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Cuento: “Historias Urbanas”... (VII)

Un “Chupa” negra...

Por J.I.V.

miércoles 12 de abril de 2017, 01:40h
José Ramón era lo que se dice un buen muchacho. A sus 16 años tenía la estatura un poco baja para su edad y pese a haber pasado buena parte de esos años en la calle carecía de la picaresca de aquellos chavales acostumbrados a "buscarse la vida" y a resolver de manera individual, sus propios problemas. Por el contrario José Ramón conservaba todavía una cierta ingenuidad que le hacía entre otras cosas idealizar el comportamiento que observaba en otros muchachos de su misma edad y con los cuales alternaba a diario en algunos de los portales del vecindario o en el bar de la esquina, donde solían reunirse.

Vivía en un barrio periférico conformado principalmente por gente obrera y trabajadores diversos. Su casa estaba ubicada en la planta 4ª de un edificio de seis y que no tenía ascensor y cuyas escaleras en permanente penumbra, estaban sucias y mal tenidas. El vecino encargado de su cuidado no conseguía pese a sus esfuerzos, mantenerlas medianamente limpias y tampoco los demás residentes ayudaban al aseo. El barrio aunque modesto, no era miserable y sus calles se veían muy transitadas por personas que luchaban por el diario sustento, cada uno a su manera.
Entre toda aquella barahúnda José Ramón procuraba mantener el duro equilibrio que significaba responder a las exigencias de sus padres en casa y la disciplina de grupo que suponía pertenecer a la muchachada del barrio y en especial, a la impuesta por el grupo de chavales que José Ramón más admiraba: los "Chupas Negras", llamados así porque la mayoría de sus integrantes usaba como distintivo cazadoras de cuero negro con emblemas. Este grupo formado por los chavales más conflictivos del barrio, constituía el secreto anhelo de José Ramón quién les admiraba profundamente en especial por esa aureola de libertad que parecía rodear a cada uno de sus integrantes.
Esta admiración le hacía instintivamente acercarse a ellos intentando que se fijaran en él y que terminaran por aceptarle dentro del grupo. Los "Chupas" pese a la corta edad de sus miembros eran chavales "duros de pelar" y acostumbrados a las dificultades que entraña crecer en un barrio pobre desde donde sólo se percibe el resplandor de la opulencia de los barrios y grandes tiendas del centro de la ciudad.
En opinión de José Ramón la vida era fácil para los "Chupas Negras" excepto porque otra banda rival y que vivía en la misma zona, intentaba arrebatarles el liderazgo y arrojarles del barrio. Eran muchas las ocasiones en que ambas bandas de muchachos se habían enfrentado de manera violenta en las calles ante la desesperación e impotencia de los vecinos.
José Ramón había hecho ese día sábado su enésimo recado para las vecinas del barrio. De esta manera, conseguía algunas propinas que iba guardando cuidadosamente desde hacía mucho tiempo. José Ramón era muy apreciado por su cooperación y sus padres estaban secretamente orgullosos de él. Cada moneda conseguida con el acarreo de bolsas y carros de la compra era celosamente destinada a su secreto y más anhelado proyecto: Comprar una "chupa" de cuero de esas con muchas cremalleras. Cuando la consiguiera estaba seguro de que su vida cambiaría. Podría ser un miembro más del admirado grupo de los "chupas" y entonces, todo sería diferente. Hasta Sabrina, la esquiva y orgullosa Sabrina lo vería de manera diferente. ¡Que distinta sería su vida! Ya no volverían nunca más los otros chavales a burlarse de él cuando le veían haciendo recados para las vecinas. Tendrían que callar. Su "chupa" sin duda, les taparía la boca…
Poco antes de comer se dirigió a su cuarto y volcó sobre la cama todo el contenido de su caja del tesoro. El corazón le dio un vuelco de alegría al comprobar que el largo periodo de ahorro había llegado a su fin. No sólo tenía suficiente para comprarse su ansiada "chupa" sino que además, le sobraría algo para invitar a sus nuevos colegas a tomar algo en el Pub. Esa noche conseguiría al fin su mayoría de edad y dejaría atrás y para siempre esa vida oscura e inútil que había llevado hasta ahora… por fin y después de tanto esperar…sería un "Chupa Negra"…
Esa noche, cuando entró en el Pub faltaban unos minutos para la medianoche. Su "chupa" de cuero negro con múltiples cremalleras se le antojaba la brillante armadura de un caballero listo para entrar en combate… ¡qué agradable sensación de satisfacción! José Ramón, a sus escasos 16 años, jamás había experimentado nada igual y por fin, todas sus ilusiones estaban camino de hacerse realidad.
Esa noche jamás se borraría de su mente; representaba para él la culminación de todas sus aspiraciones y la certeza de haber conseguido la entrada a una vida mejor. Nunca más sería un muchacho desvalido. Ahora tenía el apoyo que significaba pertenecer a los "Chupas Negras" y eso valía mucho, representaba para él toda su vida.
Todo fue muy rápido esa noche. Los cubatas que bebió le parecieron la mejor forma de empaparse de su nueva identidad. Parecía por momentos flotar en el ambiente, ingrávido y con el ruido de la conversación y las risas de sus nuevos amigos, alejándose como en espiral de sus oídos. Le estaba costando trabajo situarse en la realidad que ahora mismo tenía enfrente de sí: Era "un chupa", lo había conseguido. Pensó en Sabrina, ¡cómo le gustaba aquella chica!… mañana sin falta, a primera hora, la llamaría para quedar con ella por la tarde y sonrió al imaginar su cara de sorpresa cuando le viera enfundado en su "chupa" de cuero…
No supo cuanto tiempo transcurrió desde que llegara al Pub. Ahora lo que tenía claro y deseaba por encima de cualquier cosa, era irse a su casa. Su cabeza no funcionaba del todo bien y sentía un terrible malestar en el estómago. La boca se le llenaba de un regusto amargo y cuando miraba creía ver como los objetos no se mantenían quietos frente a él. Las voces le llegaban cada vez más difusas y distantes como en un susurro. En un momento, al mirar al espejo que había detrás de la barra se vio asimismo reflejado y la inversa figura que le devolvió el cristal -entre las brumas que entorpecían su pensamiento-, le agradó: allí estaba él, José Ramón, el de los recados, el de las bolsas de la compra enfundado en su "chupa" de cuero negro resplandeciente. Los destellos metálicos de las cremalleras le hacían verse aún mejor y en medio de su embotada cabeza le parecía que había incluso, aumentado de estatura. La sonrisa torpe y estúpida que en ese momento torcía su boca desdibujó por un instante fugaz, la idealizada figura que de él mismo le devolvía el espejo...
Sin saber cómo, se despidió del grupo dirigiéndose de manera tambaleante a la salida. Su bautismo de fuego como "Chupa Negra", le estaba dando una terrible sensación de mareo. Todo parecía alejarse según iba avanzando. Al salir fuera la fresca brisa de la madrugada trajo un poco de alivio a su malestar. A duras penas consiguió enderezar su paso y caminar vacilante por la oscura acera. Pese al terrible cansancio que seguía invadiendo su cuerpo se sentía feliz y estaba contento, más contento que nunca antes en su vida.
Nunca entendió de qué lado de la calle salieron aquellas figuras también oscuras y que rápidamente se abalanzaron sobre él al grito de, -¡es un "chupa", hay que darle fuerte!-Su embotada cabeza se negaba a coordinar y casi sin entender lo que pasaba el alcohol ingerido hizo que los primeros golpes recibidos no parecieran hacer mella en su cuerpo situación que enardeció a sus atacantes.
Fue en ese momento cuando José Ramón instintivamente y por puro reflejo defensivo, intentó quitarse la "chupa" lo cual fue interpretado por aquellos matones como la intención de sacar quizás una navaja. Ante ello el atacante que tenía más cerca desenfundó un estilete y asestó a José Ramón, un navajazo que le dio de lleno en el pecho. El afilado acero al rasgar el cuero de la "chupa", emitió un chasquido sordo seguido de un profundo quejido y del seco ruido del cuerpo de José Ramón al caer al suelo.
Allí, con la cara aplastada contra el duro pavimento, José Ramón tuvo tiempo para darse cuenta que la vida se le escapaba por la herida del pecho. Los vapores del alcohol se habían disipado completamente y podía ver con claridad que en la calle desierta no había un alma en los alrededores sin distinguir en medio de la noche, donde se hallaba exactamente. Sentía como un líquido viscoso y caliente fluía con fuerza debajo de sus ropas. ¡Que pena! -pensó por un momento- ¡Mi chupa nueva!
Dos horas más tarde toda la zona se hallaba revuelta y los vecinos y curiosos formaban un apretado círculo alrededor del cuerpo sin vida de José Ramón que yacía en medio de un gran charco de sangre con la cara pegada al asfalto. En ese momento, un agente de policía se acercó y dando vuelta aquel cuerpo inerte se dirigió a uno de sus compañeros y sin asomo de algún sentimiento en su voz, dijo: … ¡Sólo es un "Chupa Negra"! …
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