La respuesta de Alicante fue tan pragmática como ambiciosa: levantar una red de 35 torres defensivas repartidas entre Alicante, Sant Joan d'Alacant y Muchamiel, de las que hoy sobreviven 27. Un sistema de vigilancia y protección que, según los técnicos municipales, no tiene equivalente en ningún otro punto de España.
La Torre Sarrió, construida en el siglo XVI, es una de las supervivientes. Y ahora, tras años de rehabilitación y musealización, se ha convertido en la puerta de entrada a esa historia poco conocida incluso para muchos alicantinos.
Del abandono a la narrativa inmersiva
El proceso no ha sido rápido. La rehabilitación del edificio se completó en dos fases que culminaron en 2021. Después llegó la parte más compleja: transformar una construcción defensiva en un espacio capaz de contar una historia de siglos sin aburrir a nadie. El estudio Rocamora Diseño y Arquitectura diseñó el proyecto museográfico, financiado con fondos europeos Next Generation y los Planes de Sostenibilidad Turística, y Amazing Up-Ingeniería Interactiva del Ocio ejecutó la musealización con contenidos elaborados por el área de Cultura, el MARQ y la Fundación MARQ.
El resultado es un recorrido en tres bloques que evita el formato de vitrina estática: el origen y el territorio de la huerta alicantina, las torres como refugio ante los ataques corsarios, y el ennoblecimiento de la huerta a través de las casas anejas que trajo consigo el auge económico de la Edad Moderna. Paneles, esculturas, videomapping y efectos de sonido conviven con dos figuras a tamaño real Barbarroja y el ingeniero Vespasiano Gonzaga y la escena de una huertana protegiendo a su hija durante un ataque. Un audiovisual de ocho minutos cierra la visita explicando de forma didáctica el porqué de todo el conjunto.
Un patrimonio que conecta con la identidad de la huerta
Lo relevante del proyecto no es solo arquitectónico. Estas torres son el testimonio físico de una relación de siglos entre Alicante y su huerta: una economía agrícola que generó riqueza suficiente para justificar una inversión defensiva de esta magnitud, y que terminó impulsando el desarrollo del puerto y de la propia ciudad. Entender las torres es entender por qué Alicante creció como creció.
El jefe de Patrimonio Integral municipal, José Manuel Pérez Burgos, lo resumía así durante la visita institucional: el conjunto es clave para comprender cómo la prosperidad de la huerta tuvo como contrapartida la necesidad constante de protegerse frente a las incursiones corsarias, lo que dio forma a esta red única de vigilancia.
Conclusión
La Torre Sarrió deja de ser una piedra más del paisaje alicantino para convertirse en lo que realmente es: el punto de partida para entender una ciudad que construyó su prosperidad defendiendo su huerta palmo a palmo. Un patrimonio que, bien contado, no solo enseña historia, sino que explica de dónde viene Alicante.