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¿Viviendas De Lujo O Precios De Lujo?

  • Por Conchi Basilio*

lunes 24 de agosto de 2026, 20:14h

24AGO26 – MADRID.- Comprar una vivienda no es comprar un vestido, ni un electrodoméstico, ni cualquier otro objeto que pueda sustituirse cuando deja de gustarnos. Para la inmensa mayoría de las personas, adquirir una casa supone comprometer buena parte de sus ahorros, asumir durante años una hipoteca y depositar en esas cuatro paredes una parte esencial de su proyecto de vida.

¿Viviendas De Lujo O Precios De Lujo?

Precisamente por eso resulta legítimo preguntarse si, detrás de los precios cada vez más elevados, existe realmente una calidad acorde con lo que se está pagando.

En los últimos años se ha extendido en el mercado inmobiliario un lenguaje que parece convertir cualquier promoción en un producto exclusivo, lujo, premium, alta gama, calidades excepcionales. Pero las palabras, por sí solas, no construyen una vivienda mejor. Lo hacen los materiales, la ejecución, las instalaciones, el aislamiento, la durabilidad y, sobre todo, la calidad con la que todo ello ha sido realizado. Y aquí aparece una contradicción difícil de ignorar, ¿estamos pagando viviendas de lujo o simplemente precios de lujo?

No se trata de afirmar que toda construcción nueva sea de mala calidad. Existen promociones excelentes y sistemas constructivos modernos perfectamente válidos. Una tabiquería liguera, por ejemplo, no es mala por el simple hecho de serlo. Lo que debería importar es qué sistema se utiliza, cómo está ejecutado, qué aislamiento ofrece, qué prestaciones tiene y si responde a lo anunciado y contratado.

El problema aparece cuando al comprador se le presenta una vivienda como de alta gama y, al examinarla, encuentra materiales, instalaciones o acabados que considera propios de categorías mucho más sencillas. Más aún cuando determinados elementos carecen de una identificación clara del fabricante o de unas especificaciones que permitan conocer exactamente qué se está adquiriendo.

En una vivienda no solo importa lo que se ve, quizá sea mucho más importante aquello que queda oculto tras las paredes, tuberías, instalaciones de calefacción, conducciones de agua, aislamiento térmico y acústico, cableado y sistemas que tendrán que funcionar durante décadas. Un acabado bonito puede impresionar el día de la entrega, una instalación correctamente ejecutada es la que seguirá respondiendo cuando hayan pasado veinte años.

Y cuando aparecen filtraciones, problemas de calefacción, defectos de instalaciones o desperfectos desde los primeros meses, la cuestión deja de ser estética. Se convierte en una cuestión de calidad, responsabilidad y derechos del comprador.

La legislación española no deja al propietario completamente desprotegido, la Ley de Ordenación de la Edificación establece distintos periodos de responsabilidad según la naturaleza de los daños, un año para determinados defectos de terminación o acabados, tres años para daños relacionados con elementos constructivos o instalaciones que afecten a la habitabilidad y diez años para determinados daños estructurales.

Por eso, cuando una vivienda recién estrenada presenta problemas, la respuesta no debería ser que el comprador se conforme, repare por su cuenta y asuma el coste como si hubiera adquirido un producto usado. Una vivienda nueva debe responder a las condiciones que fueron ofrecidas y a las exigencias legales que le corresponden.

Y existe otra paradoja que merece ser recordada. Desde 2013, la deducción estatal por inversión en vivienda habitual dejó de aplicarse a las nuevas adquisiciones, con un régimen transitorio para determinados casos anteriores. Es decir, para quienes compran hoy una primera vivienda, el esfuerzo económico puede ser enorme y, además, ya no existe aquella ayuda fiscal estatal general que durante años acompañó a la adquisición de vivienda habitual.

Por eso resulta todavía más importante que cada euro pagado tenga una correspondencia real con lo que se recibe. El comprador debería poder conocer con claridad qué materiales se instalarán, qué prestaciones tienen, qué sistemas de aislamiento se utilizan y qué garantías existen. La expresión “primeras calidades” debería significar algo concreto y comprobable, no convertirse simplemente en una frase atractiva de un folleto comercial.

Porque el verdadero lujo no está en una encimera reluciente, en unas zonas comunes llamativas o en una palabra impresa en un catálogo. El verdadero lujo está en abrir un grifo y que las tuberías funcionen correctamente, encender la calefacción y que la instalación responda, vivir sin humedades, dormir sin escuchar cada ruido del vecino y saber que aquello que has comprado podrá acompañarte durante décadas.

Una vivienda no debería tener un precio de lujo si su calidad no está a la altura. Porque quien compra una casa no está comprando cuatro paredes. Está comprando seguridad, tranquilidad y futuro. Y cuando se entrega la llave, el lujo verdadero no debería ser una promesa, debería poder comprobarse viviendo dentro.

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*Conchi Basilio: Es columista regular en artíiculos de Opinión en diversos medios digitales e independientes. Ha cursado Bachiller Superiro y posee una Diplomatura en Información y Turismo, cultiva la novela y la poesía como espacios de reflexión personal y libertad creativa.

Conchi Basilio

*Conchi Basilio: Es columista regular en artíiculos de Opinión en diversos medios digitales e independientes. Ha cursado Bachiller Superiro y posee una Diplomatura en Información y Turismo, cultiva la novela y la poesía como espacios de reflexión personal y libertad creativa.

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