos internos y ésta ha sido una tendencia histórica y constante. Desde el nacimiento mismo del Estado y la independencia de las trece colonias, la Casa Blanca ha jugado un papel intervencionista que intercala según los intereses involucrados, es decir, algunas veces actúa como juez internacional haciendo presión mediática a través de periodistas a sueldo u otras actúa directamente con ataques militares.

Cabe recordar que en el llamado periodo de “aislacionismo” cristalizado en la Doctrina Monroe (1823) y su aforismo “América para los americanos”, donde los Estados Unidos supuestamente no intervinieron más que en su desarrollo doméstico, se dieron casos de influencia como la separación de Panamá (y la posterior construcción del canal interoceánico) o el envío de tropas a África y Asia.

Todo este panorama permite corroborar que el andamiaje institucional de Washington no se mueve sin un propósito específico. Dicho de otro modo, no debe perderse de vista que el apoyo irrestricto al autoproclamado presidente interino, Juan Guaidó, hace parte de una estrategia mayor.

En efecto, ¿quién era este líder de la oposición antes del advenimiento de la crisis? La respuesta es clara y concisa: un total desconocido. Sin embargo, esta figura irrelevante en el escenario político venezolano tuvo un estrepitoso ascenso y el motivo ha sido el apoyo incondicional de la Casa Blanca. Por tal razón, Guaidó es un enviado especial de los centros de inteligencia estadounidenses que busca desestabilizar la región so pretexto de “proteger la democracia” en el vecino país.

No debe caerse en la ingenuidad de pensar que el presidente de la Asamblea es un líder carismático, un auténtico offsider del sistema político que viene a “salvar a Venezuela de la crisis”. Si tiene el apoyo de Estados Unidos y más aún de un presidente como Donald Trump, lo mínimo que debe generar es una desconfianza absoluta. Ahora, lo que debe establecerse es hasta qué punto Guaidó se dejará manejar por sus jefes de Washington, ¿estaría dispuesto a escalar la situación hasta una intervención militar?

Otra de las preguntas que deben plantearse es ¿qué pasaría si se hiciera efectiva una intervención militar en Venezuela con base en Colombia? Sin duda, la situación sería nefasta para ambas naciones y como es su costumbre, Estados Unidos no comprometería en absoluto su territorio.

De hecho, el único conflicto que se ha desarrollado en suelo norteamericano fue la guerra civil que enfrentó a la Unión y la Confederación (1861-1865), el total restante de las guerras en las que Washington ha participado se han desarrollado a miles de kilómetros de sus costas. En tal sentido, no debe escatimarse el episodio de la polémica anotación del asesor de seguridad de Trump, John Bolton, quien escribió 5,000 troops to Colombia (5.000 tropas a Colombia)¸ lo cual fue un claro indicio de lo que podría venir en caso de no encontrar una salida a las tensiones .

Y aunque el Pentágono observa esta circunstancia con normalidad pues es común que resuelva todo en clave de fuerza y autoritarismo como la historia lo ha demostrado, las consecuencias para el subcontinente latinoamericano serían catastróficas. Por una parte, el índice de violaciones a derechos humanos aumentaría y el peligro de una guerra civil total estaría siempre latente. De ahí que la intervención militar promovida por Estados Unidos resulta contraproducente y antidemocrática.

Por otra parte, una de las principales consecuencias sería el aumento de las migraciones de venezolanos a Colombia y otros países del continente. Según cálculos de migración Colombia, hay actualmente en el país cerca de 900 mil venezolanos, cifra que con el estallido de un eventual conflicto podría aumentar exponencialmente y de esa forma profundizaría la crisis humanitaria que viene golpeando al vecino país.

Sin embargo, lejos de la narrativa estadounidense, la situación sociopolítica no es a consecuencia de la administración del presidente Maduro sino de los constantes ataques económicos recibidos entre ellos bloqueos y guerra de precios. De esa manera, la intervención militar lejos de solucionar las tensiones profundizaría la situación de millones de personas y sembraría un clima de zozobra frente a la recomposición del país, todo por las ambiciones de la Casa Blanca.

Además de lo antedicho, ¿es realmente útil una guerra entre países hermanos? Al respecto el gobierno del presidente Duque debe ser plenamente consciente de las nefastas consecuencias que traería apoyar una intervención militar. A pesar de que la posición de Colombia ha sido de negar el uso de la fuerza, ésta no ha sido lo suficientemente categórica para acallar los rumores de un complot para derrocar al presidente Maduro por medio de las armas. Es por esa razón que estamos avocados a un delicado equilibrio, una suerte de olla a presión que en cualquier momento puede cobrar víctimas civiles .

El objetivo de Estados Unidos es crear el ambiente necesario para que se perciba como “irreversible” el uso de la fuerza y así poder entrar a territorio venezolano y cooptar las principales fuentes de petróleo. Empero, en su astucia programada, el gobierno del norte espera que, tras las provocaciones solapadas del Pentágono, se entienda que fue el presidente Maduro quien inició la confrontación. El show mediático de siempre aplicado a una escala regional.

No obstante, nadie tiene el suficiente poder predictivo para saber qué sucederá con la situación política en la hermana república. Y a pesar de que la mayoría de países que se oponen al gobierno Maduro han solicitado prolongar los diálogos, debe tenerse en consideración que la última palabra de este bloque la tiene Estados Unidos.

En otros términos, si el Pentágono decide atacar la soberanía de Venezuela no habrá quien se lo impida. Sin embargo, los costos económicos y sobre todo diplomáticos de una intervención serían altísimos de ahí que Washington podría desestimar esta opción. Pero como se mencionó arriba nada está escrito y todas las opciones se contemplan.

Es por eso que la Casa Blanca está buscando por diversos medios generar un clima de tensión insostenible para imponer su “ayuda salvadora”.

No hay que perder de vista que ese gobierno es especialista en exportar la democracia y la libertad a sangre y fuego. Por todas las razones expuestas, una resolución de la situación en Venezuela por vía militar sería catastrófica para el continente y reviviría décadas de barbarie con las dictaduras en el cono sur, por eso una y mil veces:

¡No a la intervención de Estados Unidos en Venezuela!

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