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¿Fue Colón el primero en llegar a Ämérica?
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¿Fue Colón el primero en llegar a Ämérica?

Tres historias, inventadas; o no, que pretenden situarse con anterioridad a Colón

  • Madog Ab Owain Gwynedd, el galés que descubrió América... según quien cuente la historia.
  • Por María del Carmen Calderón Berrocal* - desde Sevilla

miércoles 11 de febrero de 2026, 15:06h
Tres historias, inventadas; o no, que pretenden situarse con anterioridad a Colón

11FEB26 – SEVILLA.- En el siglo XII, cuando Europa era un tablero de reyes ladinos, bastardos armados y ambiciones sin mapa y sin cuartel, un príncipe galés llamado Madoc ab Owain Gwynedd decidió que tenía ya bastante de intrigas familiares y de sangre por los pasillos del castillo. Su padre, Owain, reyezuelo duro, había dejado tras de sí no sólo un reino, sino también una legión de herederos legítimos e ilegítimos dispuestos a devorarse por la corona.

Detalle de grabado idealizado de Madog ab Owain Gwynedd en el Dictionary of Canadian Biography
Detalle de grabado idealizado de Madog ab Owain Gwynedd en el Dictionary of Canadian Biography
Retrato de Zeng He, con sombrero negro, bigote y túnica amarilla de elaborado diseño por su alto rango y posición en la corte imperial Ming
Retrato de Zeng He, con sombrero negro, bigote y túnica amarilla de elaborado diseño por su alto rango y posición en la corte imperial Ming

Madoc, quizá más marinero que cortesano, tomó algunos barcos, víveres y se perdió en el Atlántico, llegando a una tierra fértil y ancha, también poblada por gentes en una América antes de lo que conocemos como América, siglos antes de que los Reyes Católicos pusieran su sello sobre la empresa de un Cristóbal Colón con un proyecto, mapa y mucha fe.

Regresó Madoc a Gales, buscó más colonos, reunió una flotilla y volvió al oeste para desaparecer definitivamente y de esto no existen ni cartas, ni cuerpos, ni medallas ni nada, sólo el eco de un nombre del que se duda hasta de su existencia.

A partir de ahí, la niebla y la literatura hacen el resto. La historia o mejor la leyenda, fue creciendo como esa tradición oral que nadie cree del todo, pero que nadie quiere soltar, nadie quiere olvidar. Se habló de galeses que se internaron por el Misisipi, de tribus indias que hablaban un galés oxidado, de códices sagrados escritos en lengua celta y de un predicador inglés que juró haber escuchado salmos galeses entre los tipis. Esto suena más, en realidad, al complejo inglés frente al poderío del Imperio Español, frente al cual inventó su tristemente famosa Leyenda Negra, que pesa como una losa y que, en realidad, fue el origen del Archivo General de Indias.

No faltaron exploradores iluminados que salieron en busca de aquellos "indios blancos", ni presidentes como Thomas Jefferson que, con más curiosidad que convicción, encargaron a Lewis y Clark que se mantuvieran atentos por si aparecía algún aborigen que espetara un “bore da” al pasar. "Bore da" la expresión en galés que significa "buenos días", de "Bore" = mañana y "Da" = bueno / buena. Así que literalmente es “mañana buena”, la forma común de saludar por la mañana en Gales. Pero esto, lógicamente, no ocurrió.

En el siglo XIX, un pintor llamado George Catlin llegó incluso a ver en los Mandan, una tribu del medio oeste americano, reminiscencias del espíritu galés según dijo. Según él, los botes eran como coracles, las casas tenían un aire europeo y, por supuesto, algo en sus ojos sugería pasado celta. Lo que Catlin no explicó es cómo sobrevivió la lengua, la genética y la mitología durante seis siglos entre gentes que no sabían ni ubicar Gales en un mapa.

La realidad, sin embargo, es menos poética. Ninguna crónica contemporánea galesa menciona el viaje. Las fuentes que lo hacen son todas posteriores al viaje de Colón y muchas nacen en los escritorios de cronistas ingleses que buscaban una excusa para legitimar su presencia en América. Si un galés había llegado antes, entonces el Nuevo Mundo no era propiedad española, sino herencia británica. Conveniente para ellos ¿verdad?. Pero tendrán esa suerte.

El mito fue útil. Se empleó como herramienta política, como relato fundacional alternativo y como excusa literaria. Porque, al final, eso es Madoc, una buena historia. La de un príncipe cansado de hermanos codiciosos que eligió la mar en vez de la sangre y que habría navegado hacia un continente desconocido y que habría sido tragado por las aguas y también por el olvido, si es que algún día existió. Su leyenda fue resucitada siglos después para alimentar el imaginario de imperios en expansión.

Quizá Madoc existió. Quizá no. Pero hay quién se inventa historias y leyendas cuando necesitan turismo o razones para conquistar. Y a falta de hechos, siempre queda el verso, es aquello de que “siembra la duda, que siempre quedará”, aunque los anglos tienen fama de inventar, historias, cosas inciertas, sin que nadie se ofenda, la realidad se impone.

Abubakari II: el emperador que se fue al mar y no volvió

Hay gobernantes que escriben su nombre con guerras, conquistas y monumentos; otros, como Abubakari II, el mansa del Imperio de Malí, prefieren desaparecer entre las olas con la promesa de lo imposible.

Corría el año 1310 y Abubakari, nacido como Bata Manding Bory, subió al trono con la corona de oro de sus antepasados y el peso de un linaje agotado. No era un guerrero feroz ni un político brillante pero tenía una obsesión que no figuraba en los tratados de su época, él quería saber qué había más allá del Océano Atlántico; y, en vez de gastar su reinado en aplastar rebeldes o hacer desfilar elefantes, Abubakari puso su atención en el oeste.

El mar era un abismo desconocido y sin fondo que todos los mapas del mundo musulmán y no musulmán, decoraban con monstruos y dragones. Y se preguntó qué de verdad y de falsedad había en todo aquello. Habló con egipcios, con navegantes beréberes, con armadores del Mediterráneo; y, después, mandó construir barcos, muchos, cientos, quizás miles.

En la costa de Senegal levantaron astilleros, llenaron las naves de comida, agua, metales, cerámica, marineros, soldados, intérpretes, carpinteros, hechiceros y mercaderes. Todo lo que se necesita para fundar algo o para perderse para siempre, eran las dos posibilidades que existían.

La primera expedición, según las crónicas árabes, habría sido una catástrofe pues salieron cuatrocientos barcos y solamente volvió uno. El mar, habría dicho su capitán, se los tragó en medio de una corriente salvaje, imposible de vencer. Un aviso, pensaron algunos, sin embargo Abubakari lo interpretó como un reto.

Así que hizo lo impensable por todos que podía hacer. Abdicó.

Dejó el imperio a su visir, llamado Musa, conocido a posteriori como Mansa Musa, el hombre más rico del mundo, y partió con dos mil barcos en 1311, desapareció por el Senegal, con su flota y sus sueños, rumbo al oeste y nunca volvió. Ni él, ni nadie, nada quedó, ni un solo tambor de los que usaban para comunicarse entre embarcaciones.

Lo que queda es el relato de Al-Umari, cronista que habló décadas después con el propio Musa; y las canciones de los djelis, que aún recitan en Malí los nombres de los hombres que desaparecieron siguiendo a un emperador que creyó en algo más grande que sí mismo. Pero no sabemos si llegó a alguna parte o no. No quedan testigos, solo la tradición oral de alguien que se fue y no regresó.

Incluso algunos arqueólogos han buscado señales en las costas de Brasil o en el Caribe pero nada encuentran que pueda sostener semejante tesis.

Lo cierto es que mientras Europa creía que más allá del mar solo había monstruos y mucho antes de que Colón pidiera por doquier carabelas en los pasillos de varias cortes y que al fin le hicieran caso en Castilla, un rey negro se lanzó al océano a buscar no se sabe qué, buscaba en realidad el mundo que no conocía, buscaba conocer, no parece que fuera realmente a ninguna parte, exploraba, no buscaba la gloria, sino saber.

Zheng He

Zheng He (1371–1433 o 1435) fue un marino, explorador, diplomático y almirante chino durante la dinastía Ming. Es famoso por haber dirigido siete grandes expediciones marítimas entre los años 1405 y 1433, bajo las órdenes del emperador Yongle. Nació como Ma He en la provincia de Yunnan y era de origen musulmán. Fue capturado por los soldados Ming a los 10 años, castrado y llevado a la corte imperial como eunuco. Sirvió al príncipe de Yan quien sería el futuro emperador Yongle y ganó su confianza, lo que le permitió ascender hasta convertirse en almirante y recibir el nombre Zheng He.

Zheng He lideró enormes flotas llamadas "flotas del tesoro", con cientos de barcos y decenas de miles de tripulantes. Visitó el Sudeste Asiático, la India, Sri Lanka, la Península Arábiga, la costa este de África hasta lugares como Somalia y posiblemente Kenia. El objetivo de estos viajes era mostrar el poder y riqueza de la dinastía Ming, establecer relaciones diplomáticas y comerciales, recibir tributos de otros países, promover la supremacía cultural y política de China.

Después de la muerte de Zheng He el gobierno cambió su enfoque a los problemas internos y la defensa de las fronteras del norte. Se consideró que los viajes eran muy costosos e innecesarios. Se prohibió la construcción de grandes barcos y se limitaron los contactos con el exterior.

Zheng He es un símbolo del poder marítimo chino, sus viajes demostraron la capacidad naval de China siglos antes que las exploraciones europeas y ; y una figura importante de la historia mundial.

Oficialmente Zheng He no llegó a América. Según la documentación histórica conservada perteneciente a la dinastía Ming, las expediciones de Zheng He no llegaron a América y sus viajes llegaron hasta donde hemos apuntado anteriormente: India, El Golfo Pérsico, Península Arábiga, la costa este de África hasta Somalia o Kenia. La idea de que Zheng He pudo haber llegado a América viene principalmente del libro "1421: El Año en que China Descubrió el Mundo" de Gavin Menzies (2002). Este autor, un exoficial de la marina británica, propuso que una parte de la flota de Zheng He se separó y cruzó el océano Atlántico, llegando a América antes que Cristóbal Colón. Los anglos siempre inmersos en dar vuelos a su manida leyenda negra contra España y sus logros. Según Menzies, la flota habría llegado al Caribe, a Sudamérica e incluso a la Antártida

La gran mayoría de los historiadores y arqueólogos rechazan esta teoría por varias razones. Por una parte, no hay evidencia arqueológica sólida en América que lo confirme. Los mapas que usa Menzies como prueba son muy cuestionables o de dudoso origen; y los documentos chinos son muy detallados y no mencionan América en absoluto. Así que, si Menzies no es capaz de aportar alguna prueba contundente, lo que en realidad hace es desprestigiarse a sí mismo.

En resumen, muy probablemente no llegó a América. La teoría es interesante, pero carece de evidencia seria. Sin embargo, sí demostró que China tenía la tecnología y los recursos para llegar muy lejos, incluso más que Europa en ese momento. Ya conocemos como son los chinos y su civilización, pero no tomaron la delantera a Colón según los testimonios de la Historia.

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*María del Carmen Calderón Berrocal, Dra. Historia. Ciencias y Técnicas Historiográficas, Correspondiente por Extremadura en Academia Andaluza de la Historia, Cronista Oficial de Cabeza la Vaca. Secretaria Canciller de la Asociación de Cronistas de Extremadura y miembro de la Real Asociación de Cronistas de España

Detalle. Mansa Musa en Atlas catalán, 1375.
Detalle. Mansa Musa en Atlas catalán, 1375.
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