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Carta a un desgraciado (no se puede decir de otro modo)

Carta a un desgraciado (no se puede decir de otro modo)

Por Primavera Silva Monge – Desde Santiago de Chile

lunes 22 de agosto de 2016, 02:47h
Carta a un desgraciado (no se puede decir de otro modo)

22AGO16.- Ignoro cómo pudiste encontrarte con ella en ese verdadero bosque humano, aquel donde te enamoraste, por decirlo más suavemente, y al poco tiempo de conocerla haberla preñado. ¡Qué inconsciencia tan grande la de ambos! Sin siquiera saber dónde vivirían, ni cómo criarían a su prole, no hallaron mejor alternativa que encementarlos en mi propiedad, seguros de que sería yo quien terminara alimentándolos cual fueran propios, como viles parásitos.

De pronto saliste de escena perdiéndote y dejándonos confundidos por tantos días como son un mes entero. Reconozco que no había podido sacarte de mi cabeza, ya que más que mal, eres sangre de mi sangre… sin embargo, cuando se supo de ti, es más, al verte tan vigoroso y ajeno a los que de ti descendieron, me dije que mejor hubieras muerto que volver a hacer daño y poner en peligro a tu familia. Te vi ahí… entregado, embriagado en demasía como para entender mis pensamientos. Acudí a los requisitos perfectamente lícitos para arrancarte de raíz de mis dominios y asimismo e inmediatamente pensé hacer con tu descendencia que, para colmo, se transformó de la noche a la mañana, en una multitud… o me lo pareció del disgusto.

En pocos minutos, antes de usufructuar de otros recursos a mi alcance para deshacerme de ti, en medio de tu borrachera, te dejé reposando. Te cubrí a la vez que me impresionaba con tu porte y tu potencial para haber procreado la misma noche de tu primer encuentro íntimo con la innombrable.

Son ustedes unos descarados y, desde mi punto de vista, las patas les sobran. Ya ni sus rasgos ni sus herramientas de sobrevivencia me interesan. Sencillamente, lamento haberles dado la posibilidad de conocerse y más aún, haberlos albergado por todo este período.

Por causa de la alta ingesta del preciado líquido rojo, he sabido que estás debatiéndote entre la vida y la muerte… Pese a lo anterior, no logras conmoverme en absoluto. Te lo digo de todo corazón, aunque más adelante me produzca escozor lo que te digo y lo que has hecho en mi vida en tan corto tiempo: Más valía que nunca hubieses pisado siquiera este lugar altamente sagrado para mí que, desprotegido mi propio ser pensante, me mantuvo noche tras noche sin lograr conciliar el sueño, pensando en lo bien que estaba antes de tu llegada y también maldiciendo con fuerza el día en que me descuidé tanto como para que llegaras a establecerte en mis dominios.

Al escribir la presente, imagino que ya habrás muerto. Por lo pronto, tu recién creada familia fue erradicada de donde pretendiste establecerla. En absoluto me pesa la consciencia, que el temor y la impaciencia trastocaran gravemente. Mi cabeza poco a poco se despeja de este mal recuerdo, por lo que me he atrevido a venir a despedirme con estas palabras, que con agrado hubiese depositado en tu tumba: Es de esperar que entes como tú, jamás vuelvan a interrelacionarse con personas que tratan de vivir la vida limpiamente, con esfuerzo, con trabajo.

(Primavera Silva Monge - Santiago de Chile)

Respuesta del desgraciado:

Estimada:

Bastante dura su misiva, considerando que fue usted, prácticamente, quien dio su sangre para la sobrevivencia de mi prole y yo mismo. Reconozco que no entiendo a cabalidad aquello de dar y luego lamentarse. Seguramente no llegó usted a conocer las palabras de un señor apellidado Hurtado: “Dar hasta que duela”, eslogan que por cierto, lo valió ser santificado.

Bien, había pensado dejar su carta sin respuesta para que quedara usted con la idea de mi muerte, sin embargo, me ha motivado el querer refutar sus dichos. Siempre me pareció que usted quiso perpetuarme en lugar de quitarme la vida, tras lo cual me he quedado en una especie de estado de coma. De tal manera oí, de labios extraños, el contenido de su despechada carta. Heme aquí intentando alcanzar a responderla. No lo estoy haciendo con esa fuerza a la que usted se ha referido y que tanto la acongojó, sino con la veracidad de mis palabras que, espero algún día, lleguen a traspasar su pensamiento básico y obtenga de tal manera, respuesta a todos sus porqués.

Sin pretender extenderme, trataré de referirme a su apasionado escrito, no sin antes decirle, que estoy seguro de que al ver usted mi fotografía (con la cual, permítame decirle, me ha favorecido grandemente) me recordará con más de un picor.

En primer lugar, recuerdo claramente quién me invitó a aquella parcela donde conocí a la madre de mis hijos, con quien felizmente concretamos el enlace en un abrir y cerrar de ojos.

Seguidamente, me place decirle que su preñez de ninguna forma fue abandonada por mí, como pretende usted calumniar. Al contrario, habiéndose hecho el ambiente tan hostil durante nuestra estadía, decidí distraer a los… digamos enemigos, para que al dar a luz se tuviera el éxito deseado. En esas tareas estaba yo cuando usted me encontró.

Al momento de mi captura no estaba embriagado de irresponsable, sino que celebraba el múltiple nacimiento en lejanía de los míos. Si bebí más de la cuenta, seguramente estaba establecido, que así fuera, por alguna mente más brillante que la suya y la mía juntas.

No hice ni más ni menos, aquello que la madre naturaleza ha puesto en mis sentidos e impulsos. Por lo demás, imagino que no es cierto que usted llegó a pensar que me perpetuaría en su propiedad junto a los míos, pues me parecería irrisorio en circunstancias que con todo su poder, del que se jacta en demasía, en un dos por tres habría usted obtenido el mismo desalojo y en tiempo mucho más prudente. Siempre tuvo el toro por las astas y no veo cómo pude yo, un ser tan diminuto como usted me pinta, desbordar los límites de su paciencia.

Con todo, aún en mi agonía, agradezco a usted la oportunidad brindada. Agridulce es la reciente noticia, que uno de mis hijos habría emigrado hacia otras zonas, otros territorios, lo cual también se lo debo a usted. No deja de ser un consuelo en medio de este asfixiante estado en que me encuentro.

Sin más, su eterno agradecido, aunque solamente se me recuerde como un piojo más en su digna cabeza.

Primavera Silva Monge – 2 de agosto9 de 2016, Santiago de Chile

NOTA:

  • ¿Sabían que la pioja sella sus huevos (liendres) con una especie de cemento en la raíz del pelo?
  • ¿Sabían que inmediatamente después de fecundada la hembra pone entre 150 y 300 huevos?
  • ¿Sabían que en 10 días, esos lindos huevitos ya son piojitos adolescentes? Bueno, ahora ya lo saben.

Estimados compañeros de charla:

Esperamos que en este Baño Público compartamos muchas aventuras y fechorías, que hagamos planes entretenidos, mejoras en el bienestar personal y, por sobre todo, que nos divirtamos en grande. Otras veces solamente se necesitarán consejos o simple contención, por lo que esperamos estar muy cercanos y presentes, contando con el apoyo respetuoso del resto de los lectores y participantes.

Según lo anterior, si considera tener alguna peculiar historia, real o ficticia, ajena o personal, le invitamos a compartirla resguardando debidamente la identidad de los protagonistas o autores.

Cada semana elegiremos uno de estos dramas o comedias para redactarlas, recrearlas y publicarlas de acuerdo a nuestras pautas.

Atentos saludos,

Primavera Silva Monge

NOTA: enviar escritos en formato Word al correo electrónico:[email protected]

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